Flombaum: la unidad nacional es necesaria para salir de la crisis

OPINIÓN

Banderaargentinaoficial
Pasar la tormenta / Foto: www.inta.gov.ar

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar

 

 

 

Primera Parte

Muy jóvenes, en 1967, en la Facultad de Ciencias Económicas los estudiantes de Economía vimos llegar de Chicago la econometría como la ciencia que venía a proponer estrategias económicas para los diversos problemas que el desarrollo del capitalismo presentaba.

Los mismos técnicos, ya surgidos de diversas universidades de todo el mundo, con la misma impronta, aunque debatiendo sobre distintos instrumentos, ocuparon los gabinetes específicos de los organismos multilaterales, bancos y calificadoras de riesgo.

De esa manera los capitales financieros y las instituciones multinacionales, aún con disensos, orientaron la economía occidental hacia la aplicación de esas herramientas técnicas surgidas de la econometría.

Esta orientación en la ciencia económica vino a reemplazar a la economía política, que tomaba a la economía como una herramienta dentro de un determinado marco político, social y cultural.

Los planes surgidos en el conjunto de la comunidad económica y financiera de los países signatarios de los acuerdos de postguerra partían siempre de un mismo supuesto. Existe una Nación, con un gobierno, con instituciones que lo administra y con un pueblo alineado en un objetivo común. Bajo ese supuesto, que en la gran mayoría de los países era correcto, surgen las distintas teorías, monetarias, arancelarias, jubilatorias, productivas, importadoras, exportadoras, etc.

Si ese supuesto no se cumple, cualquier plan fracasa. Ese es nuestro caso, nuestro país, por distintos motivos, no es una Nación, los gobiernos son cooptados por facciones, las instituciones no responden a cánones normales y el pueblo se debate en un «sálvese quien pueda» con una única ley, la de la selva.

Para disfrazar esa situación los políticos, y toda la dirigencia social, debate sobre contradicciones que nada tienen que ver con una posible solución a nuestros problemas.

«Somos colonia de los países dominantes, somos un país rico asaltado por depredadores globales, el populismo y los sindicatos quebraron a nuestro país», y así podríamos enumerar cientos de consignas que pretende explicar nuestro fracaso.

El verdadero problema es que no cumplimos con el supuesto que se necesita para introducirnos en el debate sobre qué herramientas económicas debemos utilizar, qué plan educativo debemos instrumentar, qué reforma judicial debemos realizar. Todos y cada uno de esos planes requieren partir de un supuesto que Argentina no cumple: un contrato social, un objetivo común que incluya un disenso constructivo.

Continuar echándole la culpa a «la grieta» paraliza e impide el desarrollo de cualquier plan de mediano o largo plazo. Aunque las grietas existan en todo el mundo occidental (EE. UU., Brasil, Méjico, España, Italia, Gran Bretaña), nunca contribuyen a la solución de los problemas nacionales. Mucho menos en Argentina porque en los anteriormente nombrados al menos existe un contrato que los une más allá de los disensos.

Si se le preguntara a un seguidor de Donald Trump sobre los demócratas respondería con improperios, y lo mismo sucedería al revés. Como también en Gran Bretaña respecto del Brexit. Esas grietas conmueven a sus sociedades pero no ponen en peligro a la nación misma.

Los argentinos transitamos permanentemente por la banquina y cada tanto desbarrancamos, destruyendo al conjunto social de distintas maneras.

Esto me lleva a proponer un nuevo debate en nuestro país. ¿Somos una nación? ¿Queremos ser una Nación?

Eso supone retornar al fin de las guerras civiles de fines del siglo XIX que dio lugar a nuestro proyecto de Nación. Eran en su momento regiones económicas sustentables que debatían un contrato social, la constitución, que ordenara la política exterior, administrara el puerto y repartiera equitativamente la renta.

