El día que secuestraron a Carlos Salvador Bilardo, escribe José Luis Ponsico

OPINIÓN

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Ex Director Técnico, Carlos Salvador Bilardo / Foto: Santiago Trusso

Por José Luis Ponsico, escritor, periodista, especial para LaCity.com.ar.

 

 

 

Lectura: 7 minutos

Una de las tantas aventuras de Bilardo, campeón del mundo México del 86, arrastrando síntomas de una penosa enfermedad neurológica, conocida como Síndrome Hakim Adams, nombre del médico, biólogo, investigador del mal que aqueja a diez personas cada cien mil ─cédulas degenerativas, hidrocefalia de presión─, un recuerdo de cuando vivió en Colombia. Cali, 1977.

Bilardo también es médico aunque siempre optó por el fútbol, como jugador y luego exitoso director técnico en Argentina y países amigos.

El famoso «Narigón» dirigió al Deportivo Cali luego de llevar a Estudiantes de La Plata como DT. a pelear el torneo argentino del 75 con un plantel de bajo costo, en una final contra el River, de Ángel Labruna, plagado de figuras de primer nivel profesional y financiero.

El Deportivo Cali ganó la Liga colombiana en el 76. El Atlético Nacional de Medellín ante el impacto del éxito de Bilardo resolvió contratar a otro argentino Osvaldo Zubeldía, el «Maestro» táctico que sirvió de modelo a su colega para el campeón del mundo México 86.

El Deportivo Cali llegó a la final de la Copa Libertadores de América contra Boca, dirigido por Juan Carlos Lorenzo, cero a cero de local y 4 a 1 en «La Bombonera». El «Toto» Lorenzo le ganó al «Narigón» Bilardo que se fue amargado de Boca, donde siempre le costó ganar. Tampoco le fue bien como entrenador en el 96, contratado por Mauricio Macri.

Paralelamente, Atlético Nacional de Medellín ganó también con Zubeldía. Debían enfrentarse y de pronto ocurrió lo inesperado, para todos.

Los influyentes capos del cultivo de la droga, que habían alcanzado la mayor exportación de la historia a EE. UU. tenían el control político de los dos clubes.

Uno de los sicarios de Escobar Gaviria ─hombre del Medellín─ logró «invitar» a Bilardo, alojado en un hotel de Cali donde estaba concentrado el plantel del Deportivo para llevarlo a Medellín. El jefe narco quería hablar con él. El motivo, intermediar con el bando del narcotrafico de Cali, a cargo del otro jefe Gilberto Rodríguez Orijuela, para evitar una palea y arreglar el partido. Corría 1977.

Bilardo relata aquel encuentro : «Escuchame falta una hora para la cena, ahora no puedo ir. Hablo con tu jefe, Escobar, le explico todo».
Respuesta: «Don Carlos Salvador, el jefe me dió la orden que lo lleve y lo traiga. Todo lo haremos en una hora. Tengo un helicóptero en una terraza a dos cuadras», comentó.

Y siguió el sicario, con instrucciones del capo. «El campo de la reunión, está a quince minutos». Bilardo atónito. Sufría un secuestro al tiempo que no podía explicar su estado de fascinación cinematográfica. «Bueno, dejame hablar con Escobar», pidió el DT. de Deportivo Cali

«Don Carlos, agradecido que haya aceptado venir por media hora. Usted, hoy, es el hombre más famoso de Cali y de Medellín. Un señor muy popular y querido. Al margen de su sabiduría en el fútbol que nosotros la padecemos. Venga sin temor. En media hora está de regreso y nadie sabrá nada», expuso el temido Pablo Escobar Gaviria

El tema se lo explicó en el helicóptero el sicario, enlace, del secuestro disfrazado de una «demora» del famoso DT. de fútbol argentino, ganador con Estudiantes de La Plata, primero como futbolista y más tarde, entrenador «¿Con quién debo hablar?», indagó Bilardo sin obtener respuesta.

Un campo recoleto. En rigor, una estancia reciclada. Parque, jardines, piscina, construcción colonial. Típica de la Colombia del siglo XIX , según el relato de Carlos Bilardo al autor de estas líneas en un viaje desde su domicilio en Flores, Capital Federal, rumbo a Luján.

El cronista lo había ido a visitar a su domicilio para una entrevista periodística. La amistad llevaba varios años. De pronto recordó que le habían preparado un homenaje en la cancha, pequeña, del Club Luján.
Bilardo en el 2000 había vuelto de Libia, otro objetivo futbolístico, el motivo del reportaje.

«¿¿Andás con tiempo??. De regreso quiero pasar por la Basílica de Luján. Voy a ir a rezar por Eduardo Manera (compañero de Estudiantes de La Plata), está muy mal de salud. Acompañame», dijo el DT.

El tema de Colombia y su intermediación llevó medio viaje, en su relato. «¿ Nadie se dió cuenta?», preguntó el interlocutor.

«En ese momento llegaba un equipo de la revista “El Gráfico”. A mí me llevaban dos personas, uno el sicario, luego averigue el nombre, Gacha, otro narcotraficante buscado por la DEA. cuando ingreso al garage a lo lejos subía el periodista de la revista Aldo Proietto», evocó.

«Luego Aldo me comentó que le pareció extraño que yo subiera a un auto lujoso con dos extraños. Y que parecía nervioso».

De todos modos yo obviaba detalles de semejante cumbre. «¿Y qué pasó, cómo hiciste?», siguó el cronista en su curiosidad.

«Escobar repitió: “Usted Carlos es el hombre del momento en Cali”».

Al toque le dice al sicario, apellido o apodo Gacha: «Llama a Gilberto Rodríguez Orijuela, hijo de mala madre». Y siguió.

«Carlos, que ellos en el medio de las finales del fútbol, entre Cali y Medellín acepten una tregua. Treinta días. Está muriendo mucha gente de ambos lados», pintó Escobar.

«La conversación, corta, me puso en el medio de una guerra terrible. Bastaba con leer los diarios cada día, se hablaba de atentados, bombas, muertos, fusilados, masacre, todo el tiempo. “Gilberto, habla Bilardo. Tengo un mensaje para usted, en medio de la guerra colombiana entre el Cartel de Cali, donde dirijo al Deportivo y el Cartel de Medellín”», alcancé a decir.

«Mire don Carlos, usted es un hombre de prestigio. No sé si cerca suyo está ese hijo de puta, asesino, estafador de Escobar, Si viene de Gaviria responderemos con fuego, si lo pide usted en nombre del fútbol aceptaremos la tregua de treinta días. Ni un día más. Son las condiciones, don Carlos», concluyó Orijuela que luego fue objeto de la persecución de la DEA.

A la muerte de Escobar, caído en su ley, le siguió la condena de treinta años de la Justicia norteamericana al otro temido jefe narco, Gilberto Rodríguez Orijuela. Sobrevivió cuatro décadas al episodio de la cumbre telefónica en la estancia de Escobar.

Octogenario, enfermo, lo último que se conoci{o de Orijuela, una apelación: quería morir en su país.

Bilardo, 83 años, sobrevive con el Síndrome Hakim Adams, la guerra de los narcos no se extinguió y la historia de la cumbre donde el fútbol y la política, manejada por los narcos, continúa hasta nuestros días. La violencia colombiana es perenne como la hierba.

Otro artículo escrito por José Luis Ponsico: Perón advierte sobre seleccionado de fútbol de Holanda

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