Opina Claudio Chaves: Esto no es asunto nuestro

OPINIÓN

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Foto: ISIQUE

Por Claudio Chaves, profesor de Historia y licenciado en Gestión Educativa. Director de Escuela Secundaria de Adultos. Columnista especial de Lacity.com.ar.

 

 

 

 

Lectura: 7 minutos

El periodista Horacio Verbitsky en su página web, Cohete a la Luna, del 24 de noviembre pasado advirtió sobre los peligros que acarrea la novedosa intromisión de las Fuerzas Armadas en la vida política de Hispanoamérica. Observa, así mismo, que esto ocurre en el marco de un frontal descreimiento, por parte de los jóvenes, en las instituciones democráticas.

Como es habitual en él hace un despliegue de información, citas, notas, apostillas, traducciones secretísimas, paper de fuentes oscuras, muchas de ellas desligadas del tema central que desarrolla pero que acomoda como un profesional del «jenga».

No conozco al hombre pero todo indica que procura lucir de intelectual de alto vuelo e informado, para solaz de sus seguidores kirchneristas. Vuelca por lo general información que abruma pero no explica, puesto que su mirada es conspirativa por lo tanto direccionada a desentrañar el accionar de los amos de un mundo organicista. La espontaneidad y el día menos pensado para el periodista no existen.

El artículo se enfoca centralmente en denunciar los avances «ilegales» que sectores de las FF. AA. argentinas habrían practicado, bajo el gobierno de Mauricio Macri, en delicadas cuestiones de inteligencia, frente a las nuevas amenazas que sobre seguridad nacional se advierten en los últimos años.

Aquí la interpretación no es para todos, análoga, es según quien la explique. El decreto del Presidente Macri que derogó el 727/2006 promovido por Néstor Kirchner, por el cual reglamentó la ley de defensa nacional, prohibía a la FF. AA. practicar inteligencia interior y exterior, excepto ante eventuales ataques de ejércitos extranjeros. El disparate kirchnerista no era entendido por los integrantes de la coalición macrista en la misma sintonía política.

Como coalición había distintas miradas en cuestiones de seguridad, como en muchos otros tópicos de modo que el periodista de marras confunde aviesamente cuando cita quejas de funcionarios macristas sobre el accionar militar como signo alarmante de injerencia no debida. Algunos sí, otros no.

El objetivo de Verbistky es claro, ¡si al macrismo se le escaparon! ¿Qué queda para nosotros? Aconseja, sin decirlo abiertamente, que el gobierno kirchnerista debe llegar al hueso y extirpar el carcoma que anida en las FF. AA.

Pero aun así, en el caso que lo lograran, el problema es otro, excepto que se quieran FF. AA. defensoras de un gobierno y no de las instituciones como es el caso de Venezuela. Como desea Verbistky.

 

UNA APROXIMACIÓN AL CONFLICTO

Un interesante ejemplo, que aunque muy atrás en el tiempo, pero de notable trascendencia, ayuda y contribuye a esclarecer el problema. El barón Víctor de Besenval fue un militar suizo que en vísperas de la Revolución Francesa estaba el frente de las fuerzas militares de represión. Luis XVI acosado por los diputados díscolos de la burguesía había ordenado al Barón que disolviera por la fuerza la Asamblea Nacional constitucionalista, detuviera o mandara a sus casas a los representantes recientemente elegidos y limpiara las calles de revoltosos. La orden era de una ambigüedad peligrosa: «vaya y cumpla con su deber». Besenval, al parecer, según sus memorias, y disponiendo de una fuerza de treinta mil soldados entendió que era inconveniente un enfrentamiento, que resultaría una carnicería, abandonó París y dejó al Rey sin autoridad y a merced de los revolucionarios. No le aconsejó que renunciara, pero lo dejó solo, Luis XVI se vio en la obligación de ceder y este acontecimiento decisivo, que fue la Revolución Francesa, cambió para siempre la historia mundial. Podría decirse que ocurrió porque Besenval, frente a los desaguisados de la realeza bien pudo haber pensado: ¡Esto no es asunto nuestro!

De modo que estas reflexiones podrían servir para entender lo que estaría pasando en la FF. AA. hispanoamericanas frente al malestar social que recorre la región y de las cuales ellas no son responsables. En el caso de Brasil, el gobierno de Jair Bolsonaro, sí es asunto de ellas y en el de Nicolás Maduro, al parecer también. En el resto de América no. Fueron claras las apreciaciones del general chileno, Iturriaga, quien luego de las imprudentes declaraciones de Sebastián Piñera de estar en guerra con los descontentos, frente al periodismo manifestó «soy un hombre feliz, no estoy en guerra con nadie» lo que habilitó que miembros de las FF. AA. chilenas confraternizaran con manifestantes en las calles y Piñera llevar adelante medidas económicas para paliar la injusta situación social y en estos momentos iniciar una reforma Constitucional. En Bolivia el asunto no fue muy diferente, las FF. AA. no avalaron el fraude cometido por un partido que fue hostil a la tradición militar boliviana.

El progresismo que ganó el poder a comienzos de siglo XXI en Sudamérica no puede ahora quejarse que frente al malestar social que han generado, los Ejércitos no los defiendan. Convengamos que el asunto es muy complicado. Si en la Argentina y con un gobierno kirchnerista el malestar social explotara como en el resto de Sudamérica la experiencia estaría liquidada.

Nadie ignora que fue el peronismo con aval del parlamento el que obligó a las FF. AA. exterminar a la subversión. Hasta 1983 el peronismo lo tuvo claro, razón por la cual Ítalo Luder avaló la auto amnistía del gobierno militar, y más tarde el doctor Carlos Menem ofreció un indulto, incomprendido por buena parte de la élite política y cultural argentina. Luego el abismo, la social democracia y la izquierda se apoderaron del peronismo y las FF. AA. fueron acorraladas y llevadas a una situación invivible al negar su identidad. No les tengo miedo les espetó el Presidente Kirchner mientras algunos oficiales le daban la espalda y el Jefe de Gabinete permanecía inmutable. Hay errores en la historia que siempre se pagan. Tarde o temprano los viejos yerros aparecen y las víctimas se cobran la revancha. Clío, hija de Zeus, viene por ellos.

El gobierno socialdemócrata de Alberto Fernández insiste en el error y pone sal en la herida. Agustín Rossi como Ministro de Defensa no es la mejor propuesta. No solucionará con dinero el desprecio manifiesto que durante doce años mantuvieron sobre ellas.

Ahora los tiempos han cambiado, las crisis sociales aparecen en las calles en los momentos menos pensado de ahí la preocupación y los consejos de Verbistky.

Posiblemente y al igual que Besenval las FF. AA. frente al desaguisado de los políticos digan: ¡Esto no es asunto nuestro!

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