Interface cerebro-computadora, escribe Mariana Gonzalez en Buenos Aires

OPINIÓN

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Foto: Ars Electronica

*Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

Lectura: 6 minutos

La interfaz cerebro-computadora es un sistema computarizado que «lee» la información que está elaborando el cerebro a través de su actividad eléctrica y que son mensajes o comandos que el individuo quiere emitir, pero esas órdenes no se transmiten a través de los nervios y los músculos sino por medio de dispositivos específicamente diseñados comandados por un procesador que decodifica la señal electrofisiológica y la convierte en respuestas, mensajes, comandos a aparatos, acciones sobre componentes del entorno. Pienso «que se encienda la luz» y la luz se enciende.

Todo comenzó con Richard Caton, que en 1875, usando un galvanómetro observó impulsos eléctricos en la superficie del cerebro de animales.

La BCI es la tecnología que nos abre esperanzas concretas de lograr un enlace entre pacientes con discapacidades físicas graves o vejez muy avanzada pero con las capacidades cognitivas intactas. Se espera contar con la tecnología en neurociencia computacional para la comunicación humano-dispositivo a comandar: sillas de ruedas, computadoras, elementos domóticos de una vivienda, o sea todo lo que está preparado para interactuar a través de señales electrónicas.

Esa señal puede leerse mediante electrodos superficiales (EEG electroencefalografía o MEG magneto encefalografía) o implantados (chips) en la materia gris del cerebro mediante neurocirugía, por lo que se clasifican en BCI no invasivas e invasivas.

Los chips son dispositivos muy pequeños, del orden del milímetro, fabricados con materiales semiconductores que integran circuitos electrónicos y necesitan muy poca energía para su funcionamiento.

La Comisión Europea para coordinar la investigación de BCI, a través de su proyecto Horizonte 2020 de Interacción Cerebro / Computadora Neural definió seis aplicaciones principales de BCI: restaurar (ejemplo: desbloquear un bloqueo completo), reemplazar (ejemplo: Neuroprótesis), optimizar (ejemplo: la experiencia de usuario en juegos de computadora), complementar (ejemplo: anteojos de realidad aumentada), mejorar (ejemplo: rehabilitación después de un accidente cerebrovascular) y herramientas de investigación (ejemplo: decodificación de la actividad cerebral con retroalimentación en tiempo real).

Con muy bajo perfil, la BCI se está convirtiendo en un negocio muy apetecible.

Según un análisis de Allied Market Research, el tamaño del mercado global de interfaz cerebro-computadora se valoró en US$ 1,488.00 millones en 2020, y se proyecta que alcance los US$ 5,463.00 millones para 2030, creciendo a una tasa compuesta anual del 13.9% de 2021 a 2030.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. aprobó, a fines de julio, que Synchron, empresa tecnológica dedicada al diseño y fabricación de dispositivos de neuroprótesis motora Stentrode™, podrá comenzar con pruebas en humanos en el Hospital Mount Sinai de Nueva York a fin de año. Es un dispositivo BCI (sigla de Brain Computer Interface) interfaz cerebro-computadora.

Synchron, en su página web nos informa: «El Stentrode ™, es una interfaz cerebro-computadora mínimamente invasiva que se está investigando actualmente en un ensayo clínico que involucra a personas afectadas por parálisis severa». «La neuroprótesis está diseñada para convertir los pensamientos asociados con los intentos de movimiento en comandos inalámbricos Bluetooth».

Facebook compró en 2019 la start-up CTRL-labs, que se dedica al desarrollo de tecnología que permita controlar computadoras directamente con la mente a través de señales neuronales. Zuckerberg, su creador, espera que sus usuarios almacenen sus pensamientos y emociones a través de Internet sin tener que teclear, ¿sabrá que los pensamientos son privados? o ya ni eso…

Elon Musk, el carismático, disruptivo, multimillonario físico, que es dueño, entre otras empresas, de Tesla, Space-X, PayPal, creó en 2016 Neuralink, que como ellos mismos se definen: «Estamos creando el futuro de las interfaces cerebrales: construyendo ahora dispositivos que ayudarán a las personas con parálisis e inventando nuevas tecnologías que ampliarán nuestras capacidades, nuestra comunidad y nuestro mundo».

Musk habla de conseguir una «cognición súper humana» optimizando el cerebro, entre otras cosas, para combatir la amenaza que ve en la inteligencia artificial (!!).

Uno de los dispositivos diseñado por Neuralink y probado en cerdos en 2020, es una pequeña sonda que contiene más de 3.000 electrodos conectados a hilos flexibles y muy finos, que pueden monitorear la actividad de 1.000 neuronas cerebrales. En abril último realizó pruebas con monos, mostró a uno jugando Pong con su pensamiento, a través de YouTube. Parece más un truco de magia que una demostración científica.

China incluyó en su décimo tercer plan quinquenal de 2016 el llamado «China Brain Project», que pone énfasis en la investigación de las interfaces cerebro-computadora, la neurotecnología y las neurociencias para resolver enfermedades neurovegetativas ya que en 2030 la mitad de las personas que las sufran vivirán en China.

Neuracle, es una start-up china, fundada en 2011, que ha comenzado a probar una tecnología BCI intermedia entre las viejas no invasivas y las disruptivas invasivas, consiste en colocar un chip justo detrás del cráneo y por encima del líquido cefalorraquídeo. La llamaron microinvasiva, ya la probaron en cerdos y están por probarlas en monos. Ke Youwang, gerente de ventas de Neuracle dijo a Global Times, «garantiza tanto la seguridad como un período de efectividad más prolongado… la cirugía para la tecnología BCI ”microinvasiva” no causará daños importantes al cuerpo humano. Los riesgos involucrados son comparables a implantar una cóclea artificial».

Suena a ciencia ficción o a la película Matrix o a un capítulo de Black Mirror, pero es una realidad. Como siempre que la tecnología avanza disruptivamente, hay que considerarla, además, desde el punto de vista ético, legal y social.

Convertirnos en cyborgs puede ser deseable por muchos, pero no por muchos más. Es un futuro factible y cercano. Nos debemos esta discusión.

*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.

Otro artículo escrito por Mariana Gonzalez: A la captura mundial del Dióxido de Carbono

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