Opina Calabrese: El pacto Perón-Frondizi

OPINIÓN

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Presidentes: Arturo Frondizi y Juan Domingo Perón

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

* Un nuevo episodio de la vida política argentina que involucra a dos actores centrales como fueron los expresidentes Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi. El historiador y abogado Antonio Calabrese retoma aspectos novedosos nunca analizados hasta ahora que presentamos en una primera parte a la que seguirán otras dos en las próximas semanas. Luego continuarán en el sitio reservado al historiador Calabrese en la barra adjunta de LaCity.com.ar.

 

 

 

Lectura: 9 minutos

Primera Parte: EL VOTO EN BLANCO

Aquella noche fría de fin de Julio del 57, Buenos Aires y todas las ciudades del país, se vistieron de fiesta.

Una alegría reprimida, pero con una carga de odio acumulado, se rendía ante la victoria cívica que con carácter épico se festejaba hasta en el último rincón de la república.

El escrutinio dio los siguientes guarismos: 2.115.861 votos en blanco; 2.106.524 la Unión Cívica Radical del Pueblo; la UCRI 1.847.603 y Socialistas 525.723. pero a los votos en blanco había que sumarle según los analistas políticos 35.956 anulados que fue una de las alternativas ordenadas por Perón; 800.000 abstenciones que fue la otra orden (Eduardo Colom) y aproximadamente 1.000.000 de electores que habían sido borrados de los padrones electorales después de secuestrar los registros de afiliados peronistas.

Las casi 4.000.000 de expresiones no solo doblaban al segundo sino que todos los demás sumados no alcanzaban a superarlos.

Pero era tal el enfrentamiento que la consigna ordenada impedía las celebraciones, trataban de no cometer ninguna provocación para evitar el pretexto que esperaba la represión preparada para arrasar con los vencedores.

El fraude había sido descarado pero no alcanzó para frenar la avalancha peronista. A la borratina en los padrones se agregaba la violencia ejercida en las mesas electorales y los engaños de todo tipo que se propagaron tratando de confundir a un electorado que respondió con una cohesión inusitada, no obstante que no hubo publicidad alguna y que los medios no podían hablar ni mencionar al peronismo, que solo contaba con una orden dada a 5.000 kilómetros de distancia.

¡¡¡Como no festejar!!!

Cooke estaba exiliado en Chile preso, después de haberse fugado de Río Gallegos con Cámpora, Jorge Antonio, Espejo, Gomis y Kelly esperando el resultado del juicio de extradición planteado por la autoridades argentinas, que habían abonado para tal fin un millón de dólares a abogados locales.

En el penal de Ushuaia, mientras tanto, Alejandro Leloir, Oscar Albrieu, Jorge Farias Gómez perdían por lo menos 20 kilos padeciendo un régimen implacable de desatención, con 40 grados bajo cero, las ventanas abiertas, sin abrigos, dicen que la nieve entraba hasta por lo agujeros de las aberturas desvencijadas. No había libros, comida ni cigarrillos, mucho menos visitas.

Se recuerda que por entonces se decía que el número de dirigentes encarcelados superaba los treinta mil según Salvador Ferla y también había, recuerda Raúl Puigbó, centenares de delegados gremiales en la misma situación.

Se había dictado el famoso decreto 4161, sin antecedentes en el mundo de la política, que prohibía nombrar, señalar, escribir o de cualquier manera invocar el nombre de Perón, el peronismo, el justicialismo, etc., por ningún medio de comunicación o de ninguna manera, ni siquiera para gritarlo en cualquier esquina personalmente.

Algunos como Kelly y Cámpora eran sometidos a simulacros de fusilamiento igual que Cooke, Albrieu, Leloir, Benítez, Rocamora, Damiano, y otros que se encontraban en el Penal de Las Heras.

Allí habían fusilado, después de 100 años en que no se aplicaba esa pena al General Juan José Valle cuyo cadáver dijo la prensa (Primera Plana) fue pateado en el suelo estando inerme, por el Dr. Boffi de la UCRI, recordándose «para ellos ni la leche de la clemencia» según palabras de Américo Ghioldi, representante del socialismo en la Junta Consultiva integrada por los partidos políticos «democráticos».

