Renuncia Lukashenko y se refugia en Moscú

INTERNACIONAL

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100 días de protestas contra el presidente / Foto: Max Katz

Lectura: 4 minutos

En una entrevista de 4 horas con periodistas de Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, Kazajistán y Rusia, publicada en el sitio web Tut.by, ayer, el presidente de Bielorusia Aleksandr Lukashenko reiteró que no quiere seguir en el poder: «Simplemente me iré. La cuestión no tiene que ver conmigo, sino con ellos», dijo, refiriéndose a los que lo cuestionan. «Entiendes lo que sucederá: se harán pedazos entre ellos», dijo el batka (presidente) bielorruso.

Durante la entrevista, Lukashenko aseguró que su única preocupación es su pueblo: «He dado mis mejores años por este país, por eso me apego a él y trato de resistir, porque entiendo lo que va a pasar, y ustedes también lo saben». Aunque tales declaraciones ya son habituales en la retórica del «eterno presidente» de Bielorrusia, es la primera vez que menciona la posibilidad de emigrar: «Todo el mundo entiende que mi intención no es huir, y no lo haré. Cuando todo esté en calma y sereno, tomaré un avión y me iré. Iré a Rusia, para vivir y trabajar, gracias a Dios todavía tengo buena salud (es “un campesino sano”, zdorovyj muzhik)», dijo Lukashenko.

Respecto a estas declaraciones, muchos las interpretan como nuevas amenazas presidenciales, tales como «Me voy y verás que todo quedará en ruinas», para tratar de desorientar a la opinión pública nacional.

En cierto modo, también es un intento de desarmar las protestas, con la promesa de abandonar el país en breve. Por otro lado, el presidente bielorruso muestra que está buscando una salida para él y su familia, para sortear posibles represalias en caso de que se invierta el status quo (su hijo Nikolaj ya está estudiando en un instituto de Moscú).

Lukashenko sabe que ha perdido la confianza de su pueblo, como lo demuestran las visitas a las fábricas en las que ha sido abucheado abiertamente.

Detrás de todo esto, como es evidente, está la batuta rusa, que prepara la sustitución de Lukashenko en un plazo razonable, a fin de evitar consecuencias catastróficas tanto para los conflictos internos del país como para las represalias económicas de la comunidad internacional.

Una periodista, Katerina Shmatina, planteó una pregunta dramática y comentó «¿Qué país ha creado usted, si ahora dice que quiere irse?».

Mientras tanto, las protestas ya superan los 100 días consecutivos, desde el 9 de agosto, día de las cuestionadas elecciones presidenciales (fotos 2 y 4). Las manifestaciones no se detienen, pese a que ya han comenzado las heladas de otoño, típicas de la segunda mitad de noviembre.

También los Omon (guardias)continúan con los arrestos en masa, que incluyen la detención de varios periodistas. En los últimos días, la plaza central, rebautizada «la Plaza de los Cambios», devino escenario de nuevas persecuciones policiales, que culminaron con el asedio de casas particulares donde se habían refugiado los manifestantes.

La plaza estuvo custodiada por la policía durante todo el día el domingo y la noche siguiente; el asedio se levantó pasadas las 9 de la mañana del lunes 16 de noviembre.

La «presidente en el exilio», Svetlana Tikhanovskaya, se reunió el 16 de noviembre con los embajadores de Dinamarca, Noruega, Finlandia, Países Bajos, Suecia, Canadá, Irlanda y con los representantes del «Consejo de los Países del Norte».

Se debatieron nuevas sanciones económicas contra las empresas estatales de Bielorrusia y contra aquellas más vinculadas a Lukashenko, a fin de bloquear los programas de desarrollo financiero relacionados con el Estado y la cooperación con los bancos estatales, en particular el Belarus Bank y el Belagroprom Bank, el Fondo Rural.

Se espera que los países de la UE aprueben de un momento a otro un nuevo paquete de sanciones individuales y económicas contra el gobierno de Lukashenko. Tikhanovskaya dijo que una vez que el presidente Lukashenko huya del país, Bielorrusia acudirá a la Corte Penal Internacional para presentar cargos por genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

Otro artículo de interés: Bielorrusia es otro dolor de cabeza para Putin

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