Kazajistán recibe refugiados maltratados en China

INTERNACIONAL

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Foto: Ceyhun Kavakci

Lectura: 5 minutos

Kazajistán decidió conceder el status de refugiado a cuatro chinos de origen kazajo, que huyeron de Xinjiang para evitar las persecuciones que sufren opositores y religiosos al régimen de Beijing.

La decisión (tomada el 24 de diciembre) causó estupor en la opinión pública del país, y sacó a relucir el descontento de los kazajos con China. Muchos partidos acusan a los chinos de oprimir a los musulmanes de Xinjiang en campos de trabajos forzados, que Beijing denomina «centros de formación laboral».

Según el director de Future Risk, Tristan Kenderdine, entrevistado por Radio Azattyk, un medio local, la elección no depende de la oposición a China, sino «de los procesos sociales internos de Kazajistán. En lugar de una política basada en reacciones aleatorias, se está esbozando una estrategia para redefinir las relaciones con China y controlar la huida de los kazajos de Xinjiang.

Hasta ahora, a estos últimos se los denominaba oralmany, «los que regresaron». En cambio, una reciente decisión oficial ha cambiado el término por kandasy, los «parientes de sangre», para referirse a una comunidad menos vinculada a las condiciones de los países extranjeros en los que viven más de 4 millones de personas de etnia kazaja.

Los kandasy podrán obtener la ciudadanía kazaja bajo el jus sanguinis en lugar del jus fugae, restableciendo el ideal del «gran Kazajistán» más allá de las fronteras.

Sin embargo, no todos los kazajos en el extranjero desean volver a su tierra natal: en muchos casos, la consideran un territorio ficticio creado por los soviéticos. Muchos kazajos se sienten como en casa, ya sea en Xinjiang, Mongolia o Uzbekistán, aunque las políticas locales no cesan de ponerlos a prueba recurriendo a las restricciones y formas de opresión más variadas que toleran con mucho sacrificio.

Por tanto, se está ante la encrucijada entre una opción «nacionalista», que propone al Estado de Kazajstán como el único «hogar seguro» para todos los kazakos, y otra de «expansionismo cultural», que quiere apropiarse de alguna manera de la diáspora étnica kazaja allí donde se encuentre.

Esta alternativa, que el país ha estado discutiendo desde el fin de la Unión Soviética, debe lidiar con la nueva política china de «homogeneización» de todas las nacionalidades dentro del imperio «Sinizado». De un lado y del otro, el modelo de referencia sigue siendo el soviético, con la rusificación de todas las etnias locales en virtud de la «misión histórica» rusa: a 30 años del fin de la URSS, los vientos de restauración de la mentalidad imperial-socialista soplan desde varias direcciones.

Sin embargo, un factor decisivo es la situación económica, que actualmente es mucho más robusta en China que en Kazajistán. A pesar de sus pretensiones, Nursultán sigue siendo una capital subdesarrollada. En 2019, cuando tomó ese nombre y abandonó el de Astaná, se tomó la decisión de convertirla en la vitrina del «nuevo Kazajistán postsoviético».

El nuevo nombre en honor del «eterno presidente» Nazarbáyev reaviva este proyecto, que sin embargo no va más allá de unos pocos palacios de gobierno ultramodernos. Para los kazajos que viven en el exterior, las demás ciudades históricas como Almaty o Karaganda siguen siendo «ciudades rusas» de impronta soviética, grises y poco atractivas.

Los kandasy también deben lidiar con una dificultad cultural: el desconocimiento del ruso, el principal idioma hablado por la población local, especialmente en las ciudades más pequeñas, a pesar de todas las políticas para promover el idioma nacional, el kazajo.

En el extranjero, los kazajos también suelen obtener una educación muy superior a la que podrían recibir en su patria histórica, de regresar a ella. Mucho dependerá también del desarrollo de la nueva Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative), que además de infraestructura planea instalar nuevas líneas de producción industrial, especialmente en el Asia central y en Kazajistán. China necesita cerrar muchas de sus numerosísimas fábricas y abrirlas en países menos desarrollados, con menores pretensiones laborales, vinculados a sus proyectos.

Por otro lado, la Ruta de la Seda ha perdido mucha fuerza en los últimos dos años, tras la considerable merma en las inversiones que China había previsto en un principio.

Esto deja en la incertidumbre al gobierno de Kazajistán y a los demás países implicados, que hoy deben optar por volcarse a Oriente u Occidente, a Rusia o a la Unión Europea. Una cuestión que no concierne solamente a algunos Kandasy, sino a todo Kazajistán, que debe decidir su destino.

Otro artículo de interés: China rechaza acusaciones sobre pesca internacional con trabajo forzoso

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