Opina Calabrese: La fórmula Perón-Balbín (II)

OPINIÓN

Perón_y_Balbín_-_Buenos_Aires_-_1972
Balbín y Perón en 1972

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

 

* Hoy publicamos la segunda parte de un trabajo preparado por el abogado, historiador y hombre político Antonio Calabrese, donde revisa uno de los periodos más ricos ─y alentador─ que en su momento generó alta expectativa en la población.

* Calabrese entrega una brillante pieza histórico-política, revisada con la aguda óptica del hombre mas atento a los procesos históricos que a la coyuntura. Esta segunda parte anticipa las próximas que sin duda serán tan atractivas como las ya publicadas y que han sido recibidas con excelente repercusión por los lectores de LaCity.com.ar.

 

Lectura: 9 minutos

Los prolegómenos

El principio de aquellos encuentros conciliadores tienen origen difuso porque más de uno se atribuye el mérito del acercamiento.

Algunos recuerdan que a mediados de la década del 60 hubo reuniones de jóvenes radicales de la agrupación «Agitación y Lucha» con otros de la JP, como Carlos Álvarez y Arturo Cesar Goldstraj, en el mismo Madrid.

Pero hay antecedentes también de la clase dirigente como las reuniones de Facundo Suárez, presidente de YPF con el Dr. Pedro Michelena, condiscípulo en la facultad de La Plata, de fluidos contactos en Puerta de Hierro, en su domicilio de Ayacucho y Guido, tratando de impedir el golpe contra Illia, para el que faltaban pocas horas y a esa altura era imparable.

Sin embargo quedó la posibilidad de la conversación y de afianzar un diálogo constructivo con miras al futuro, por lo que Michelena se comprometió a gestionar una reunión en España.

La sola mención del episodio provocó en Perón una inmediata reacción favorable porque si el radicalismo estaba dispuesto a negociar podía bloquearse en la opinión pública a los militares e impedir que continuaran en el poder a espaldas del pueblo, violando las instituciones.

«Quiero que hable con toda la oposición no marxista» dijo Perón a su emisario, redoblando la apuesta. (Quedaba sembrada la semilla de la «Hora de los Pueblos» según algunas lecturas posteriores).

Facundo Suárez, del radicalismo, Tomás Arana del alendismo, Ideler Tonelli del MId, Rafael Martínez Raymonda de la Democracia Progresista y el radical cordobés Mario Roberto demostraron interés, al igual que Cesar García Puente y Antonio Tróccoli, recuerda Enrique Pavón Pereyra, a los que después se sumaron el propio Miguel Ángel Zavala Ortiz, Eugenio Malaponte, Justo Páez Molina y Lázaro Barbieri.

Si bien el recibimiento de Suárez a su regreso no fue muy efusivo por Balbín, que tenía algunas dudas sobre el entorno del exiliado, el camino a la «Hora del Pueblo» ya se había iniciado y dadas las personalidades embarcadas no era difícil imaginar, ya a esta altura, fuera de cualquier especulación electoral todavía, que el binomio Perón–Balbín tenía un liderazgo indiscutible.

En 1967, bajando al llano, derrocado, Illia en reportaje a la revista «Juan» «El revés de la trama», el 6 de septiembre declaraba: «No vamos a perder nada, radicales, si dialogamos con todos los argentinos. Abrámonos sin temor los hombre de la Unión Cívica Radical».

Era difícil no estar de acuerdo a riesgo de ser considerado intolerante, a pesar de la oposición que a último momento y al final del camino realizó el expresidente radical.

La «Hora del pueblo» , en 1970, fue la llave de la apertura y de la posible unión nacional de todos los partidos democráticos, pero era indudable que el peronismo y el radicalismo constituían el 80 por ciento como mínimo de aquella unidad.

No se hablaba de un frente electoral solo de núcleos de coincidencia democrática, los radicales se oponían a los frentes y esto era respetado por todos, pero era indudable que las opiniones coincidentes de Perón y Balbín sobre una salida electoral era de un gran peso en la opinión pública.

Balbín ratifica en el Comité Nacional algo que venía sosteniendo desde 1960. «No hay salida política sin libertad para el peronismo», recordando fiel a sus principios democráticos, el triunfo de Illia sobre la proscripción del adversario, pero recuerda Pavón Pereyra que fue interrumpido por alguna barra y entonces dramáticamente respondió el tribuno: «Tengo el cuero marcado de cicatrices profundas que me duelen menos que la tremenda incomprensión de ustedes».

 

Acelerando los tiempos

Perón quería acelerar el encuentro y ofreció alternativas para el trato personal, si Balbín no quería o no podía ir a Madrid él podría ir a Lisboa o a cualquier punto de Portugal y reunirse allí «casualmente».