Hoy somos apenas un conjunto de regiones, muchas de ellas económicamente quebradas, cooptadas por administradores de impuestos y no de rentas, y expulsoras de sus propias poblaciones.

Es tal el desmadre de la situación nacional que no diferenciamos cosas tan elementales como lo público de lo privado, creamos un nuevo y original sistema en el cual los gobiernos no administran lo público, sino que se adueñan del Estado como si fueran sus propietarios. El concepto de administrador de la cosa pública en nuestro país ha mutado por dueño de lo público.

Así vamos de un extremo a otro del péndulo en el cual algunos enajenan lo público a los privados y otros lo utilizan como herramienta de planes parciales generando una distorsión que, irremediablemente, termina en corrupción. Se quiebran las empresas de servicios públicos, las cajas de jubilaciones y por último la moneda nacional.

Los políticos intentan esconder la crisis local bajo la alfombra de las crisis globales, mientras, sin embargo, nuestros vecinos padecen los mismos embates internacionales y encuentran otras soluciones a sus problemas internos.

Solo como ejemplo, Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay, etc. atraviesan las mismas crisis globales que nosotros, pero con una moneda de curso, un Estado, una Justicia, una Política Exterior, sin conmover sus cimientos.

Pregunto ¿Cuáles son nuestros cimientos?

Por eso es correcto hablar de un Pacto de la Moncloa, que pudo refundar una nación luego de una guerra civil con quinientos mil muertos. Presumir de hacer algo parecido supone un borrón y cuenta nueva. Sentar en una mesa a todos, pero todos, sin adjetivos ni precondiciones, solo con una intención: refundar una nación.

Nuestro país se debate en un proceso de descomposición institucional porque nunca terminó de acordar un acuerdo básico, debemos terminar de asimilar las corrientes inmigratorias, las de la postguerras del siglo pasado y las de este siglo y definir cual es nuestro rol en una sociedad global que solo pide que cada nación que defina cual es su aporte.

Hay muchos ejemplos en el mundo de naciones sin territorios ni estados. Lo fueron la nación judía y la armenia. Lo es la kurda y la gitana.

Es decir que hay antecedentes de naciones sin territorio, nosotros somos un país con territorio, pero sin nación.

Crear una nación supone tener un contrato social que acuerde los cimientos que permitan la creación de un estado, nosotros no los tenemos.

En las elecciones que afrontamos se puede intentar comenzar a debatir estas cosas, porque la dirigencia que se originó en la confrontación que dio origen a la dictadura de 1976 y que hasta hoy nos gobierna, se agotó en sus propuestas, y las nuevas generaciones no parecen ser parte de sus propuestas.

No podemos debatir los planes económicos de ninguna de las escuelas mundiales del tema, porque nuestro problema no es económico, nuestro problema es existencial.

Un gobierno para un acuerdo, pero un acuerdo en serio, no un acuerdo de cómo repartir las miserias que quedan después de 44 años de latrocinio.

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2 comentarios

  1. compañero todo ok. el titulo es hermoso. la asocio, valga la diferencia, con la marcha de hoy . estan todos cgt, cta, movimiento evita, clase combativa,, grabois, empresarios pymes peronistas, gravois etc. mucha charla, mucha marcha, sin discursos, sin debates.
    estamos en un ano electoral y la dirigencia trae gente de todo el pais para marchar, con banderas de todo tipo y sin undebate. noseria conveniente volcar todo ese esfuerzo en buscar la unidad para el proximo proceso electoral en torno a una mesa de debate que busque coincidencias importantes, las mas significativas para volcarlas en una plataforma electoral. los argentinos nos estamos destruyendo en grietas, en agresiones, en puteadas a las autoridades nacionales elegidas democraticamente y paros etc. debatamos busquemos salidas . comparemos a brazil, chile, uruguay, bolivia , peru. por favor tengamos orgullo e identidad nacional. como se dijo en su momento bien y hoy es valido argentinos a las cosas un abrazo felix juan borgonovo

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