El Perro Callejero, escribe Antonio Calabrese

OPINIÓN

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Foto: Bicanski en Pixnio

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 3 minutos

Me crié como un perro callejero y hoy soy una bestia de salón. Alguna virtud debo haber desarrollado.

Con esa primera reacción innata, que proviene de la soledad, de la indefensión, en la conservación de lo poco o único que se tiene, el perro callejero muerde, agrede, hiere a quien supone ocupa su territorio.

Para transformarme en una bestia de salón tuve que ir a la universidad, sin embargo el cambio, la metamorfosis, ocurrió en la calle, en donde encontré que hay otros modos de defenderse, pero claro, con la mente abierta.

La universidad me abrió las puertas a un mundo muy diferente, desconocido, en el que los problemas se resolvían pensando, razonando, estudiando las causas y los efectos.

Así me di cuenta que no todo lo creía mío es para mí y que solo es inalcanzable lo que no se intenta, que entre los objetivos y las posibilidades existe una amplia gama de sucedáneos igualmente satisfactorios.

También comprendí que era mío solo lo que había construido sin necesidad de destruir lo ajeno.

Pero siempre tengo la primera reacción del perro callejero cuando creo que se me ataca, es atávico, no queda impune el paso por la necesidad.

Tengo que someterme varias veces, de vez en cuando, para encontrar que la mejor defensa no es la mordedura más salvaje, sino la idea superadora, inteligente.

El adversario se incomoda y se destruye asimismo ahogándose en un mar de ignorancia, de rencor, de desatinos.

Cuando escuché la semana pasada a un Gobernador adjetivar como «repugnante» la judicialización de la defensa contra la arbitrariedad, y a un Presidente sostener en la inauguración de un barrio de viviendas que eso no había sido hecho por el gobierno anterior solo por «odio» a las familias humildes que ocuparían esos techos tan deseados, vi al perro callejero y sentí una profunda lastima.

Cuando en cambio pude ver las respuestas mesuradas de una mujer que con sentido pedagógico oficiando un poco de maestra y otro poco de madre argumentaba sobre la defensa a ultranza de la presencialidad de las clases desde su rol de ministra de educación, y a otro sanitarista dar las cifras, estadísticas y razones para instruir a los niños, que no son otra cosa que el futuro, vi al personaje de salón.

Contra el concierto de muerte, desesperanza, abandono, ineptitud, mezquindad, corrupción, privilegios, politización de la vacuna en la provincia de Buenos Aires, vi la pulcritud, la eficacia, el cumplimiento irrestricto de las normas en otra jurisdicción que es atacada precisamente, por eso, porque es el modelo en el que no puede reflejarse el perro callejero.

Otro artículo escrito por Antonio Calabrese: El Entretiempo

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