«Dígale a Balbín que hallará en mi un colaborador para la democracia y estoy dispuesto a jugarme por ello». Sostenía el viejo líder ante los emisarios.

Sin embargo su contertulio, más moderado todavía, sostenía que debían mantener, por ahora, los contactos informales.

Por eso siguieron las reuniones ya cada vez más avanzadas con Jerónimo Remorino y después Paladino e inclusive algunas más allá de lo formal y cuasi directas como las realizadas por el Dr. Solano Lima en el domicilio de Av. del Libertador de Julio Amoedo con Enrique Vanoli y Ricardo Balbín personalmente.

El jefe del peronismo recomendaba al Dr. Lima que cualquier consenso debía hablarse y lograrse con la presencia del líder radical «porque es el único interlocutor válido de toda la oposición orgánica y el único que está en condiciones de sintetizar el alma radical».

Perón con el tiempo jugándole en contra por la quebrantada salud, ya advertía que era imposible una sucesión de jerarquía en su movimiento y hablaba de horizontalidad, «mi único heredero es el pueblo», «la organización vence al tiempo», etc., decía, pero ese era mensaje para la «propia tropa», mientras buscaba a Balbín y al radicalismo por todos los medios, como cuando afirma en la revista Gente en Junio de 1973 «tal convencimiento me conduce a pensar sobre la urgencia de un alto, inmediato y profundo entendimiento con el doctor Ricardo Balbín».

Poco antes le informan a Tróccoli que Perón, en su primer regreso, quería hablar personalmente y que si debía ir a La Plata no tendría inconveniente en hacerlo. Sin embargo Balbín no quiere incomodar y propone que la reunión se haga en la presidencia del bloque radical de la Cámara de diputados de la Nación que ejercía, fijándose el día domingo 24 de noviembre de 1972 a las 10 de la mañana.

A las 9.50 los sorprendió saliendo del Ascensor principal y después de un estrecho abrazo se dirigieron solos al despacho donde estuvieron un poco más de una hora, reuniéndose después con el resto de la dirigencia de ambos sectores en el salón de la presidencia de diputados.

Allí el General habló de un concepto, aprendido en Europa, que años después adoptó el mundo, la globalización, a la que el llamó universalismo, mientras el líder radical se refirió a la democracia social.

«No más antiperonismo» le dice a Bernardo Neustad en la revista Extra y se escribe: «Perón tendrá que abrazarse a sus viejos enemigos para salvarse de sus nuevos amigos».

Como si ello fuera una consigna ya advertida en ambas facciones, apenas terminada la convocatoria del restaurante NINO, dice el Demócrata Cristiano José Antonio Allende, Perón tiene palabras de notoria preferencia por el Dr. Balbín que suenan como un solemne homenaje al repúblico.

Heriberto Khan en el diario «La Opinión» en Enero del 74 , llego a decir exagerando peligrosamente, que «El balbinismo llevó las coincidencias a un punto en que sus propios afiliados afirman no reconocer, a veces, el límite entre el pensamiento radical y el peronista».

A fin de evitar las primeras internas en las luchas sucesorias de ambos partidos se adopta, en principio, la fórmula de compromiso que consiste en que el que gana gobierna y el otro acompaña, aunque Perón insistía que en caso de ganar, el peronismo solicitaría la incorporación en distintas áreas como la Economía y la Educación de hombres del radicalismo, por los que, por otra parte, hacia gestiones.

No se cansaba de hablar, según afirmaran los Dres. Raúl Matera y Alfredo Gómez Morales, entonces visitantes frecuentes del líder, de las condiciones morales e intelectuales del jefe radical.

«Yo con Balbín, voy a cualquier parte», declaró al periodismo, mientras Balbín tenía hacia él también palabras consideradas, como las empleadas en una nota del diario La Nación, de aquel mes de noviembre de 1972.

Se reunieron en Gaspar Campos, en Nino y después conversaron tres o cuatro veces y Balbín, recordará que curiosamente fueron conversaciones fluidas, fáciles y cordiales, de dos amigos, olvidando un pasado que ya quedaba muy lejano en los espíritus.

En la revista «Somos» del mes de Julio de 1983, hay un estudio de Enrique Medeot, sobre la formula Perón-Balbín.

Existía el anhelo de lograrlo en 1972, antes de la elección de Cámpora, pero fue saboteado por este en la primera elección y por un entorno empequeñecido sin medida de la dimensión del momento en la segunda oportunidad.

Proscripto en la primera elección parecía que el binomio se integraría con Cámpora, según disponía Perón desde su sector y se produjeron algunas reuniones de aquel con Vanoli pero al fin en una reunión en la casa de Rawson Paz, Cámpora comienza a mostrarse evasivo y distante y a realizar maniobras tratando de evitar cualquier concreción.

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