La oveja negra de Europa

INTERNACIONAL

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Primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis / Foto: ΝΕΑ ΔΗΜΟΚΡΑΤΙΑ

Lectura: 5 minutos

Grecia volvió a retomar el manejo propio de las finanzas y la economía después de doce años de control y vigilancia de la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

La izquierda que provocó el descalabro de las finanzas públicas y la intervención de las instituciones europeas, en silencio. La pérdida de soberanía fue un trago demasiado amargo para el festival de gastos y el aumento desmedido del déficit público.

El moderado primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis tuvo un ataque de optimismo y no logro contener la ansiedad. A través de las redes sociales anunció que «Grecia deja de ser la oveja negra de Europa».

Un momento de alivio para el comisario Jaritos (Petros Markaris).

El país vuelve a tener soberanía sobre el presupuesto anual después de un largo período donde cada euro a gastar debía ser sometido al tripartito que controlaba las cuentas, y aguardar el permiso que no se caracterizaba por llegar rápido.

El socialista Yorgos Papandreu ganó las elecciones en 2009 con un anuncio estremecedor al ocupar el cargo de primer ministro. La deuda griega es superior al informe del gobierno conservador previo, dijo Papandreu generando un conflicto político asociado a la gravísima situación de las finanzas públicas del país.

La crisis coincidía con la debacle de los mercados en Europa contagiados de la caída de las gigantes inmobiliarias de Estados Unidos en 2008, FM y FM, que provocaron una conmoción en las economías de ambas lados del Atlántico.

La dramática situación enturbió las relaciones de Grecia con la Unión Europea que pretendía solucionar rápidamente la situación por temor al contagio, con países en situaciones parecidas conocidos como los PIGS (acrónimo de cerdos), Portugal, Irlanda, Grecia y España.

Los partidos políticos de izquierda y los sindicatos reclamaban el «grexit» (salida de la UE) es decir, retomar el camino de la moneda nacional ─dracma─ para evitar el control del presupuesto del Estado por parte del acreedor, el Banco Central Europeo donde Alemania. gobernada por Angela Merkel, mantenía una posición inflexible respecto de la deuda griega.

Ayuda monetaria, respaldo financiero, contra la presentación de un riguroso plan de equilibrio presupuestario, rebaja drástica del gasto público, y un plan de privatizaciones de las empresas del Estado fueron las condiciones.

Papandreu renunció en 2015 sin una mínima mejora de la sitiuación, con un país bajo incendios en las principales ciudades como Atenas y Salónica con violentos ataques a edificios públicos, intento de quemar el Parlamento, saqueos en comercios y bancos públicos y privados.

El gobierno para frenar la sangría de los depósitos no tuvo mejor idea que frenar los retiros aplicando un «corralito» que permitía una mínima operación a la población que enardecida por la medida comenzó un ataque a los edificios bancarios que se prolongó por varios días.

Los préstamos aprobados por la «Troika» nunca alcanzaron a solucionar el problema económico y financiero griego, que finalmente provocó la caída de Papandreu, debido a la falta de interés o respaldo para adoptar las enérgicas medidas de austeridad que reclamaban los líderes europeos.

Hubo elecciones en 2015 y el resultado fue peor, con el triunfo del partido de la izquierda radical Syriza que llevo a Alexis Tsipras a convertirse en el nuevo jefe de gobierno hasta el 2019, un admirador de Fidel Castro que lo llevó a La Habana a rendir homenaje al dictador cubano.

Tanto el partido como el nuevo gobernante, con ideas marxistas públicas, rechazaban todo tipo de acuerdo con la Troika que no contemplara una reducción voluminosa de las obligaciones contraídas, incluso sabiendo que no sería aceptadas.

Finalmente se vio obligado por una situación económica y financiera agotadora, con la vigilancia de los inspectores de la Unión Europea controlando el gasto público, a convertirse en un fiel seguidor del plan de la Troika que derrumbaron su credibilidad y perdió las elecciones a manos de los conservadores.

La historia reciente de Grecia está plagada de ejemplos que muestran hasta que punto los políticos exageran los beneficios que obtienen del Estado, alarmando a la población, manteniendo el control de las empresas públicas con niveles de corrupción intolerables.

El recambio democrático llega con otras posiciones políticas, con nuevas ideas menos extravagantes. Los griegos, sin embargo, no saben hasta qué punto pueden dormir tranquilos.

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