Opina Flombaum: 2021, a ganar, ¡¡a ganar!!

OPINIÓN

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Foto: Kurious from Pixabay

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 6 minutos

Comenzó el nuevo año, más del 80% de los argentinos encaramos el año con objetivos muy claros.
Juntos vamos a superar el desafío de la pandemia.

Juntos y solidarios vamos a vacunarnos para retornar a una vida mejor.

Juntos vamos a repensar un país que tiene muchas reservas de todo tipo, morales, anímicas, culturales y de DÓLARES.

Juntos vamos a potenciar la capacidad productiva de nuestro campo para generar alimentos para el mundo y desarrollar nuestra potencialidad en la industria del conocimiento.

Juntos vamos a pensar como expandir nuestra capacidad de recibir al turismo mundial con nuestra probada bonhomía para atender al diverso.

Pero NO, no nos entusiasmemos, la oligarquía política enquistada en la conducción de nuestro pequeño, devaluado y corrupto Estado, también está pensando en ganar, pero en sus rencillas por el poder restante que le queda en ese cada día más pequeño y destructivo estado.

Es un año electoral, como todos los impares, cosa a corregir.

Uruguay, aquí no más, nos muestra un modelo que es muy bueno. Todos los cargos electivos duran 5 años. Las elecciones presidenciales son en fechas distintas a las de los jefes comunales. Los presupuestos se aprueban el primer año de gobierno con un plan quinquenal, que puede tener ajustes anualmente.

Simple, pero perfecto.

Estimado lector, cada vez que Ud. lea una noticia promovida por algún integrante de la oligarquía política, piense que es para lograr defender, mejorar y asegurar un futuro mejor a ellos mismos.

Ninguna, absolutamente ninguna idea será independiente de sus propios intereses, no se deje confundir.

Avancemos en propuestas. Busquemos, exploremos, desarrollemos cualquier idea que independiente del estado corrupto pueda hacer crecer nuestra economía, nuestra educación, nuestra cultura, nuestra salud. Cualquier recoveco es bueno.

Todo a la espera que el pequeño estado remanente se quede sin recursos y cual caníbales los integrantes de esa oligarquía se coman entre ellos.

Se fagociten junto con los amigos empresarios prebendarios que sin el estado no pueden subsistir, junto con los sindicalistas que viven del favor de las regulaciones que, en lugar de promover y desarrollar los trabajos de sus defendidos, solo garantizan sus cuentas bancarias. Junto con los funcionarios que necesitan del favor del «príncipe» para cobrar el sueldo de fin de mes.

Podría seguir detallando, pero se entiende fácil, se caerán todos aquellos que no produzcan por lo menos lo que consumen, tal cual me enseñaron de niño. Exceptuando a los niños y los ancianos que deben ser protegidos por la comunidad toda.

Mientras eso sucede la comunidad en anarquía, pero sin descanso avanza en lograr objetivos que le permitan, resguardarse del asalto diario del estado estafador.

Creerán que o soy anarquista o libertario, Nada más lejos, soy admirador de los países que tienen estados fuertes, que equilibran, que garantizan igualdad de oportunidades, que promueven todas las actividades que mejoren la vida del conjunto, que garanticen igualdad en las oportunidades en educación y en salud, que garanticen una justicia efectiva ante el delito y la violencia y fundamental que no admiten monopolios que se benefician a costa del esfuerzo de los consumidores.

Escondidos atrás de esos objetivos que recitan como niños un poema memorizado, están los que se abusan del poder para sus propios intereses y han dominado el poder y se enquistaron en la política.

La política es un acto de servicio, para perder en lo personal, no para ganar. Si ese político cumple con su servicio al finalizar su función la comunidad lo premiará con el prestigio y seguramente las oportunidades para mejorar en todo lo demás se presentarán a raudales.

Con el ejemplo y la buena administración, la sociedad anómica, desordenada y fronteriza respecto del cumplimiento del orden institucional se irá recuperando.

Llevará años, porque fueron muchos los que el atraco del estado sumergió al pueblo, atraco ejecutado por una generación fracasada que construyó una memoria colectiva de desconfianza.

Primero fue la violencia ideológica importada de conflictos que nuestro país no tenía y que devino en la violencia ilegal del estado para enfrentarla. Luego una dictadura innecesaria dominada por un partido militar antinacional y corrupto. Luego llega la democracia y muy lentamente pero sin pausa, el poder fue cooptado por una generación de dirigentes que habían perdido toda capacidad de sacrificio por el prójimo.

Aparece una nueva generación en la política, muchos, más de lo esperado, son continuadores de esta y desgraciada oligarquía, al ser jóvenes deben saber que los recursos con los cuales se encontraron los de la generación anterior ya no están. Que no van a poder repetir el latrocinio de sus antecesores, no encontraran mucho para alimentar sus intereses personales.

Esos jóvenes, si tienen vocación política en serio, deberán ser parte de una gesta que solo sabrá de esfuerzo, sacrificio y ante todo una sobre dedicación a consolidar la confianza del soberano con una ética y una honradez supina.

Deberán saber que las reservas que sus mayores quieren administrar a través de regulaciones, cepos, nuevos impuestos, etc. no estarán disponibles.

Si pueden estar las que los argentinos guardaron hábilmente en distintos recovecos, pero para conquistarlas deberán ganarse la confianza.

Dura tarea, no imposible, pero tan dura como la de reconstruir un país que quiso ser nación y que nunca lo logró.

ARGENTINOS A LAS COSAS.

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: Un país rico en reservas

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