Opina Flombaum: la tierra y la propiedad privada

OPINIÓN

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Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 7 minutos

El debate sobre la propiedad de la tierra es de larguísima data, no es un invento de Grabois ni siquiera de Marx. Se debate sobre el tema desde hace miles de años.

Relata: Martin Schlag: «Contra la idolatría del dinero».

La moralidad de la propiedad privada fue defendida por santo Tomás, que la basó en la razón natural haciéndose eco de Aristóteles. Sus argumentos:

  • La gente suele cuidad mejor de lo suyo. Poseer los bienes en común es ineficiente, porque cuando las personas tienen que ocuparse de algo que no les incumbe, acaban dejando el trabajo a los demás.

  • Cuando no existe la división de la propiedad, se genera confusión. Si todo el mundo sabe exactamente de qué tiene que ocuparse, trata las cosas mejor y de forma más ordenada.

  • Gracias a la propiedad privada, todo el mundo sabe lo que es suyo y está satisfecho con ello. Los bienes comunes indivisos entre los hombres pecadores generan frecuentes disputas y perturbaciones de la paz.

En su origen, la división de la propiedad privada no se debe al derecho natural, señala santo Tomás, porque, por naturaleza, no hay nada que pueda atribuirse de manera absoluta a nadie. La división fue una adición racional para un mejor cultivo de la tierra y un uso pacífico de las posesiones.

Ya desde el siglo XIII se define la propiedad privada como un instrumento eficaz para el bienestar del conjunto. Es decir, una forma de que se aproveche el recurso para el bienestar de la comunidad.

Luego con la llegada del capitalismo se incorpora a la propiedad privada como un bien de capital, en aquellos momentos uno de los dos factores de la producción, tierra y trabajo.

El proceso de desarrollo del sistema fue complejizando el uso de la tierra, alquileres, seciones, pero en definitiva era una forma de división de una unidad productiva.

Lo que se cuestionó desde los estados fue el no uso de la tierra, porque en definitiva si no se usaba para producir vulneraba el concepto de origen de la propiedad misma.

Los estados garantizaron el fin común del bien a través de impuestos, al gravar la tierra obligaba al propietario a hacerla producir por si o por un tercero.

Supuestamente de esa manera se garantizaba que esa tierra iba a cumplir con el cometido social de generar la riqueza para el conjunto.

Vayamos a nuestro país, el reparto de la tierra fue discrecional, como en casi todo el mundo occidental. El poder de turno repartió la propiedad. Como expresé anteriormente, nuestro país pasó por todo el proceso de debate y puja que terminó garantizando la producción de la tierra.

Es insostenible, en nuestro país, detentar la propiedad de la tierra y no hacerla producir. La última creación del estado, muy novedosa, fue el impuesto a la ganancia presunta.

Las leyes de trabajo hicieron que el mismo fuera protegido y regulado para garantizar un trabajo digno, estatuto del peón rural mediante, fue de tal magnitud la exigencia sobre los propietarios de la tierra que debieron garantizar por distintas formas la mejor y mayor productividad de esta.

Hoy aquellos viejos factores de la producción, tierra y trabajo son acompañados en forma cada vez más impactante por el conocimiento, expresado en la tecnología necesaria para alcanzar la necesaria productividad.

Sin ella el producido no alcanzará a pagar los impuestos nacionales, provinciales y municipales que gravan a la tierra.

Cuando los movimientos sociales impulsan la toma de tierras para comunidades productivas autosustentables, imagino que lo hacen suponiendo que el estado de alguna manera le subsidiará esos impuestos, lo que vulnerará la base misma de aquella definición primigenia sobre la propiedad, de garantizar la producción para beneficio del conjunto.

Esos movimientos en definitiva pretenden ser ellos los que distribuyan el producto de la tierra reemplazando al estado mismo. Esto los convierten en definitiva en anárquicos.

Lamentablemente, al plantear este tema de esta manera, aleja la posibilidad de debatir otro tema que poco tiene que ver con este. El de la distribución poblacional.

Hoy distribuir la población en más territorio no tiene absolutamente nada que ver con la propiedad de la tierra, influyen en esa decisión desde temas de hábitat hasta de seguridad, sanidad, productividad, racionalizar gastos en infraestructura, etc.

Argentina ha agolpado su población en pequeños territorios, construyendo en altura cuando nos sobra territorio. Otros países han distribuido su población de otra manera, sin violar un hecho incontrastable, el de la migración del campo a la ciudad en todo el mundo.

Alarma los avisos de poblados de Italia intentando repoblar poblados ofreciendo propiedades por un euro. Siendo ese país mucho más pequeño que el nuestro con una población mayor a la nuestra.

La robotización de la industria y la incorporación de la tecnología en la producción agropecuaria es necesaria para producir la cantidad de alimento y bienes necesarios para la comunidad toda.

Lo que sí debemos garantizar en nuestro país es que el hábitat y el acceso a la alimentación, vivienda, educación sea universal. Para eso la distribución territorial es una necesidad imperiosa.

Para garantizar estos derechos el primero y ordenador por excelencia, es el derecho al trabajo, yo lo llamaría obligación. Sin trabajo la vivienda es un problema no una solución la experiencia nos muestra que sin trabajo esos barrios son permeables al narcotráfico y a la delincuencia.

Este es el desafío, elaborar un plan global, no tomar tema por tema como si fueran compartimientos estancos.

El gasto en seguridad, infraestructura, servicios no cobrados, mala educación, ayuda alimentaria, etc., que genera la mala urbanización, alcanza y sobra para el desarrollo virtuoso de pequeñas nuevas urbes, con trabajo, circundantes a las grandes ciudades.

Proyectar mil ciudades jóvenes puede ser una epopeya en la cual todas las instituciones y ONG existentes se pueden comprometer para su realización.

Los países que no respetan la propiedad privada, para producir en forma eficiente para abastecer a sus comunidades de bienes o de recursos, recurren al autoritarismo.

Esta es una nueva manera de mostrar la verdadera antinomia de mundo todo, organizaciones centralizadas y autoritarias o sociedades de seres libres y organizados.

¡ARGENTINOS A LAS COSAS!

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: Preocupación y angustia

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