Greta y la crisis de representatividad

OPINIÓN

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La activista Greta Thunberg en el Parlamento Europeo / Foto: European Parliament

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

Lectura: 5 minutos

Es común en los últimos años leer aquí y en todo el mundo occidental un comentario repetido, la mala calidad del liderazgo de los gobernantes en casi todos los países de occidente, sobre todo en los más desarrollados.

Es también repetido en todo el mundo occidental desde hace decenas de años la aparición de múltiples ONG que organizan voluntades civiles alrededor de temas diferentes, algunos muy específicos y locales otros de alcance global que generan acciones colectivas en gran parte del mundo.

Ambas situaciones no se pueden analizar en forma separada.

La crisis de representatividad de la democracia republicana tal como la conocemos desde la Revolución Francesa es un hecho incontrastable.

Nadie puede dudar del éxito de la democracia representativa. Con solo comparar las sociedades previas a su nacimiento con las actuales, nos permite valorar el desarrollo de la salud, la educación, la justicia, derechos laborales, del niño y tantos otros derechos básicos.

Pero las formas institucionales no son eternas. Responden a determinadas necesidades, organizan las voluntades comunitarias en pos de objetivos colectivos consensuados.

En la medida que el poder financiero y económico se globalizó y las grandes empresas convinieron en corporaciones globales y por otro lado, la aparición de internet facilitó la universalización de la cultura y la información; las instituciones políticas nacionales fueron perdiendo gravitación en las necesidades y en las decisiones de los habitantes de los territorios gobernados por democracias representativas.

Una consecuencia inmediata fue que los partidos políticos no reclutaron ni promovieron a los mejores ni a los más preparados de la sociedad, fueron las asociaciones civiles independientes las que, al ocuparse de lo temas convocantes de la comunidad las que incorporaron a los más destacados en cada tema.

El éxito y a su vez el punto final de aquellas organizaciones políticas que hace poco menos de 300 años conformaron las democracias representativas fue llevar a convertir en leyes a los derechos básicos de la sociedad. Los derechos laborales, del niño, de la educación y acceso a la salud, en gran parte del mundo occidental, más allá de que se cumplan, son leyes, cumplirlas es tarea de los estados y sus administradores. Los partidos deben canalizar y luchar por las nuevas necesidades, muchas de ellas globales y otras territoriales.

Las burocracias de los estados nacionales en occidente hoy están administradas por funcionarios no representativos y por líderes conservadores que en su mayoría luchan por enlentecer el imparable avance evolutivo de la universalización de las demandas de la sociedad. Reacción comprensible en aquellos que ven en el cambio su propia inestabilidad.

Si uno observa como las fronteras políticas del mapamundi fueron cambiando a lo largo de la historia llegaremos a la conclusión que esas fronteras fueron convenciones para distintos momentos de la historia.

Hoy observamos que dentro de fronteras nacionales se cobijan pueblos, sociedades, culturas, expectativas diferentes, no sería muy aventurado pensar que en algún momento como lo fue antaño nuevas fronteras organizaran a los pueblos de una manera diferente.

También debemos pensar que debido a las facilidades en las comunicaciones hoy es muy común ver afinidad y afecto societario en comunidades que viven en territorios muy alejados, son territorios que producen lo mismo, que gozan y padecen de la misma manera, lo que hace pensar en un futuro distinto en las organizaciones sociales.

Todos estos son temas que confluyen en un apasionante ejercicio al cual estaremos sometidos en las próximas décadas.

Estamos viviendo tiempos de cambios profundos, la política ya no es nacional, no se trata de tener una política interna y una externa. Hoy para muchos temas, quizás los más gravitantes hay una política global y por otra parte políticas territoriales muy específicas.
Se imponen normas globales, en el cuidado ambiental, según parece el más inmediato, pero también para que el comercio global sea justo se deberán lograr normas globales para los derechos laborales.

Para finalizar, solo incorporando estos conceptos a nuestro debate podremos valorar en su justo término la aparición de Greta y sus nueve acompañantes en el marco de las actividades de la Asamblea General de la ONU.

Es claro e impensable años atrás que 10 jóvenes reunidos por una ONG pudieran acaparar los titulares de los principales medios de comunicación con reclamos que los gobiernos no pueden canalizar a través de sus instituciones.

Nos esperan años fascinantes con la convicción de que aun con la aparente debilidad que el occidente muestra en sus líderes políticos, las sociedades desarrollan herramientas, rápidamente, para asegurar que la libertad individual, logro distintivo de la democracia representativa sea el que garantice la preminencia en el globo de la región más creativa y justa del planeta.

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