Opina Calabrese: El pacto Perón-Frondizi (III)

OPINIÓN

Frondizi
Presidentes: Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

 

Lectura: 11 minutos

Tercera parte: EL PACTO

El primero en llegar a Chile fue el Doctor Ricardo Rojo, que había sido presentado a Frondizi por Ramón Prieto cuando salió de la cárcel, quien era un sindicalista de trayectoria singular porque había peleado en la Guerra Civil española y con las huestes de Prestes en Brasil.

Luego llegaron Perina y Frigerio, dos infatigables luchadores por aquella entente, a cuya constancia puede atribuírsele sin duda gran parte del éxito de la misión y la primera condición que se les exigió para llevar adelante las negociaciones fue el retiro de los constituyentes de la UCRI de la convención.

Perina le explicó a Frondizi que sin ello no se podía seguir, lo que fue aceptado.

Al ser enterado Perón de las conversaciones manifestó que «no sería descabellado» un acuerdo aunque sentenció: «Entre facciones adversas los pactos políticos son siempre de mala fe».

Mientras tanto en el campo gremial para dar tranquilidad habían quedado constituidas «las 62 Organizaciones» peronistas.

En tanto desde Caracas, en contra de la unidad que predicaba Cooke reclamando el monopolio de la conducción, Perón enviaba a otros emisarios con diferentes órdenes: a Paladino por ejemplo con cartas y discos (un método singular y común en la época para transmitir mensajes con su propia voz) para los dirigentes territoriales y al Dr. Isidoro Ventura Mayoral, con una carta para Bramuglia.

El doctor Ventura Mayoral, era un hombre de extrema confianza del General y su abogado personal, quien en la década del 70 después de años de litigios logró la absolución de Perón, uno a uno, en los 120 procesos que le habían iniciado las autoridades golpistas.

Era un hombre respetado y de extensa trayectoria en el campo del derecho, que fue abogado de distintas organizaciones gremiales y la CGT, como así también uno de los iniciadores y miembros después de 1955 de la Comisión de Familiares de Detenidos (COFADE) una organización de abogados defensores que se repartían por todo el país.

En 1962, años después, fue abogado de la familia de Felipe Vallese el dirigente sindical, señalado como el primer desaparecido en el país.

En la larga persecución a dirigentes peronistas en los dieciocho años siguientes hasta el regreso de Perón, el Dr. Ventura Mayoral, llevó la parte más importante. Con posterioridad, a pesar de estar al lado del presidente cuando este lo requería, se fue alejando junto al aumento de la violencia generalizada.

Fue una personalidad muy respetada tanto en los círculos judiciales (llamaba a La Corte Suprema el «Gran Sanedrín», recordando al Consejo o asamblea de sabios judíos que era el único todopoderoso que tenía la facultad de juzgar al Rey); o políticos con amistades en la dirigencia de los más importantes partidos de la época o en círculos militares como su amistad con los Generales Pomar y Sánchez de Bustamante, con quienes se lo veía frecuentemente en «The Horse», la famosa confitería de Avenida del Libertador.

Era muy difícil el ejercicio de la profesión en esas épocas, más con la dimensión de este prestigioso abogado y la misma se fue endureciendo con el tiempo y la brutalidad de las acciones. Los años de plomo comenzaban a apoderarse de la nación, y las cárceles se poblaban, la gente desaparecía y la tortura era como el pan tras las rejas.

Los abogados defensores cualquiera sea la causa, también caían, muertos o desaparecidos o presos, en la mayoría de los casos solo por ejercer su trabajo generalmente sin remuneración y solo por ideales.

Me consta por experiencia propia a partir de los 70 en donde por esa razón llegamos a conocer la clandestinidad, no importando que solo fuera en defensa de funcionarios o de las autoridades del gobierno constitucional derrocado. Todo era lo mismo, aquellas defensas como las de los subversivos que eran muy distintas, no obstante.

Finalmente y sobre el borde del fin de año, el General realiza otra maniobra distractiva y el 22 de noviembre ratifica que su postura es contraria a la participación electoral porque eso legitima al gobierno de facto y a su candidato, posible vencedor ante el fraude que se repetirá multiplicado.

En realidad pretendía con ello engañar al oficialismo y restarle tiempo a esas maniobras con las que se trataba de escamotear la victoria a un poderoso movimiento nacional.

Arturo Frondizi, un hombre ilustrado y de aguda inteligencia, también reconocía ello pero advertía que la única forma de impedir el retroceso político de la nación era reintegrar, recomponer a ese movimiento.

«En el 55 Perón podía contar solo con el movimiento obrero. Ese aislamiento, decía Frondizi, de un integrante fundamental de la alianza de clases y sectores que había logrado vertebrarse en 1945 fue el determinante inmediato de la caída del gobierno constitucional. Enfrentado a una parte de las Fuerzas Armadas… a la mayoría de las capas medias de la población, a buena parte de la Iglesia como resultado de la eficaz provocación anticatólica… el peronismo no pudo sostenerse».

En la continuidad de ese pensamiento y considerando la proscripción agregaba: «Contra ese intento se enfrentó el proyecto de recomponer las fuerza nacionales fracturadas en los últimos años del gobierno peronista… tal proyecto lo asumió la Unión Cívica Radical Intransigente a partir de la ruptura con el unionismo en 1956».

En el país, y desde de la predica de la mencionada revista «Qué» dirigida por Rogelio Frigerio «todos entendieron que no hay ideas individuales, por valiosas que sean, que puedan prosperar, si no constituyen momentos del movimiento nacional».

