Todos en la línea de largada, opina Hugo Flombaum

OPINIÓN

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En campaña: presidente argentino, Alberto Fernández / Foto: Casa Rosada (Presidencia de la Nación)

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 6 minutos

Marzo de un año electoral, la bandera a cuadros marca la largada de una carrera hacia la meta, el acto electoral. Todas las actividades, decisiones y esfuerzos están puestas en función de esa meta.

Parece una locura, pero es una más de las características que separan a los políticos de la gente que cada día se levanta con la preocupación de cuidar la salud, la educación, la seguridad y la alimentación de la familia en su conjunto.

Son muchos los políticos que hablan de hacer una reforma que permita espaciar las elecciones, para de esa manera tener un lapso que permita coincidir en las ambiciones de los gobernados con los aspirantes a ser gobierno.

Insisto en una idea, con copiar a nuestros vecinos de Uruguay alcanza y sobra, no necesitamos grandes elucubraciones. Períodos de 5 años, sin reelección, para todos los cargos ejecutivos, el mismo plazo para los legislativos. Elecciones de autoridades, allí departamentales, aquí provinciales, también cada 5 años, pero en fechas diferentes.

Simple, con ese plazo las ideas no tienen que limitarse a realizaciones de dos años, los presupuestos pueden ser quinquenales, con certidumbre y metas que permitan planes.

Para encarar esas reformas hay que poder consensuar, en nuestro país ni siquiera se puede hablar de cómo garantizar entre todos la compra de vacunas para enfrentar una pandemia, tampoco de cómo aplicar las escasas vacunas con las que se cuenta.

Todo es pasto para la lucha política, todo se embarra en el lodo de la mezquindad y la mediocridad.

Lamentablemente esa pelea es ejecutada por políticos profesionales y aclamada por tribunas de fans que ciegamente aclaman a una u otra facción como si en esa pelea no se esté jugando nuestro presente y el futuro de nuestros hijos.

Lo rico de una lucha política siempre fue el debate sobre ideas, proyectos, posicionamiento en el mundo, con la premisa de que el disenso enriquece, aquí debaten sobre culpas del pasado y compiten en cómo llevar más dadivas.

Para colmo muchos lo hacen en nombre de quienes aborrecieron la beneficencia diciendo, «prefiero dar una máquina de coser y no una limosna». Rompen día a día con la cultura del trabajo, columna vertebral de cualquier posibilidad de desarrollo.

Hablan de emergencia, saltan de una a otra, para estar cubiertos en las formas, pero profundizando un pozo del cual, para salir, el esfuerzo y el sacrificio será tan grande como grande será la responsabilidad de los que nos llevaron a ese lugar.

Si alguien piensa que ese esfuerzo se hará con el dinero de los que se pudieron salvar de la decadencia son unos ilusos. Para ganar la confianza de ese sector privilegiado y contar con sus inversiones, la prueba será dura, larga y difícil. Esos argentinos no creen, perdieron toda esperanza, sacaron del sistema todo lo que pudieron y para traerlo piden garantías y ganancias descomunales.

El esfuerzo deberá ser colectivo, a base de trabajo y sacrificio. Aunque no sea merecido, por aquellos que no son los culpables de la decadencia, pero será insustituible.

Ya los manotazos a los que acaudalaron reservas se agotaron, no hay más, no apostarán nunca más, borremos ese espacio como posible, algunos creen que eso es malo, no lo es, así comenzaron nuestros abuelos, sin nada, solo con la garantía de que trabajando alcanzaba para progresar.

Será imperativo que la corrupción, aun en el menor de los grados, deberá ser penada con la máxima condena social y de prisión, el corrupto por suerte ya no puede caminar por la calle, ni ir a un lugar público, ese será el comienzo de su cadalso.

Sin premios y castigo no habrá futuro, pero ambos deberán ser convalidados por la comunidad, si la comunidad no los convalida y nacen como parte de una componenda de oligarcas, o como venganza de facciones, todo se perderá en una nueva frustración.

Este proceso virtuoso lo vemos lejos e imposible, pero será la única salida posible a la crisis que se avecina.

Ya sin cantos de sirena, ya sin marchitas ni antimarchitas, con individuos informados, con el poder que la comunicación les dio para saber, conocer y opinar.

Los que piensan que los pobres son despreocupados, incultos, manejables, no conocen, no saben que tienen opinión, en general es más incrédulo el que aún es parte del sistema y tiene para perder que el que ya perdió todo.

El desamparado por el sistema no es un ausente, es el que vive en la informalidad, maneja sus ingresos y sus necesidades sin dar cuentas a nadie.

Ese informal, para que retorne a la formalidad, deberá ser convocado a un proyecto que no lo defraude, sino sólo se prestará para sacar algún provecho, pero no pondrá ni su voluntad ni su espíritu, seguirá en la informalidad, espacio en el cual su libertad no es cuestionable.

Huelen al embaucador, no necesitan ni siquiera escucharlo, con la mirada, con la manera en que estrechan la mano, les alcanza para saber si los vienen a usar o a convocar a un proyecto que los incluya.

Los políticos están en la largada de un circo que cada vez tienen menos acróbatas y más payasos y de menor calidad y con menos espectadores. Se quedarán solos, sin recursos, el latrocinio necesita de bienes públicos a los cuales robar, ya no quedan y los recursos privados que quedan a su alcance escasean. El fin les está llegando, sin violencia, solo con indiferencia.

Un pueblo necesitado de amor y de guía, espera, desconfiado, pero sin otro camino que la expectativa. En otros países, o en otras épocas hay o había atajos, revoluciones, golpes militares, nuestro país los agotó en su camino de continuados fracasos.

Solo queda ganar por agotamiento, no falta mucho.

La elección de octubre será una nueva foto, que durará un momento. Solo se discutirá quienes se harán cargo de la administración de la decadencia.

ARGENTINOS A LAS COSAS

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: La política atrasa, opina Hugo Flombaum

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