Opina Flombaum: La muerte de los partidos políticos

OPINIÓN

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Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

 

Lectura: 6 minutos

El confinamiento ha permitido que todos hayamos participado de decenas de conferencias, debates, charlas y pequeñas reuniones digitales.

Serán innumerables los malos recuerdos que tendremos de este encierro al cual nos sometió el virus, pero también deberemos reconocerle el reencuentro con nuestra capacidad de reflexión y el tiempo dedicado a interactuar con mucha gente en temas de interés particular y general.

No he conocido ni directa ni indirectamente que alguno de esos espacios virtuales estuviera convocado por algún partido político con presencia en las legislaturas nacionales o provinciales.

Tuvieron a sus votantes a su disposición, abiertos a debatir todos los temas que fueran de interés mutuo, pero no eligieron ese medio de comunicación. Se aferraron a los viejos y desprestigiados medios de comunicación tradicionales.

Medios que no alcanzan a ningún sub-30 y muy pocos sub-35. Y sólo a algunos de los restantes ciudadanos, que ávidos de noticias sobre la pandemia, debían soportar a los cultores de la brecha lanzar críticas o propuestas descabelladas que afirmaran su posición en el espacio de los extremos.

¿Es algo nuevo? no, no lo es, la nula interacción entre los partidos y sus supuestos seguidores se expresa desde hace mucho y claramente. No existen instancias intermedias entre los dirigentes y la gente, solo se expresan cuando siendo empleados de alguno de los escalones del estado utilizan el tiempo, pago por los impuestos, para hacer alguna acción partidaria.

Lo preocupante es que, en definitiva, la política considerada como el arte por el cual los dirigentes y los representantes de los partidos políticos practican para conquistar el privilegio de dirigir los destinos de una comunidad, se reduce a actuar solo en los círculos de las cortes que rodean a los que creen que detentan el poder.

La verdadera brecha, que vacía de representación a los gobiernos, es entre gobierno y gobernados.

De esa manera se rompe la única acción que permite el éxito en la política, la gobernanza, entendida como, «las interacciones y acuerdos entre gobernantes y gobernados, para generar oportunidades y solucionar los problemas de los ciudadanos, y para construir las instituciones y normas necesarias para generar esos cambios» (definición extraída de una tesis de una ONG latinoamericana)

La relación de los partidos políticos y los ciudadanos se motorizaba, antaño, en espacios muy definidos, los territorios físicos, barrios, pequeñas ciudades, y en clubes, asociaciones civiles vecinales, a través de espacios partidarios llamados, comités, unidades básicas o ateneos.

En general esta acción estaba ligada al desarrollo de esos territorios, lograr sus mejoras y sus servicios, la gran mayoría de ellos obtuvieron esas mejoras y esa acción dejó de estar intermediada por las organizaciones políticas para ser intermediadas por un nuevo actor que intermedia a los barrios más carenciados con los gobiernos, los punteros.

Mientras tanto, paulatina pero velozmente fueron creciendo los nuevos territorios de interacción ciudadana, los territorios digitales. Esos territorios tienen características esenciales que permiten la acción política por excelencia con una facilidad y transparencia total.

Se facilita la acción de la vieja militancia vocacional, que no sólo era gratuita, sino que en general aportaba dinero para el sostenimiento de los locales, pero que alejaba a esos activistas de su casa y de sus familias. Estos nuevos espacios de la actividad política son de acceso fácil, directo, integradores y de cara a cara con las herramientas de video conferencia.

Estas herramientas, que para los jóvenes no era nada que no practicaran continuamente y que muchos ciudadanos practicaban en sus labores cotidianas en los trabajos, con este encierro, se convirtió en el espacio de debate y reflexión más intenso que nuestra ciudadanía tuvo en las últimas décadas.

Pero los partidos siguieron encerrados en sus círculos sin querer participar en ese acto de gobernanza que hubiera permitido sentar las bases para encarar el enorme esfuerzo colectivo que deberemos encarar todos superada la pandemia.

¿Se perdió una oportunidad? No, en realidad puso al descubierto que las vetustas herramientas de acción política donde se eligen a aquellos que se postulan como representantes de los ciudadanos en realidad están muertas.

En cambio, las ONG, los diversos colectivos que organizan las voluntades de hombres y mujeres atrás de objetivos específicos, organizaciones civiles de diverso tipo reúnen a ciudadanos ocupados y preocupados por el futuro colectivo de nuestra nación.

Todos ellos se montaron sobre las redes y todos crecieron en sus conciencias a través de la interacción directa que les permitieron los instrumentos que las comunicaciones digitales nos ofrecen.

Aquellos que se ausentaron, tarde o temprano pagarán ese acto de ocultamiento, el poder verdadero se construye en la gobernanza no en la rosca de los círculos, ellos creen que por tener una cuenta en Twitter, y sumarse a través de ella a los insultos y las diatribas, están presentes en el debate.

Es común buscar las culpas de la falta de representación de los gobiernos en las formalidades, voto directo o indirecto, voto el listas pegadas o en las mismas fechas en cada escalón institucional, listas sábanas, papel o digital, etc., seguramente todo esto es verdad y perfectible, pero el principio del mal esta en la brecha de la política entre gobernados y gobernantes.

Las próximas elecciones se toparán con una participación mucho más activa de la ciudadanía, no alcanzarán los gurúes que a través de encuestas y focus groups, diseñen discursos para candidatos de los círculos de poder. El mundo digital inundará de opiniones, informaciones y todo eso redundará en el comienzo de un proceso de cambio.

Imponer la interacción activa y decisiva de los ciudadanos será la tarea a la cual nos dedicaremos aquellos que, por abrazar la política como el arte de la construcción de consensos, nos hemos visto postergados por los cultores de la complicidad para la construcción del poder, copiando a los creadores de ese estilo: las mafias.

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