El drama del genial Eduard Streltsov, escribe José Luis Ponsico

OPINIÓN

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Eduard Streltsov, el «Ruso Maldito» / Foto: Собеседник

Por José Luis Ponsico, escritor, periodista, especial para LaCity.com.ar.


 

Grandes historias del fútbol y la política

Lectura: 6 minutos

Ocurrió en la antesala del Mundial del 58 de Suecia. El protagonista, Eduard Streltsov, excelente atacante del Torpedo de Moscú. A quince días del certamen acusado de «violación» de una muchacha de veinte años. Vivió una pesadilla. Una noche con mucho vodka y amor momentáneo. Lo suyo derivó en drama.

Lo condenaron a siete años de prisión. Era la «estrella» de la selección soviética. Streltsov, diminuto, veloz, gambeteador, guapo, buen remate, tuvo dimensión poco conocida fuera de las fronteras de la desaparecida URSS. Hace algo más de 60 años. Apogeo de La Cortina de Hierro, países del Este europeo.

Con el célebre arquero Lev Yashin, «Araña negra», el mejor jugador de la época y víctima del régimen comunista. Goleador en Torpedo de Moscú, 100 goles, 222 partidos, había sido cerrajero en su infancia pobre. Apenas 1,71 de estatura, rapidísimo.

No conoció al padre. Su madre, afectada del corazón, declarada «inválida». Streltsov ingresó a la fábrica de autos «ZiL» a los 16 años. Ahí empezó la historia. La pobreza, el fútbol, la fama, privilegios que derivan en trampas del destino.

Nacido el 21 de julio de 1937, contemporáneo de «Garrincha» (pájaro triste), «crack» brasileño con origen en una «favela» de Río de Janeiro, verdadero nombre y apellido Manoel Francisco do Santos, también tuvo un final triste.

El extraordinario puntero derecho carioca, una de las «estrellas» de Botafogo, la selección de Brasil y del Mundial Suecia del 58, vivía su apogeo cuando Eduard iba preso en vísperas del soñado Mundial de Suecia, donde sería titular y gran promesa de su país.

En Argentina, Oreste Omar Corbatta, «crack» de Racing, nacido en Daireaux, provincia de Buenos Aires, padeció el mismo final. Uno de los más habilidosos delanteros de toda la historia del fútbol argentino.
Igual que «Garrincha» con un final afectado por la tristeza, antes el alcohol, el abandono.

En los años sesenta otro rebelde fue el irlandés George Best, figura en el Manchester United inglés. Parábola de gloria y ocaso de todos ellos. Murieron jóvenes. Una curiosidad: ingleses e irlandeses más de cien años de «odio» por cuestiones religiosas, ideológicas. Best, no obstante, estrella en el Manchester.

La Unión Soviética, destacada participación en los Juegos Olímpicos de Melbourrne, Australia del 56, brindó el gran espaldarazo a Streltsov. El regreso soñado: más de cien mil fanáticos en la espera del vuelo de Australia, en el aeropuerto de Moscú.

Con nueve, Unión Soviética perdía contra Bulgaria. Una gran actuación del «9» ruso dio vuelta el partido, en semifinales. Luego, ganaron «el oro». Volvieron héroes. Eduard con la medalla en el cuello llevado en andas.

Más de 100 mil personas aclamaron aquel regreso. Gran equipo y el recuerdo de Streltsov, Lev Yashin, el «5», Igor Netto. Notables más tarde de la selección nacional. Una noche de chicas y mucho vodka cambió todo.

Hoy, el estadio del FC. Torpedo de Moscú se denomina «Eduard Streltsov» y el equipo disputa la segunda división del fútbol ruso. Homenaje del pueblo futbolero al ídolo del club que lo tuvo de juvenil.

Acusado de «violación» por una bella jovencita, Marina Lebedeva, 20 años, amorío, la «estrella» de Unión Soviética, medalla de oro, apenas 19 años, primero sedujo y después la abandonó. Al goleador se le vino la noche.

Jonathan Wilson, periodista inglés, especializado en «historias negras» del comunismo soviético, pleno auge stalinista, investigó que el «crack» cometió grave error de su vida: mantuvo sexo con la chica y luego la dejó, a dos semanas del Mundial de Suecia.

Eduard Streltsov estaba alcoholizado. Y la muchacha no era ajena al Poder en el año 58 en Moscú. Todo mal para el habilidoso delantero del Torpedo.

Hubo una marcha de protesta de más de 100 mil trabajadores pidiendo la libertad de Streltsov. No hubo caso. Cargó con el mote de «jugador maldito», según el DT. de la selección de la URSS, Gavril Kachalín.

El «crack» tenía matrimonio y una criatura muy pequeña. Cayó en desgracia. No podía ver ni a su exesposa ni la hijita. Fue confinado al Gulag, sitio de destierro.

Estuvo recluído siete años, los mejores en la vida de un futbolista. Lebedeva «despechada» denunció porque Streltsov enamoró a Svetlana, hija de Yekaterina Furtseva, única mujer del temido Politburó soviético en el año 58. Mujer del Poder.

Todo eso agravó la situación del frustrado, joven, infortunado «Casanova» ruso. El delantero terminó recluído en prisión, imputado de una «violación» que no había sido tal, según el historiador británico.

Debía declararse «culpable» y no aceptó. Antes, no había querido ir al Dynamo de Kiev, club del régimen. Eduard Streltsov murió en el año 90 de cáncer, igual a «Garrincha», Corbatta y Best. Los cuatro a los 52 años. Una trampa del destino en el universo de los notables.

Apodado también «Pelé ruso», su compañero Valentín Ivanov lo evocó, diciendo: «Quizá el más grande dentro de la cancha y el más débil fuera de ella», dijo el el gran número 8 de los años 60.

Curiosamente, Ivanov ─estirpe campeona los años 50 y 60─ también cayó en desgracia con el Kremlin, después del Mundial Chile de 1962. Calificado «jugador completo, armador con llegada al gol» entre 1960, 61, 62 en su país. Políticamente «incorrecto».

Tenía fama de «opositor» al gobierno que en el año 56 aplastó rebelión en Budapest, Hungría. Algo que dividió políticamente a los futbolistas rusos. El impacto por el «caso Streltsov» dejó secuelas en el
resto de las «estrellas» del gran seleccionado ruso que vino a la Argentina en diciembre del 61.

En el Estadio Monumental de River, Unión Soviética le ganó a la Argentina dos a uno. El seleccionado dirigido por Victorio Spinetto presentó una particularidad: esa vez jugaron juntos Luis Artime y José «Nene» Sanfilippo, habían convertido entre ambos más de 50 goles en el año.

No se encontraron en el juego, casi nunca. El arquero Lev Yashin, 1,90, todo de negro, la célebre
«Araña Negra», resultó gran figura ante 80 mil personas en un encuentro disputado en sábado por la
tarde.

Ivanov, luego goleador de la Unión Soviética con 4 goles, en el Mundial de Chile del 62 cuando la URSS llegó a cuarto de finales en el país trasandino.

 

Otro artículo escrito por José Luis Ponsico: Cuando la Unión Soviética aplastaba la rebelión húngara

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