Cuando la Unión Soviética aplastaba la rebelión húngara, por José Luis Ponsico

OPINIÓN

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Ídolo húngaro, Férenc Puskas / Foto: Rossem, Wim van / Anefo

Por José Luis Ponsico, escritor, periodista, especial para LaCity.com.ar.


 

Lectura: 7 minutos

En 1956, la rebelión en Hungría produjo la invasión de los tanques soviéticos. La dominación del régimen comunista luego de la Segunda Guerra Mundial, 1939-45, produjo una reacción popular. Inesperada para el Politburó que instaló la Cortina de Hierro después del conflicto bélico en la Europa del Este. La guerra había dejado 45 millones de muertes.

Varios países con gran cultura deportiva no pudieron resolver la contradicción: cuando el arte cae bajo los efectos de gobiernos cerrados. A la posguerra siguió el impacto del stalinismo en territorios de Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, Rumania, Bulgaria y Albania entre otros países. Los primeros notables artistas del balompié. Los otros, en atletismo.

Budapest a orillas del romántico Danubio Azul hace 65 años reconocida como una de las ciudades más bellas de esa parte de la Europa «de sombras largas», según los historiadores del mundo occidental. En octubre del 56 salieron a la calle cientos de estudiantes. Con ellos obreros y trabajadores de clase media. Llevaban casi diez años sin libertades civiles.

Los tanques de Yosef Stalin en el gobierno de Nikita Kruschev ─heredó el Poder a la muerte del georgiano en el 53─ produjo brutal invasión en Budapest, célebre por su cultura renacentista. Hasta ahí visitada por buena parte del turismo europeo en medio de la inminente «guerra fría» entre Unión Soviética y Estados Unidos sembrada a partir de los 50.

Todo eso cambió el destino del mejor seleccionado de fútbol que alumbró del Honved de Budapest en las cercanías del Danubio. Con la belleza de la ciudad que tres siglos antes construían los Celtas, creció otra belleza estética: el fútbol de los magyares (mágicos) del seleccionado que deslumbró en los Juegos Olímpicos de Finlandia de 1952.

En imágenes que recorrieron el mundo, Férenc Puskas, «zurdo de oro» de Hungría, luego del 56 «estrella» del Real Madrid, en un ataque estelar que comandaba el juego de preciosismo. Lo que con estilo parecido impactó Holanda en el 74 y hace algo más de diez años el Barcelona de Pep Guardiola. Pases cortos, tejido en triangulaciones.

Hungría había sorprendido por su buen juego en los Mundiales de Italia 1934 y Francia 1938. En la final contra Italia la leyenda daba cuenta de las amenazas al arquero por parte del gobierno de Il Duce Benito Mussolini. En Helsinki 52 la medalla de oro premió al gran seleccionado húngaro.

Ya había emigrado otro notable, Ladislao Kubala, virtual artífice del buen juego en el Barcelona Fútbol Club de comienzos de los 50. Ídolo en Cataluña el talentoso delantero nacionalizado español jugó en la Argentina, amistoso en el 53. Donde se recuerda una jugada violenta del defensor Pedro Dellacha, capitán argentino, central de Racing. Lo dejó en una pierna.

Hungría estableció un dominio futbolístico con un juego admirable hasta el Mundial de Suiza, julio del 54, cuando llevaba 34 partidos sin perder ─una actuación consagratoria─: le hicieron seis goles a Inglaterra en Wembley, en el 53, luego recibidos como héroes, a partir de derribar el templo del fútbol inglés, invicto desde 1863.

Los «magyares» donde al fuego sagrado de Puskas se unían otros atacantes dotados de habilidad, talento, mucha técnica como Sandor Kocsis, luego «crack» en el Barcelona; Zoltan Czibor, también destacado en el fútbol del símbolo de Cataluña, herencia de Kubala. Sin olvidar al cerebro ─hoy falso 9─ Hidegkuti, de juego pensante. Armador nato.

La inesperada derrota, final del Mundial, Suiza 54, contra Alemania Occidental, bajo la lluvia partido que ganaba Hungría ─llegaba con 25 goles a favor, cinco encuentros, ocho a la propia selección alemana con suplentes en primera fase─ cambió la escena del éxito. Sintió la baja de Puskas, golpeado, estando en ventaja 2-0. Terminó 2-3 en el llamado «Milagro alemán».

En el 56 con la tragedia de la rebelión aplastada en Budapest, con cifras imprecisas de víctimas, los muertos oscilaron entre 4 mil y 5 mil, en un momento donde en veinte días desde el 23 de octubre al 10 de noviembre, escaparon más de 200 mil personas no todas de la capital del país. Una sangría difícil de olvidar.

El popular Club Honved sirvió de escape de los días trágicos. El plantel con mayoría de futbolistas del seleccionado que dirigía el respetado Gustav Sebes, D.T. de la generación memorable de Emerico Hirsch, Bela Guttman, Jorge Orth, Franz Platko que dirigieron en la Argentina, menos Guttman artífice del Benfica campeón de Europa en los 60.

La Copa Europa en octubre del 56 estaba en pleno desarrollo. El Honved viajó al País Vasco cuando por octavos debía cruzarse con el Atlético Bilbao. Estalló la rebelión y posterior tragedia con cientos de muertos a diario y no volvieron. Con el tiempo lo hicieron el mediocampista Jozcef Bozsik, otro «crack» y el legendario arquero Gulas Grosicz.

Puskas con 29 años y seis o siete kilos demás se incorporó al Real Madrid de los argentinos Alfredo Di Stéfano y Héctor Rial. El húngaro de 84 goles en su selección entre 1950 y 1956, superó su propia marca en los «Merengues»: convirtió más de cien goles. El Real ganó cinco Copa Europa y ocho Ligas de España. Puskas participó en casi todas.

Kocsis y Czibor participaron del notable equipo que armó Helenio Herrera, célebre D.T. argentino, nacido en pequeña localidad de Puán, provincia de Buenos Aires, ciudadano francés luego de la Segunda Guerra. Radicado en Europa llevado por sus padres. «HH» como se lo conoció ─hoy su heredero Diego «Cholo» Simeone─ disputó el ciclo ganando tres Ligas.

Helenio llevó su éxito a Italia donde volvió a ganar con el Inter de Milan en recordadas finales contra Independiente de Avellaneda, 1964-65. Los húngaros se quedaron a vivir en la España del Generalísimo Franco. Donde fueron famosos y ganaron prestigio y dinero. Budapest debió ser reconstruída.

En plena guerra como ya había sido ocupada por tropas soviéticas, la bella capital a orillas del Danubio padeció ataques aéreos de las escuadras del Reino Unido y también Estados Unidos. Hungría se levantó culturalmente y económicamente. Su fútbol de juego lucido nunca fue igual. La caída del Muro en el 89 produjo lo que no pudieron los húngaros en el 56.

Otro artículo escrito por José Luis Ponsico: El día que secuestraron a Carlos Salvador Bilardo

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