A la captura mundial del Dióxido de Carbono, escribe Mariana Gonzalez

OPINIÓN

50375802637_b4cf4e7eac_c
Foto: Ralf Vetterle from Pixabay

*Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

Lectura: 5 minutos

Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en el 2019, y por tercer año consecutivo, aumentaron las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero llegando a un máximo histórico.

En el año 2020 las estadísticas muestran una baja, por varios meses, debido a la pandemia.

Los países miembros del G20 producen el 78% del total, de los cuales China, Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido junto con India producen el 55%.

Hay números preliminares que muestran que las emisiones que aportan los países miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) tienden a disminuir.

El CO₂ (dióxido de carbono) es uno de los grandes contribuyentes al calentamiento del planeta. Está naturalmente en la atmósfera como parte del ciclo del carbono, que es la circulación de ese elemento entre la tierra, los mares, la atmósfera y los seres vivos, pero las actividades del ser humano, posrevolución industrial están alterando ese ciclo, especialmente por la combustión de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural), para generar electricidad, como combustible para el transporte y para procesos industriales. Se agrava por su larga subsistencia en la atmósfera.

El Acuerdo de París, firmado al día de hoy por 195 países y ratificado por 189, es una esperanza, con su objetivo de «reducir de forma sustancial las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y limitar el aumento global de la temperatura en este siglo a 2 grados Celsius». Pero, es un compromiso que, aún, no está ratificado en los hechos, con una administración Trump que se «borra» del acuerdo firmado (Joe Biden, posteriormente, reincorporó a Estados Unidos al acuerdo); o con China que está planificando grandes proyectos de generación de energía en base a combustibles fósiles, imprescindibles para el crecimiento proyectado en su último plan quinquenal; o con el Parlamento Europeo que realiza declaraciones de emergencia climática y ambiental.

Es evidente la dificultad de los países, por variados motivos, de reducir la emisión de dióxido de carbono.
Entonces… la nueva estrategia es seguir emitiendo pero a la vez capturarlo, sacarlo de la atmósfera y almacenarlo bajo tierra.

El CAC (Captura y Almacenamiento de Carbono) o CCS, (carbon capture and storage, por sus siglas en inglés) es una tecnología que separa el CO₂ en los procesos de combustión, o sea, antes de llegar a la atmósfera y se lo almacena en formaciones geológicas profundas o en masas de agua profundas. Puede llegar a reducir hasta un 90% de emisión de dióxido de carbono.

Es un proceso muy costoso y que utiliza mucha energía, o sea altamente emisor de CO₂.

Michael Mann, director del Centro de Ciencias del Sistema Terrestre de la Universidad Estatal de Pensilvania expresa su preocupación en el uso de CAC «solo prolongará nuestra dependencia colectiva de los combustibles fósiles en beneficio de la propia industria y en nuestro perjuicio colectivo».

Pero, existe también la captura directa de aire.

Carbon Engineering y Storegga Geotechnologies son dos empresas que han diseñado y esperan construir, la planta de captura directa de aire más grande de Europa y almacenarlo en el suelo del Mar del Norte.

Se espera que la planta se instale en el noreste de Escocia, lugar con abundante energía renovable y cercana a sitios posibles de almacenar el CO₂ en el Mar del Norte, estaría en marcha en 2026.

Steve Oldham, director ejecutivo de Carbon Engineering afirmó «No podemos detener todas las fuentes de emisiones. Es demasiado difícil, caro y problemático. Ahí es donde entra en juego la captura de carbono. Estamos viendo una creciente comprensión de que será esencial».

El costo es el problema de esta nueva tecnología. Carbon Engineering todavía no informó los costos de esta planta ni cuánto van a cobrar por tonelada de carbono eliminado. El CO₂ eliminado de la atmósfera se vendería en forma de créditos de carbono a empresas o países que necesiten compensar las emisiones que produzcan.

David Keith, fundador de Carbon Engineering y profesor de la Universidad de Harvard había precisado en una publicación en Joule en 2018 que debería estar entre 94 y 232 dólares por tonelada cuando la tecnología llegue a la escala comercial. La empresa confía en llegar a ese nivel con el tiempo.

Esperan que la planta sea capaz de capturar 500.000 toneladas anuales, mucho más que la actualmente en construcción, Orca de Climeworks en Islandia, planificada para extraer 4.000 toneladas al año.

Estas instalaciones y un compromiso genuino de las naciones para resolver el grave problema de la contaminación atmosférica, ayudarán a resolver las emisiones provocadas por sectores imprescindibles de la economía global, pero grandes emisores de CO₂, como la aeronáutica, la producción de acero o de cemento que tendrán que empezar a pagar por sus emisiones.

*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.

Otro artículo escrito por Mariana Gonzalez: Adivinar el pensamiento

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s