Valle, traicionado por Manrique que había prometido que no se aplicaría la pena de muerte ni a él ni a otros compañeros si daba por concluido el episodio revolucionario de 1956 entregándose, había sido condiscípulo del presidente de facto Aramburu, quien cuando fueron a reclamarle la conmutación de la pena de su compañero de camada, que se aplicaba con rapidez inusitada, a aquel abanderado del Colegio Militar, mayor promedio de la promoción, primus interpares, sobresaliente oficial en la Escuela Superior Técnica, con menciones honoríficas, sobre la base de la palabra empeñada, minutos antes de la descarga final, manifestó que estaba descansando que no lo molesten, siguiendo entonces el desafortunado, la suerte de Cogorno, Irigoyen y otros, alrededor de una treintena se supone, sumando los fusilados de la Unidad Regional de Lanús, Campo de Mayo, Escuela de Mecánica del Ejercito, la Penitenciaria Nacional y los de los basurales de José León Suárez.

Es célebre la última carta de Valle dirigida a Aramburu, escrita como acto de última de voluntad, antes de que lo lleve el pelotón de fusilamiento contra el paredón, en medio de la congoja de los propios soldados que después debían apretar el gatillo a la orden de fuego, pero que el condenado comprendiendo su situación perdonaba expresándoles que debían cumplir con su deber.

Comienza diciéndole: «Dentro de poco usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado» y en la parte crucial, que recordará para siempre la historia, les dice: «Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía; mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mi a un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomarles por los ojos, sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan».

En verdad creo que si a todo eso le sumamos el bombardeo y ametrallamiento a mansalva de los civiles indefensos en Plaza de Mayo el 16 de Junio del 55, cuyas víctimas fatales se pueden contar por centenas, y todos los presos y detenidos por razones políticas, es fácil concluir que todo el dolor y toda la sangre derramada por entonces, fue peronista.

Esa terrible desproporción, cargó la pólvora del odio en las balas de los treinta años siguientes.

Visto desde el justicialismo se pensaba que a Perón, que supuestamente, era el dictador, ni siquiera el 1% de todo aquello podría imputársele. ¿Que hubiesen dicho si apenas una pequeña porción de todo eso se hubiera cometido en sus 10 años de gobierno?

La respuesta y porqué no, la condena, estaba en aquellas diferencias del escrutinio final, donde el pueblo se había expresado de manera contundente.

La contestación a la violencia es siempre más violencia.

La resistencia en marcha cambió de velocidad y nos trajo los próximos veintisiete años más crueles y terribles de la historia nacional.

Comenzó por entonces la huelga , el caño, el sabotaje, las acciones directas. La prensa era clandestina y perseguida y así van apareciendo y cerrando, «El Líder» en donde escribía Scalabrini; «El 45» de Jauretche; «El Federalista» dirigido por Güemes; «El Guerrillero» bajo el mando de Lagomarsino y Marcos; «El Descamisado» del que solo vio la luz el primer número, etc.

Perón llama a la resistencia civil en carta a Cooke y se perfilan claramente dos tendencias: la insurreccional y la institucional que pretendía el regreso por la vía de la negociación y las elecciones.

Desde Caracas oscilaba entre una y otra, eterna estrategia pendular de conducción, mientras la persecución y la represión no cesaban con métodos siempre violentos, apelándose a la tortura como sistema, acreditándose en el caso de la muerte de Guillermo Manchego o de un dirigente salteño de apellido Carral, según puede leerse en la correspondencia Perón-Cooke, establecido ya este último en Santiago de Chile, habiendo sido nombrado Jefe de la totalidad de la fuerzas peronistas en ausencia del General.

Desde allí le informa: «El 30 de Abril se colocaron 70 bombas de las cuales solo estallaron 20 […] actualmente se están fabricando 30 bombas reloj que serán utilizadas dentro de 15 días […] asimismo preparamos un plan para paralizar el suministro de petróleo en el Gran Buenos Aires y paralizar el puerto. Le informa también que la campaña del voto en blanco continúa intensificándose» recuerda Norberto Galasso.

Para entonces, demostrando el ida y vuelta, le ponen una bomba al auto de Perón en Caracas, que explota destrozándolo. Y Cooke, desde el Comando establecido en el país trasandino amenaza: «Si usted llega a ser herido o muerto, se deberán ocupar de inmediato las fábricas, comercios, estancias, establecimientos de toda clase; cada organización clandestina y cada peronista en particular, deberán desde ahora fijar su objetivo para esa eventualidad».

Advertencia que al parecer causó efectos.

Como vemos, funcionaba la línea insurreccional en pleno, incluido el voto en blanco, la intransigencia, la intolerancia y el desencuentro definitivo, final.

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