La fortaleza ideológica y la cruda realidad de estos pensamientos de Frondizi, sin duda eran compartidas en definitiva por el General, que de esa forma retoma el camino de la opción por la legalidad desplazando a la insurrección, aunque desconfiando de las fuerzas de la reacción, como se acreditó más adelante impidiendo con presiones y numerosos golpes militares, que alcanzaron a ser treinta y siete, el mayor desarrollo de un gobierno, que fue, por mucha distancia, el mejor vivido en la Argentina con posterioridad a 1955.

Finalmente Cooke con un pasaporte falso a nombre de Juan Zurita, viaja a Panamá y después de dos días llega a Caracas y se instala en el departamento Kelly.

Ramón Prieto sostiene que por entonces el viajero ya estaba convencido que la salida era el pacto con Frondizi al igual que Gomis y Espejo.

En ese lugar se realiza una reunión con la presencia de Borlenghi, Saadi, Serú García, José Alonso, Gianola, Jesús H. Paz y Jorge Antonio, entre otros, a la que se agrega posteriormente Perón vestido de Guayabera y sonriente, como despreocupado, diciéndole a Borlenghi, que se lo conocía por un conversador compulsivo, «Vamos a dejar que hablen los muchachos, dos viejos como nosotros no podemos hacer más que escuchar» al tiempo que palmea su rodilla según recuerda el periodista Américo Barrios.

Alonso y Sevillano, por los gremios se pronuncian por el voto en blanco aunque acatarían la decisión si se decide otra cosa; Serú García, Saadi y Gianola por votar a un partido neoperonista, mientras que era conocida la postura de Jorge Antonio de votar por un militar o por el Dr. Solano Lima.

Perón no se pronuncia, incluso al despedirse desliza la posibilidad del voto en blanco.

No seguiría, no obstante, la postura de ninguno de ellos, mientras continúa con fuegos artificiales, pues ya no cabía duda que las posibilidades de recrear un estado insurreccional eran imposibles en tan poco tiempo y en esas condiciones.

Finalmente y a fines de diciembre con el cronograma electoral en marcha Perón manda un cable para que viaje el representante de Frondizi a Caracas.

Perón tiene tres reuniones en idéntica cantidad de días con Frigerio y Cooke, ordenándole a este redacte por escrito lo acordado en ellas «como un justificativo para la historia». Allí se definen los términos del pacto apremiados por el golpe de estado que se produce al día siguiente en Venezuela obligando a Perón a exiliarse en la embajada de la República Dominicana, pudiendo partir en un avión especial a Ciudad Trujillo, gracias a las gestiones del embajador después de superar complicadas situaciones.

Rápidamente se habían puesto de acuerdo en el tema petróleo, con el autoabastecimiento como objetivo y se suprimió un tema que Perón consideró contraproducente pues no hubieran dejado asumir a Frondizi si subsistía, que era el cambio de cúpula militar.

A fin de unificar a las fuerzas se declara que los partidos neoperonistas que pretendan seguir en el movimiento debían retirar sus candidatos, como así mismo debían renunciar a ellas los peronistas que habían aceptado candidaturas en otros partidos, dejándose frente al hecho concreto de la votación, en libertad de acción a la masa peronista, esto último tratando siempre de desorientar al gobierno que amenazaba con tomar medidas en contra de la UCRI, aunque la orden de votar, no escrita, vendría después por separado.

Américo Barrios, un reconocido periodista recuerda que la consigna era «derrotar al continuismo».

Sin consignar en el documento figuraban dos compromisos, el primero era que el embajador argentino en Estado Unidos sería designado de común acuerdo y que el Ministro de Trabajo debía reivindicar a los trabajadores.

Cuatro firmas lo rubrican, Perón, Cooke, por un lado y Frondizi, Frigerio por la otra, aunque la copia correspondiente a la UCRI solo con la firma de Frigerio fue llevada por este a Frondizi, quien en alguna oportunidad posterior la negara.

Cavalli, gremialista del petróleo viaja a ciudad Trujillo a buscar la orden y con Framini que había traído varios ejemplares distribuyen la misma junto a Eleuterio Cardozo, René Orsi, y otros sindicalistas y dirigentes.

Inclusive el día de la elección recorrían las mesas y las colas de votantes llevándose el dedo índice al nacimiento de la nariz para aumentarla al estilo Cyrano, para indicar que el voto era para el «narigón» como le decían a Frondizi.

El Almirante Rojas previendo el final quería dar otro golpe de Estado, mientras Aramburu sostenía que se debía negociar con Frondizi.

El resultado fue contundente y achicaba, por el momento, cualquier intento: la fórmula Frondizi-Gómez 3.989.478 y Balbín-del Castillo 2.526.611 con 800.000 votos en blanco.

El Frente Nacional, había triunfado impidiendo el continuismo y reconciliado a la clase trabajadora, la clase media ligada a la industria y el comercio y las actividades productivas, la clase media popular y la Iglesia que se habían encolumnado tras Frondizi, el que desarrolla después un gobierno especial, cumpliendo lo que pudo de los acuerdos, jaqueado por los militares y el antiperonismo, pero llevando al país a iniciar un desarrollo económico como no volvió a vivir después, no solo con el autoabastecimiento petrolero sino con el desarrollo de la incipiente industria pesada.

El pecado no fue pactar, el pacto es de la esencia de la democracia, es el acuerdo, el consenso en la diversidad; el pecado no fue no cumplir íntegramente el convenio por cualquier razón que fuera, el pecado fue no continuar insistiendo en ese camino.

Nunca mejor tiempo para recordar los versos de Marechal: «Si has pecado no llores peregrino:/ siempre existe en las sendas un Jordan/ ¡Purifícate y sigue tu camino/ sin mirar hacia atrás!».

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