España a la deriva

OPINIÓN

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Foto: Raúl Hernández González

Por Norberto Zingoni, escritor, abogado, corresponsal de LaCity.com.ar en Europa.

 

 

 

 

Lectura: 4 minutos

Las elecciones de hace unos días ha confirmado lo que dijimos en LaCity.com.ar hace un tiempo: para gobernar España se necesita mayoría absoluta; al no llegar a esa mayoría el Partido Socialista tenía dos opciones: una, aliarse o buscar algún arreglo con los partidos constitucionalistas Partido Popular y Ciudadanos (con Vox ni se animan a plantear nada pese a su excelente elección que lo hizo el tercer partido de España). O, la segunda opción muy riesgosa para España, aliarse con comunistas (Podemos), separatistas (Esquerra, Jup) y ex Eta (Bildu). Hoy el presidente Sánchez anuncia ampulosamente que optó por la segunda opción lo que se llama aquí «un gobierno Frankestein». Algo así como un monstruo que se puede comer a sus propios inventores.

Quizá de haber leído a César Cancino (El fin del Poder) el presidente Sánchez hubiera estado alertado de algo tan cierto: en el siglo XXI el poder es más fácil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder. Lo adquirió fácilmente con una moción de censura contra el inerme Rajoy. Pero para eso se alío a los independistas, comunistas y ex Etas, que lo único que querían es la independencia de Cataluña y del país vasco. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha rifado ─con estos dos «ocurrentes» presidentes, primero Rodríguez Zapatero y ahora Sánchez─ todo el prestigio que había adquirido como un partido socialdemócrata moderno, europeo, nacional cimentado en su participación en los años de la Transición democrática de la dictadura de Franco a la democracia.

Ellos han terminado con aquel PSOE de Felipe González, Guerra, Redondo, etc. Han querido revivir la guerra civil española que hasta sus propios antecesores socialistas habían colaborado a superar o al menos a dar por terminados los odios y las imputaciones. Adolfo Suárez, el Rey Juan Carlos, junto con el Partido Comunista de Santiago Carrillo y el posfranquismo de la Alianza Popular de Fraga (antecedente del actual PP) lograron algo que ha sido estudiado en las universidades del mundo: dar un corte a la cruenta guerra civil y encarar un proceso constitucional que le dio a España 40 años de desarrollo. ¡Y el PSOE fue parte importante de ese proceso! Aquel PSOE. La parodia de exhumar el cadáver de Franco fue la guinda del desatino socialista en ese delirio de modelar la memoria histórica (¿les suena a los argentinos algo parecido que quiso hacer el kirchnerismo con los Montoneros con aquello de los «jóvenes idealistas» de los años 70 sin plantear una discusión histórica en busca de la verdad?). Ver mecerse sobre Madrid el helicóptero que llevaba el féretro de Franco fue algo digno del neorrealismo italiano.

En fin, que hay una grieta tan grande como la argentina. Solo que aquí todavía quedan rescoldos de una guerra entre hermanos. Debida y cuidadosamente resucitada por el PSOE, Podemos y los medios copados por la izquierda. Lo cierto es que hay miedo en gran parte de la población. Miedo y desazón por dirigentes que no aprenden de la historia. Es que esto es tan viejo como el vino: o se aísla a los radicales o los radicales contaminan todo el cuerpo social. El «vamos por todo», sucedáneo de «gobernamos porque somos los mejores» sucedáneo a su vez del «Partido único» que desemboca en dictaduras no tienen más cabida en el mundo actual. Acuerdos de gobernabilidad, gobiernos de coalición, consulta permanente al ciudadano es lo que se viene. Y se viene a pesar de dirigentes necios e iletrados que insisten en revivir lo que ocurrió en la primera mitad del siglo XX: movimientos de masa con líderes autoritarios. Al no entender lo que está pasando en el mundo con el poder y los nuevos paradigmas de Internet (el advenimiento del ciberciudadano) los dirigentes gallináceos se engolosinan con triunfos tácticos que duran cada vez menos. Ignoran aquello de que «un triunfo táctico se anula en una falsa situación estratégica».

Los que no tenemos intereses materiales ni ideológicos (y ya somos mayorcitos) solo queremos que España y Argentina encuentren el rumbo perdido.

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