Más recursos para deuda histórica de países emergentes

INTERNACIONAL

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Reunión virtual de ministros de finanzas / Foto: International Monetary Fund

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Los titulares de las carteras de Finanzas del G20 acordaron el viernes aumentar los recursos del Fondo Monetario Internacional (FMI) en 650.000 millones de dólares, para que pueda ayudar mejor a los países vulnerables a combatir los efectos de la pandemia, aseguró el ministro italiano de Economía, Daniele Franco, en una rueda virtual.

Los ministros han coincidido en que es necesario mantener los planes de estímulos para fomentar la recuperación tras la pandemia y que una retirada prematura de los mismos frenaría este proceso, al tiempo que han debatido la posibilidad de imponer un impuesto de sociedades global, aunque este asunto seguirá sobre la mesa en la reunión que mantendrán en Venecia (Italia) en julio.

«Celebramos el progreso logrado por la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda para facilitar un mayor gasto relacionado con la pandemia (…) A la luz de la persistencia de importantes necesidades de liquidez relacionadas con COVID-19, acordamos su extensión final por seis meses hasta finales de diciembre de 2021», según un comunicado oficial.

Los ministros y gobernadores de los bancos centrales también han reiterado su llamamiento al sector privado para que se sume en «condiciones comparables».

«Esta extensión final permitirá a los países beneficiarios movilizar más recursos para hacer frente a los desafíos de la crisis y, cuando proceda, adoptar un enfoque más estructural para abordar las vulnerabilidades de la deuda, incluso a través de un tramo crediticio superior de calidad respaldado por el FMI», se indica en el comunicado.

Han compartido que es necesario intensificar su «apoyo a los países vulnerables a medida que abordan los desafíos asociados con la pandemia de COVID-19» y, en este sentido, han hecho un llamamiento al FMI para que «presente una propuesta integral para una nueva asignación general de derechos especiales de giro (DEG) por valor de 650.000 millones de dólares», que mejoraría la liquidez mundial y ayudaría a la recuperación mundial.

«También invitamos al FMI a presentar propuestas para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas en el uso de los DEG, al tiempo que se preserva el activo de reserva característica de los DEG», subraya el comunicado.

«Paralelamente, pedimos al FMI que explore opciones para que los miembros canalicen los DEG de forma voluntaria en beneficio de los países vulnerables, sin retrasar el proceso de una nueva asignación», añade.

El Banco Mundial está en el mismo rumbo, así como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el G20, que agrupa a grandes países industrializados y emergentes. El objetivo es ayudar de la forma más efectiva posible a los países más endeudados durante la pandemia de coronavirus.

Esta vez también están en el mismo barco los chinos, de quienes nadie sabe a ciencia cierta a cuánto ascienden los préstamos que han concedido a los países pobres de África y otros lugares. Y ya no se trata de cómo los países pobres pueden reconstruir sus devastadas finanzas públicas, sino de las posibilidades de seguir siendo sostenibles.

La crisis ha afectado a prácticamente todos los países, pero a unos más que a otros. La organización católica de ayuda Misereor y la iniciativa Erlassjahr.de afirman en su informe sobre la deuda de 2020 que 124 de los 154 países en desarrollo y emergentes examinados están gravemente endeudados.

En total, la deuda externa de todos los países considerados en el informe asciende a 7,81 billones de dólares estadounidenses.

Ya en noviembre, Zambia cayó de la cuerda floja y dejó de pagar sus bonos del gobierno denominados en dólares. Pero, ¿cómo es posible que un importante productor de materias primas como Zambia, uno de los diez mayores productores de cobre del mundo, ya no pueda pagar sus deudas? Y eso después de haber obtenido hace apenas diez años una reducción de su deuda desde el 200% del producto interior bruto (PIB) hasta poco menos del 20%, en el marco de la iniciativa HIPC (Highly Indebted Poor Countries), para países pobres altamente endeudados, y a la posterior MDRI (Multilateral Debt Relief Initiative).

Diez años después, el coeficiente de endeudamiento de Zambia ha vuelto al 120% del PIB. ¿Puede explicarse esto únicamente por los años de bajos precios del cobre?

Entre los factores de riesgo para el endeudamiento excesivo, Erlassjahr.de y Misereor enumeran no solo la gran necesidad de inversiones en infraestructura y la excesiva dependencia de unas pocas materias primas de exportación, sino también una «débil gobernanza en algunos países del Sur», que refuerza «la tendencia hacia una deuda insostenible».

Durante muchos años, la economista especialista en desarrollo Dina Pomeranz, de la Universidad de Zúrich, ha estado investigando las razones por las que muchos países siguen llegando una y otra vez a su límite financiero. Su tesis central: ningún Estado moderno puede subsistir a largo plazo sin un eficaz sistema fiscal.

Una mirada a los países a los que les resulta particularmente difícil pagar sus deudas revela una correlación entre altos ingresos fiscales y altos niveles de prosperidad.

«Cuando le cuento a la gente que investigo sobre países en desarrollo, les parece fascinante y me dicen cuán importante es esta labor social… cuando añado que me ocupo de cuestiones fiscales, ponen los ojos en blanco y preguntan que por qué me preocupo de los impuestos mientras la gente tiene hambre, necesita educación, atención médica y seguridad», recuerda Pomeranz, citada por la DW recordando que se formó en la Universidad de Harvard, donde luego se convirtió en una de las profesoras de Economía más jóvenes antes de mudarse a su tierra natal en Suiza.

Según la economista, la conexión entre impuestos y desarrollo le resulta obvia. «Para poder ocuparse de tareas como la educación, la atención médica y las infraestructuras, un Estado tiene que recaudar impuestos», dice Pomeranz. «Para mantener la ley y el orden y tener un estado que funcione, se puede decir que ningún Estado moderno puede existir a largo plazo sin un sistema fiscal eficaz», concluye.

En un seminario web del Centro para el Estudio de las Economías Africanas de la Universidad de Oxford, Pomeranz recordó que los países industrializados como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Suecia todavía podían tener en la década de 1920 impuestos que representaban entre el 10 y el 20 por ciento de su PIB. Un valor que corresponde aproximadamente al porcentaje de recaudación fiscal de los países en desarrollo y emergentes de hoy.

Un sistema fiscal justo también fortalece a la comunidad y la hace avanzar. Si determinados grupos o empresas individuales no pagaran impuestos en un país, mientras que al mismo tiempo se pidiera a muchos otros contribuyentes que sí lo hicieran, se dañaría considerablemente la cohesión de la sociedad a largo plazo. De esto está convencida Pomeranz.

Ahora, durante la pandemia de COVID-19, saber esto no ayuda a la gente en los países sobreendeudados. Para poder hacer frente a los enormes retos del sector social y de la salud, sus países necesitan ayuda financiera lo antes posible. Pero, a largo plazo, probablemente no haya otra forma de enderezar las finanzas públicas de los países con sobreendeudamiento crónico, no solo en África, sino también en Europa y el resto del mundo.

Otro artículo de interés: Deuda más pandemia acorralan a países emergentes

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