Conducción vs hegemonía, opinión de Hugo Flombaum

OPINIÓN

50375802637_b4cf4e7eac_c
Foto: Mustafa Kücük – v. Gruenewaldt en Pixabay

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 6 minutos

Practicando la política un aspirante logra que un conjunto de personas lo elijan para gobernar una institución pública.

Puede ser desde una nación hasta una cooperadora escolar.

Cuando el aspirante se propone lo hace desde una parcialidad, es decir acompañado en su voluntad por algunos de los miembros de esa comunidad, que confían en él. En el caso de que logre el objetivo pasará a administrar al conjunto.

Si el proceso es virtuoso ese dirigente logrará dejar de ser parte de una parcialidad para ser conductor de la totalidad. Eso lo diferencia de ser un político para ser un dirigente.

Lamentablemente últimamente en el conjunto de Occidente, y particularmente en nuestro país, los aspirantes logran ser políticos, llegan a ser elegidos por una parcialidad, pero no son conductores del conjunto.

Esta anomalía determina que las parcialidades se conviertan en sectas que comienzan a tener intereses particulares diferentes al conjunto.

Todo termina en la necesidad por parte de los jefes sectoriales de imponer una hegemonía que les permita mandar y no conducir.

Los líderes conductores en Occidente escasean, son absoluta mayoría los jefes sectoriales que se imponen e imponen la hegemonía, que hace de la política una suma de complicidades más que un conjunto de ideas colectivas.

En nuestro país este proceso se fue agudizando y hoy el poder ha quedado en manos de un conjunto de sectas, que a veces se juntan para lograr el poder.

Las coaliciones se parecen más a alianzas para administrar intereses particulares que un conjunto de ideas comunes.

Muy pocas pueden ocultar la diferencia de pensamiento, solo fuerzan, a través de artilugios, el deseo de hegemonía.

Así vemos como se perpetúan directivos, administradores, gobernantes de todo el andamiaje institucional basado en la hegemonía y la complicidad.

Cuando otro sector le compite lo hace en base a las mismas armas, si logra imponer la hegemonía sobre el otro toma el control y trata de perpetuarse.

No existe ni la intención, ni la capacidad, de imponer la conducción del conjunto. La sabiduría de conducir lo diferente, para aprovechar de cada uno lo mejor y así potenciar al todo, escasea.

Analicemos sector por sector, ámbito por ámbito, municipio por municipio, provincia por provincia y en la nación misma, el esquema se repite. Voluntad de poder, hegemonía, jefatura. Hasta que otro lo desplace. Mientras tanto imponen la hegemonía a base de negocios, corruptela y delitos.

A eso lo llaman alternancia y democracia, que en realidad en las formas lo es, pero en el fondo si se abandona el objetivo que es el bienestar del conjunto, solo ordena la lucha de facciones.

De esa manera hasta las relaciones externas a esa institución, desde el club hasta la nación se convierten en alianzas que consoliden la hegemonía.

No hay ideas, no hay voluntad de trascender a través del bienestar de los representados, el objetivo es la capacidad de imponer el poder por el poder y el dinero por el dinero.

Mientras los pueblos logran una satisfacción bajo ese tipo de administración que impone esa nueva oligarquía política, todo fluye. Cuando eso no sucede como ahora en nuestro país, la cuestión se complica.

Argentina no ha detenido su decadencia desde 1975 en adelante, esa decadencia abarcó y abarca a todas las instituciones, desde los estados hasta cada expresión institucional.

Ante esta situación cada día más gente se suma al sálvese quien y como se pueda. Con la informalidad, con el contrabando, con el arrebato, la corrupción o lo que sea, todo vale.

Esto lleva a la disolución de nuestro país, dicho así parece una instancia más.

Somos muchos los que tenemos raíces familiares, económicas, culturales indivisibles con nuestro territorio, lo que hace difícil apañar este proceso con la indiferencia.

Es el momento de tomar la política en manos de los que no son parte de las sectas. Es momento de ser parte de la solución luchando por el poder, para desplazar a las sectas.

Sin otro preconcepto que ese. No debatamos ni ideología ni planes económicos ni normas laborales. Ni culpas, ni historia. No es útil en este momento.

Para discutir todo eso debemos tener una base que hoy no tenemos, una voluntad de ser una nación que contenga a todos sus habitantes.

Con esa base se puede competir, el que gana administra, los otros controlan,

La traición a esa base fundacional de tener un escarmiento no alcanza con una pena regulada por la valoración penal clásica. Si se traiciona al conjunto de la sociedad debe ser el peor delito. Por sus consecuencias.

Hoy vemos como a ejemplares culpables de latrocinio se los compara con delincuentes comunes y se los juzga con la misma escala y normas penales.

No es ese el castigo que nos promete el juramento de práctica de cualquier funcionario público, «que la patria os lo demande».

Esos tipos de delito deben arrastrar la pena de haber dejado sin salud, educación, trabajo, a millones de con ciudadanos. No es una estafa común.

Una tarea para el Poder Legislativo, diferenciar el delito público del privado, la huelga en los servicios públicos con la de los privados. No todo es lo mismo.

A la guerra le sucede la paz, a la revolución le sucede el acuerdo, a la disolución por decadencia no se sabe, no hay antecedentes, debemos reinventarnos, no se logrará encontrar salida alguna dentro de la lucha de facciones que terminan luchando por intereses particulares.

¡ARGENTINOS A LAS COSAS!

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: De Europa a Marruecos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s