Opina Calabrese: Detrás del Telón

OPINIÓN

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Presidente argentino, Alberto Fernández / Foto: @alferdezprensa Twitter

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 5 minutos

He pasado los últimos días respondiendo a entrañables amigos sobre una afirmación expresada en el artículo que publiqué recientemente en «LaCity.com.ar» referido a las vicisitudes de la formula Perón-Balbín, en la que sostengo que el peronismo murió aquella fría mañana de Julio hace más de 45 años.

Entiendo que existe una gran diferencia entre quienes después de esa fecha usaron el sello, por la distancia que demostraron desde el punto de vista ideológico con el peronismo histórico, en particular aquellos que hoy ocupan el poder.

La prueba es muy fácil, más allá de la envergadura del liderazgo, hoy tan distante, pues solo en la comparación ineludible, entre unos y otros, emerge evidente.

¿Acaso hay alguno que se pueda parar, no digo al lado, aunque sea sobre la sombra de Jerónimo Remorino, del «Tuco» Paz o de Atilio Bramuglia? ¿Dónde están los Jauretche, Scalabrini Ortiz, Guardo, Carrillo o su discípulo Matera, Diego Luis Molinari, Díaz de Vivar, Antonio Benítez, Raúl Bustos Fierro, Ernesto Palacio?

Faltan los Hernández Arregui, Manuel Ugarte, Unamuno, Gálvez.

¿Y quién podría igualar a aquellos militares que en DINIE y Fabricaciones militares llegaron a producir desde un auto hasta un avión a reacción o al canto de los vates como Homero Mansi o Leopoldo Marechal?

¿Acaso desde el Ministerio de Desarrollo Social que compra con sobreprecios increíbles harina, yerba, polenta, azúcar y otros alimentos imprescindibles para repartir entre los desposeídos, robándose la diferencia, podría encontrarse alguna semejanza a la obra de la Fundación Eva Perón, desde la que se construyeron, hospitales, escuelas, asilos, etc.?

¿Dónde está el propio «Bebe» Cooke, que cuando descubrió que se encontraba irremediablemente a la izquierda del General, se fue a Cuba y se calzó el uniforme castrista para acompañar al Che y cuya mujer, Alicia Eguren, luchó palmo a palmo en Bahía de los Cochinos contra la invasión extranjera?

¿Dónde combatieron ustedes?

Ya lo sé. En las Cajas del Pami, del Anses, de Vialidad, de los Ministerios de Obras Públicas, para llevarse todo lo que pudieron, revoleando bolsos llenos de dólares y euros (eso sí «en billetes de 500»), que para no perder tiempo en contarlos, los pesaban, según conocían todos y que hasta los choferes agendaban y mencionaban en sus cuadernos.

Y por supuesto en la incompetencia e ineptitud acreditada en este tiempo de violación a los derechos más elementales.

Mientras tanto, nos encierran y alejan de nuestras familias, de nuestros afectos, de nuestros trabajos que se pierden en la cesación de pagos, envueltos en deudas a proveedores, a los Bancos, en créditos sin poder terminar de pagar, liquidando los bienes que nos quedan para saldar salarios caídos en labores que ya no se volverán a repetir.

Recordamos al Ministro de Salud expresando que era una gripecita china que difícilmente llegaría.

Hoy después de cinco meses de encierro y destrucción de la economía, que nadie en el mundo se animó a igualar, no solo no solucionaron nada sino que los casos aumentan, son cada vez mayores. En cualquier momento superamos a China.

También tenemos presente al Gobierno de científicos y a usted Señor Presidente, que nos recomendaba quedarnos en casa y tomar un «tecito caliente», porque la alta temperatura de la efusión mataba al virus.

!!!Todo tan ridículo¡¡¡

La respuesta no es que eligió la vida ante la muerte.

La respuesta es ¿de qué vale una vida sin libertad, así, «sine die»? ¿De qué vale la vida cuando todo se destruye y nos quedamos sin nada, cuando se pierde lo logrado, con el sudor de la frente, por las generaciones que nos precedieron y que nosotros intentamos preservar?

Hubo quienes dieron su vida en pos de la libertad. Muchos murieron para que nosotros hoy tengamos la libertad y otros derechos como la propiedad, el trabajo, etc. que usted nos arrebata Señor Presidente.

Nuestros próceres se inmolaron para que heredaran la libertad, sus hijos y nosotros, toda la historia es testigo, le recomiendo leer alguna de sus páginas, cualquiera.

El concepto de lo nuestro, dentro de todo, contiene la libertad, que también es la vida, que es lo más importante en la vida.

Por eso deje de justificarse con vanas excusas que nadie cree, a su palabra devaluada, que un día dice una cosa para afirmar todo lo contrario tiempo después. La ignorancia, ineptitud y el desprecio por el otro que ha demostrado su gobierno, no tiene disculpas.

En realidad son apenas una expresión bizarra y mañera de la progresía «inclusive» que pretenden representar o una versión «chorra» y «berreta» de una izquierda tercermundista.

Basta de hipocresías.

Paren el corso muchachos, bájense de la comparsa… y como dice el viejo tango de Romanelli y Munilla….

«Sacate el antifaz»

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