Agobiado, cae gobierno de Boris Johnson

INTERNACIONAL

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Primer ministro británico, Boris Johnson / Foto: Chairman of the Joint Chiefs of Staff

Lectura: 7 minutos

El gobierno del primer ministro británico, inmerso en una crisis que ha derivado en una ola de renuncias de ministros y otros altos funcionarios que alegan haber perdido la confianza en Johnson para llevar las riendas del país, ha terminado por arrasar al polémico líder conservador.

La cadena informativa BBC de Londres ha trazado un cuadro dramático de los últimos acontecimientos ocurridos en el gobierno conservador.

La sacudida se inició el martes cuando, a partir de un escándalo de acoso sexual en el que se vio involucrado Chris Pincher ─un parlamentario conservador cercano a Johnson─ los ministros de Economía, Rishi Sunak, y de Salud, Sajid Javid, dos pesos pesados del ejecutivo, presentaron su dimisión.

Sunak argumentó que los ciudadanos esperan que el gobierno sea dirigido de una forma «apropiada, competente y seria»; mientras que Javid afirmó que la administración de Johnson no estaba «actuando en el interés nacional».

A partir de allí, y un plazo de 24 horas, presentaron su renuncia más de 40 viceministros y otros altos cargos. Para la mañana del jueves, el número ya había llegado a 50 y seguía aumentando.

La noche del miércoles, Michael Gove, un veterano miembro del gabinete, se sumó a las voces que le piden al primer ministro que dimita. Esta petición luego fue secundada por varios de los principales ministros del gobierno, incluyendo a la ministra de Interior, Priti Patel.

A la sede del gobierno británico, en el número 10 de Downing Street, también acudieron varios ministros importantes que ratificaron su apoyo a Johnson para que siga en el cargo. Entre estos se cuentan la ministra de Cultura, Nadine Dorries, y el ministro para oportunidades del Brexit, Jacob Rees-Mogg.

Por su parte, Boris Johnson parece resistirse a la posibilidad de dejar el cargo y, en lugar de hacerlo, destituyó de su cargo a Gove, una figura que ha tenido gran peso en el Partido Conservador durante la última década.

«Boris Johnson quiere seguir luchando. Él cree que tiene suficiente gente a su alrededor para seguir adelante», resumió la ministra Dorries al abandonar la sede del Ejecutivo la noche del miércoles. Algo que iba a cambiar el jueves.

El mandatario, que se ha convertido en el líder británico que más dimisiones ha recibido desde 1932, se sometió este miércoles a preguntas sobre su gestión en el Parlamento, donde dejó clara su voluntad de seguir en el cargo.

Los llamamientos para que renuncie ocurren solo un mes después de que el primer ministro enfrentara una moción de censura en el Parlamento en la que 41% de los legisladores de su propio partido votaron contra él.

Aquel intento de destituirlo tuvo lugar después de que salieran a la luz pública fotos y pruebas de encuentros y celebraciones en la sede del gobierno mientras el resto del país se encontraba confinado por las restricciones impuestas por el propio ejecutivo de Johnson durante la pandemia.

El pasado 30 de junio, el diario británico The Sun publicó que el entonces subjefe de la bancada del Partido Conservador en el Parlamento, Chris Pincher, había manoseado a dos hombres en un club privado en Londres.

Pincher, quien había sido nombrado en ese cargo por Johnson en febrero de este año en medio de una reorganización del Ejecutivo, renunció inmediatamente.

A los pocos días, los medios británicos publicaron información sobre al menos otros seis casos de supuesta conducta sexual inapropiada por parte de Pincher ocurridos en los últimos años.

Pincher, quien fue suspendido por el Partido Conservador, ha pedido disculpas y ha dicho que cooperará plenamente con las investigaciones sobre su conducta y que está buscando «apoyo médico profesional».

Aunque el primer ministro británico no es quien ha incurrido en conductas sexuales inapropiadas, el escándalo de Pincher lo coloca en una situación difícil debido a que se está cuestionando su buen juicio, así como la transparencia con la que el gobierno manejó el caso.

El pasado 1 de julio, la oficina del gobierno le dijo a la prensa que Johnson no sabía que hubiera acusaciones contra Pincher antes de su nombramiento.

El portavoz del gobierno dijo que el primer ministro no era consciente de «acusaciones específicas» sobre Pincher.

Esa fue la misma línea que mantuvieron en los días siguientes varios miembros del gabinete.

Sin embargo, el 4 de julio, el portavoz del mandatario dijo que Johnson conocía «acusaciones que fueron resueltas o no progresaron hasta la fase de queja formal» y que no se había considerado apropiado detener el nombramiento de Pincher debido a «acusaciones no sustentadas».

Esa misma tarde BBC reveló que Johnson había sido informado de una queja formal sobre el «comportamiento inapropiado» de Pincher, mientras este trabajó en el Ministerio de Exteriores entre 2019-2020.

Esta queja llevó a un proceso disciplinario que confirmó que sí hubo un comportamiento inapropiado.

Posteriormente, en una entrevista con la BBC, Johnson dijo: «Hubo una queja que me hicieron llegar a mí específicamente… fue hace mucho tiempo y me la presentaron de forma oral. Pero eso no es excusa, yo debí haber actuado a partir de ella».

El primer ministro calificó como «un error» haber nombrado a Pincher, de quien dijo que se había comportado «muy, muy mal», por lo que pidió disculpas a las personas afectadas.

«Todo esto se trata de una cosa: la verdad», señala Chris Mason, editor de Política de BBC, al analizar la crisis en marcha en el gobierno británico.

«Al margen de la marejada de detalles y acusaciones, todo se reduce a si la gente puede creer lo que dice el número 10 (como se llama coloquialmente al Ejecutivo británico)», agrega.

Y es que la respuesta del Ejecutivo al escándalo de Pincher ha ido cambiando progresivamente a medida que han ido surgiendo otros elementos, al igual que ocurrió durante el llamado partygate, el caso sobre las fiestas celebradas en la sede del gobierno durante el confinamiento por el coronavirus, en el que finalmente se comprobó que incluso Johnson había asistido a alguna de estas reuniones sociales.

«Las preguntas se refieren a lo que Boris Johnson sabía y cuándo lo supo. Y las respuestas siguen cambiando, a menudo como reacción a hechos incómodos que demuestran que su anterior defensa era una basura, o al menos no tan sincera como podría haber sido», señala Manson.

Otro artículo de interés: Gobierno conservador al borde del abismo en Londres

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