Calabrese: saludos a Nicolás

OPINIÓN

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Niccolò Machiavelli / Foto: Prachatai

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de lacity.com.ar

 

 

 

Lectura: 5 minutos

Obviamente el recuerdo es para Maquiavelo, aquel filósofo florentino, que naciera hace 550 años, maestro renacentista, un estratega, portador de las adjetivaciones más disímiles según quien se las procure, y a quien, al menos en su extensa fama, nadie pudo igualar.

Por supuesto, salvando las distancias y teniendo en cuenta que se trataría de una de sus versiones más bárbaras, al estilo sudaca, el gobierno hizo su jugada, movió sus piezas y recuperó la iniciativa política, ya muy cerca de las elecciones, seguramente pensando en aquel.

La comparación viene, como se habrán dado cuenta los lectores, por el desprecio hacia lo que la mayoría de las personas entienden por ética, lealtad, principismo (por fidelidad a los principios), consecuencia, integridad, moral y todas esas otras cosas que parecen no figurar en el diccionario nacional, ni en la política ni en la sociedad argentina.

La designación de Miguel Ángel Pichetto, sirvió para recuperar imagen en los mercados exteriores, no por lo que es, sino por lo que representa, es decir, es o era, mejor dicho, el jefe de la oposición parlamentaria.

Es que en el exterior, los parlamentos o congresos, son uno de los tres poderes del estado, no como aquí en donde apenas se trata de una escribanía colectiva para ratificar los hechos del Poder Ejecutivo, por mucho que fueran una barrabasada.

Hay euforia en Wall Street (suben las acciones, bajan el riesgo país, el dólar, etc.).
Y sirvió también como salvavidas interno.

La «peronizacion» del espacio (aunque yo creo que por ahora es solo de la fórmula, no nos equivoquemos) termina con la soberbia de los CEOs, fracasados en el funcionariado, pone paños fríos a la insensibilidad política del macrismo, acaba con el circulo amarillo, los «Pro» puros, a los que expone y hunde en el fracaso total después de cuatro años en el poder nacional y doce en el de CABA.

Claro que para ello dio por tierra con el origen de su pensamiento político, es decir su principio esencial, demostrar que el peronismo no es necesario para gobernar el país, que la política no tiene ninguna importancia, y que solo la gestión es válida.

No se habían dado cuenta que la gestión sin política nunca es válida.

La historia, siempre tan despreciada por los númenes que rodean al Presidente, golpeo a sus puertas.

Hay que saber mirar para atrás para conocer los aciertos y errores, pues es muy difícil inventar nada, y menos con un equipo de improvisados.

Por otra parte su inclusión, se supone, atraerá a un sector del justicialismo llamado republicano que no tenia espacio al diluirse la llamada Alternativa Federal.

Esto pretende además, detener el crecimiento de Cristina que se vio rodeada al lanzarse con su fórmula, por la expresión más obsecuente del ambiente, que no tenía ante quién arrodillarse.

El moño lo pone un radicalismo sibilino, que no solo aprueba sino que sostiene ser el mentor de la «ampliación del espacio».

La dueña de la moral y la ética argentina, o sea Lilita, corrió también a apoyar la claudicante acción con tal de tener alguna posibilidad de éxito.

Pero lo más notable, desde lo pragmático, es que si el sector raquítico encabezado por el señor Lavagna podía haber sido perjudicial para Cambiemos o como se llame ahora, (ni siquiera el nombre resistió), por atraer hacia sí votos independientes, la inclusión del Gobernador Urtubey también peronista, en la fórmula acompañándole, pretende garantizar un empate entre los independientes que le saca al oficialismo, con los justicialistas que el gobernador, a su vez, le puede quitar a Cristina.

Urtubey siempre fue lo más cercano posible al macrismo, por ello su incorporación en esta fórmula solo puede interpretarse como lo hacemos más arriba. Es decir para ayudar a debilitar al cristinismo.

Seguramente será premiado con alguna embajada importante además del conocimiento a nivel nacional que alcanzará, lo que siendo un hombre joven lo deja en la grilla para las próximas contiendas electorales.

Mientras tanto los presidentes de la Cámara de Diputados y del Bloque oficialista y el Ministro del interior, los señores Monzó, Massot y Frigerio, casi excluidos, condenados durante los cuatro años pasados por su proximidad a la política y al peronismo, de pronto son dueños de todas las bendiciones.

Pero siguiendo con los amagues a la ética y la moral, el gran perdedor Marcos Peña, sigue aferrado a su silla y vaya a saber uno que disfraz se pondrá.

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