El Entretiempo, la opinión de Antonio Calabrese

OPINIÓN

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Foto: S. Hermann & F. Richter en Pixabay

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

(Con motivo de la lectura del libro del expresidente, dedicamos esta breve reflexión a la generación de nuestros hijos, aquella que aún tiene esperanzas de recuperación).

Lectura: 7 minutos

Estamos en los vestuarios, analizando el partido jugado en el «Primer Tiempo».

Durante su transcurso yo estaba en la cancha, como tantos otros, oficiando de «alcanzapelotas». No por estatura etaria sino por estatura política.

Las buscábamos del foso que circunda el campo de juego cuando los jugadores se «la sacan de encima» tirándola afuera o en las gradas, cuando «la mandaban a la tribuna» los «fullback» como último recurso defensivo.

Previo a la iniciación del análisis general, como todo buen director técnico, sin entrar en detalles que excederían estas líneas, recordamos el partido que toca jugar a la Argentina, que cuando cayó Isabel, su primera Presidente mujer, hace casi 50 años, en 1976, tenía en su población el 4% de pobreza, años después cuando se van los militares, en 1983, el 16% y hoy llega al 45% medido generosamente, pese a las 4 décadas de renovada democracia.

El campeonato se juega por la reducción de la pobreza, según afirmó acertadamente el presidente de entonces.

Es clara la aceleración de la degradación del nivel de vida.

Este es el cuadro de situación de un país desbarrancado.

De la lectura del texto de su autoría, se deduce que con «sinceridad», es decir sin mentir, a diferencia de quienes han hecho de la palabra, en su adverbio, solo un título para otro libro, el último expresidente reconoce algunos errores y recuerda sus aciertos.

Más allá de mencionar laudatoriamente a personajes que desde nuestra óptica, fueron nefastos para su gestión y que, en gran parte, generaron las condiciones para su derrota, cuestión que dejamos, en todo caso, al estudio de sus conmilitones, podemos afirmar que no se advierte lo que consideramos un error fundamental, como es el de pretender gobernar solo con la mitad del país a su favor, con la otra mitad en contra.

No alcanza con la invocación al dialogo o la intención de hacerlo, inclusive con haberlo logrado esporádicamente.

Es la misma equivocación que también comete el peronismo, que cuando gana «va por todo» barriendo con los derechos de las minorías y que sus diferentes adversarios (el Radicalismo, la Alianza) repiten en una versión más benigna cuando triunfan, pensando que ya lo han derrotado definitivamente ignorándolo, suponiendo que ese fantasma no volverá más.

Algunos, con gran superficialidad, llaman «grieta» al fenómeno.

Este problema lo viene padeciendo la nación, desde hace un siglo cuando éramos uno de los diez países más importantes del mundo.

Desde entonces el descenso nacional fue una constante.

De esa forma «No se puede», para decirlo bastardeando la consigna de campaña, referida al «Si se puede».

Entendemos que diagnosticado o reconocido el mal, en la tolerancia perdida, el diálogo concreto y el consenso inteligente podría encontrarse la solución sin necesidad de la pretenciosa convocatoria a una unidad o uniformidad nacional, poco menos que imposible de conseguir.

Una expresión de este llamado a la convergencia podría ser un «Acuerdo o Convenio básico» de gobernabilidad que con humildad, debe encarar quien gane una elección que no supera, o si lo hace es por escaso margen, el 50% del electorado.

La demostración de la persistencia del problema, que repite el actual gobierno, a pesar de la genuflexión y obsecuencia de sus fanáticos, que de un error son capaces de imaginar una gesta patriótica para ocultarlo, pero que mientras no lo reconozcan lo seguirán teniendo, tanto ellos, como los que vengan.

Por eso dedico a las nuevas generaciones esta pequeñísima grajea, lejos del pragmatismo egoísta, suicida, de las que nos precedieron, incluida la propia.

No es un acuerdo o arreglo con un sector, para aprobar un empréstito, o para sacar adelante una política energética, o bajar los impuestos a los productores de granos.

De estas cuestiones y otras similares, se ocupan las mayoría circunstanciales, en la política parlamentaria.

Nos referimos a un acuerdo macroeconómico, de política social, de seguridad, de educación, etc., basado en puntos concretos y conexos, que son de interés de todos.

Se trata de un proyecto general sobre políticas públicas determinadas. Donde se cede en algunas cosas para obtener otras.

Sobre el resto de las múltiples cuestiones a enfrentar por el gobierno, el ganador resolverá como le parezca según su derecho.

Se puede contemplar en ellos desde la política cambiaria a la fiscal, desde el gasto público a la reducción de los subsidios, desde la actualización de la currícula en la educación en todos los niveles, a la política de seguridad y la lucha depredadora contra el narcotráfico y el terrorismo, desde un cambio de cultura que va de la igualdad inicial de oportunidades para todos a la meritocracia, premiando el desarrollo y la evolución, promoviendo la cultura del trabajo.

No es tampoco algo nuevo, aunque sea original para el país, otros ya lo hicieron y siempre con resultados favorables.

A este «Acuerdo Básico», que propondrá al menos una de las partes, se lo debe tener redactado desde el principio, en sus objetivos o puntos esenciales, para legitimarlo con el voto triunfante, debiendo ser convocado el mismo día en que el ganador se hace cargo de la Casa Rosada, para completarlo.

Si triunfa el partido que no lo proponga y no lo hace llegado al gobierno, seguiremos sin avanzar.

Deberá invitarse a la CGT, las corporaciones empresariales, a todos los partidos derrotados que pasan a constituir la oposición, a fin de discutir los temas agendados, para resolver, con suerte, por unanimidad en algunos, atendiendo al resultado de las urnas, en otros por mayoría, pero con la participación y la firma de todos, aun con la de los que no están de acuerdo, si fuera posible, expresando sus disidencias.

Cada uno de los puntos será expuesto a la difusión y conocimiento público ampliamente con los proyectos de decretos y resoluciones, en su caso, o de leyes que el gobierno enviará al parlamento, en donde podrán ser enriquecidas por los legisladores, para evitar las fugas por mezquinas o demagógicas conveniencias de último momento.

El esquema es difícil, sobre todo para la incredulidad, desesperanza e indiferencia de los «alcanzapelotas» que lo miran con sorna, a pesar de que si no se cumple, nunca jugaran en primera.

Será la única manera de empezar el «Segundo Tiempo» con alguna probabilidad de cambio.

Aunque diluvie y se embarre la cancha, disfrutaremos los colores de la lluvia.

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