Internet en la Luna, la opinión de Mariana Gonzalez

OPINIÓN

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Foto: NASA

*Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

Lectura: 6 minutos

La NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, por sus siglas en inglés), agencia gubernamental de Estados Unidos dedicada a la investigación aeronáutica y aeroespacial, firmó un convenio con NOKIA, empresa dedicada a las comunicaciones y a la tecnología con sede en Finlandia, para instalar una red 4G en la luna en 2024 a cambio de 14 millones de dólares. Además, asignaron 370 millones de dólares a otras catorce empresas estadounidenses para implementar diversas tecnologías en la superficie lunar. O sea, Internet en la Luna, a lo que cueste.

«Juntos, la NASA y la industria están desarrollando una variedad de capacidades listas para misiones para respaldar una presencia sostenible en la Luna y futuras misiones humanas a Marte», informó Jim Bridenstine, administrados de la NASA. El objetivo es mejorar las comunicaciones entre astronautas, sus lugares de asentamiento en la Luna y los vehículos espaciales. Serviría para transmitir datos, videos, imágenes, voz y texto más rápido y con mejor calidad; para controlar en forma remota los vehículos espaciales; tener un sistema de geolocalización, enviar información biométrica y telemétrica.

Los retos son varios y difíciles, todo el equipamiento deberá ser lo suficientemente pequeño para poder ser transportado en cohetes y deberá adecuarse a las temperaturas extremas y a la diferente gravedad de la Luna. Marcus Weldon, Director de Tecnología de Nokia, declaró que «las redes de comunicaciones confiables, resistentes y de alta capacidad serán clave para respaldar la presencia humana sostenible en la superficie lunar» y «plantar una vez más la bandera de la innovación pionera más allá de los límites convencionales».

Si tenemos presente que, como informa la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), recién para 2050, se va a lograr que al menos el 90% de la población de la Tierra, acceda a Internet, porcentaje que hoy supera levemente el 50%, nos preguntamos si están bien asignados esos recursos. La grave brecha que se está evidenciando entre los pueblos con acceso a Internet y los que no, y que se traduce en falta de oportunidades, de educación, de desarrollo, y todo lo que de esas carencias se desprende nos cuestiona la ética de esos proyectos.

El año pasado, el presidente Donald Trump, firmaba un presupuesto adicional de 1.600 millones de dólares para las NASA para este año, para iniciar el proyecto «Artemisa», la vuelta a la Luna, después de 50 años incluida, por primera vez, una mujer; convertido en una campaña #Moon2024 y un slogan «Vamos a ir».

Xi Jinping también tiene su slogan «sueño del espacio» y objetivos muy pretensiosos, una estación espacial en la Luna y enviar una misión tripulada hacia el satélite natural de la Tierra hacia 2029. En las últimas horas ha lanzado con éxito una misión lunar, para traer a la Tierra rocas y muestras lunares, solo conseguido por Estados Unidos y la ya inexistente Unión Soviética. Anteriormente habían logrado alunizar y enviar imágenes del lado oculto de la Luna.

¿Qué nos dejó la anterior campaña de pisar suelo lunar? En apariencia nada en forma directa, excepto del gol que significó contra Rusia en plena guerra fría. Sin embargo hay muchos desarrollos indirectos que fueron necesarios para esa epopeya y que hoy nos son útiles en áreas como la informática, la robótica, la aeronáutica, las telecomunicaciones, la miniaturización, etc.
Pero, obviamente, no es por eso que lo hacen.

Esta carrera espacial renovada y con un país protagonista nuevo tiene muchas metas, desde políticas internas para apoyar campañas, como geopolíticas y nuevas guerras frías, como comerciales: Richard Branson y Elon Musk multimillonarios empresarios exitosos están invirtiendo montos exorbitantes en negocios espaciales para armar la industria de viajes interplanetarios. Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, dueño de Amazon, también se sumó, es el dueño de Blue Origin, empresa dedicada a la investigación y puesta en marcha de la industria espacial con transporte a Marte, satélites orbitales y vuelos espaciales humanos.

Pero, detrás de todo eso, está la incalculable riqueza en minerales del suelo lunar, además del agua, recientemente descubierta.

Martin Elvis, astrónomo del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, dijo en un comunicado «Mucha gente piensa en el espacio como un lugar de paz y armonía entre naciones. El problema es que no hay una ley que regule quién puede usar los recursos, y hay una cantidad significativa de agencias espaciales y otras en el sector privado que tienen como objetivo aterrizar en la luna en los próximos cinco años».

Aunque existe el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967, que prohíbe la apropiación nacional «el espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera», firmado y ratificado por 110 países entre ellos todas las grandes potencias y 23 solo firmado, éste habla de no reivindicar para sí ningún cuerpo extra terrestre, pero no habla de la explotación de esos cuerpos por lo que lo hace muy poco sólido. Jim Bridenstine enuncia «Estamos totalmente de acuerdo con eso y lo aceptamos. También creemos que, al igual que en el océano, se pueden extraer recursos, pero eso no significa que seas dueño del océano. Deberías poder extraer recursos de la Luna. Poseer los recursos pero no poseer la Luna», suena hipócrita.

La brecha entre los países dominantes y los «otros» se hace cada vez más dolorosa.

Se ve difícil de lograr la firma de un acuerdo que siente las bases para la explotación de los recursos lunares que signifique beneficios para la humanidad toda y no solo para las naciones o los privados con recursos para obtenerlos.

La Luna es el satélite de la Tierra, de toda la Tierra.

*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.

Otro artículo escrito por Mariana Gonzalez: Recuperando Internet

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