Democracia e instituciones, la opinión de Hugo Flombaum

OPINIÓN

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Foto: Clker-Free-Vector-Images en Pixabay

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 6 minutos

Las formas no garantizan la calidad de las instituciones ni los resultados de los objetivos anunciados.
En treinta y nueve años de democracia logramos terminar con la violencia y los asesinatos, pero en lo institucional no solo no avanzamos, sino que retrocedimos y en la corrupción hoy somos el mal ejemplo mundial.

Si alguien cree que el fortalecimiento institucional es el acto electoral no comprende lo que es una institución. Nadie puede decir que Rusia o China son países democráticos, pero nadie puede dudar de que sus instituciones son sólidas y eficaces.

Una institución es un organismo público o privado que ha sido fundado para desempeñar una función. En nuestro país las instituciones han dejado de cumplir con su cometido.

Eso es lo que ha caracterizado a nuestro país desde 1975 hasta nuestros días, más allá de que las autoridades hayan sido elegidas o impuestas.

Grupos facciosos tomaron las instituciones públicas para sus intereses particulares,
La «democracia» subsiste en la obligatoriedad del voto, antes esperado y festejado hoy despreciado, y en las pseudo organizaciones facciosas llamadas partidos políticos que no tienen ningún mecanismo de participación transparente y que se convirtieron en verdaderas asociaciones de captación de votos a cambio de dádivas o negocios.

El estado nacional no existe como tal. No tiene ningún organismo que piense y desarrolle tareas que tengan un horizonte mayor a la próxima elección. Algo esencialmente contrario a lo que representa un estado, que planifica, organiza, administra y controla las actividades públicas a plazos diferentes de la política.

Lo único que liga a las provincias con la Nación es el reparto de impuestos y las partidas de dinero que logra a cambio de votos en el parlamento nacional y de las genuflexiones a los gobernantes de turno.

No hay ningún plan nacional, solo obras impulsadas por los gobernadores o por negocios con contratistas.

Lo realmente preocupante es que en este momento se requiere de la planificación para la pospandemia en la cual se afrontaran nuevos diseños geopolíticos y seguramente una nueva organización y marco general del comercio internacional, nuestro país lo enfrenta exhibiendo la mayor debilidad institucional.

Pensar que, de los partidos políticos actuales en todas sus vertientes, o de las organizaciones profesionales, o de la instituciones de tercer grado que dicen representar a los diferentes sectores sociales, podrá surgir la dirigencia capaz de reformar nuestra realidad parece un espejismo.

Toda esa dirigencia ha sido o complaciente o cómplice del latrocinio de los recursos nacionales.

Como toda norma esta también tiene una excepción, la dirigencia de la producción del campo ha sido independiente, no sabemos si por convicción o porque siempre fue el pato de la boda.

Han sido muchas las movilizaciones sectoriales que se sucedieron en todos estos años, con gran participación popular, seguro me olvidaré de muchas pero como ejemplo recuerdo, las movilizaciones por el crimen de Axel Blumberg, las movilizaciones del 2001 contra la estafa del estado, las movilizaciones del campo contra las retenciones, las del ni una menos o las que propugnaban el aborto legal o aquellas que se oponían, y muchas más, de todas ellas surgieron dirigentes verdaderamente representativos, muchos incursionaron en la política tradicional y esta los fagocitó, poco o nada quedaron de ellos.

Más allá de que se hayan logrado algunos cambios formales, desde el punto de vista organizacional no lograron que esas la luchas por esos derechos se plasmen en instituciones que garanticen esas mejores.

Occidente busca desarrollar una gobernanza que garantice una participación activa de la comunidad. Los partidos políticos tradicionales en general buscan seguir protagonizando ese proceso pero por su génesis son lo contrario a ese objetivo.

La competencia con los autoritarismos de Rusia y China obligan a las democracias a lograr imponerse con instituciones y productividad sin perder la libertad individual que las caracteriza.

No parece que la búsqueda de individuos salvadores sea de donde podremos abrevar, será de la suma de experiencias colectivas de donde se construirá un camino virtuoso.

Las etapas gregarias ya no son el camino, miremos el mundo, los líderes a la vieja usanza se agotaron, ya no hay liderazgos en el Occidente democrático. Hay si una sociedad muy activa, muy solidaria, que va asumiendo el universalismo como un dato, lo cual amplía las fronteras, tanto físicas derrumbando convenciones, como virtuales aprovechando las herramientas de las comunicaciones.

Occidente está asumiendo su crisis institucional con una energía y una creatividad increíble, pero la dirigencia de nuestro país está enfrascada en viejas rencillas por un poder que hoy de tan pequeño los llevará a enfrentamientos facciosos sin sentido.

En la mayoría de los países democráticos los partidos se ven superados por movimientos que se expresan ya no en ideologías sino en objetivos. Aquí las organizaciones sectoriales se ven envueltas y anuladas por los vetustos partidos.

Desde Francia, donde los partidos casi desaparecieron, hasta Perú, donde el parlamento acoge a múltiples sectores minoritarios se garantizará que las políticas sean resultado de consensos

Ambas Naciones con instituciones que han garantizado una economía estable, salvando las diferencias.

Es el momento de que en Argentina los sectores con diferentes intereses comiencen a expresarse en la lucha por el poder, seguramente ninguno logrará la mayoría en soledad, pero si quedará expuesta la paleta de intereses reales de la sociedad, que no son ideológicos, son intereses que agrupan a sectores reales de nuestra comunidad y no partidos políticos con intereses propios, como los que tenemos.

Si en el poder quedan expuestos los intereses objetivos, el debate y la lucha serán por algo que valga la pena.

Estamos viviendo momentos de disolución del proyecto nacional porque el estado está cooptado por grupos que no expresan intereses comunitarios sino particulares.

Hoy atrás de un relato inútil se esconden objetivos inconfesables.

A cada interés sectorial se le debe corresponder una organización que pelee por el poder.

¡¡ARGENTINOS A LAS COSAS!!

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: La marcha de la Sal

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