Harris busca compromiso del sudeste asiático para frenar a China

INTERNACIONAL

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Vicepresidenta norteamericana, Kamala Harris / Foto: Maryland National Guard

Lectura: 6 minutos

La vicepresidenta estadounidense Kamala Harris afirmó este miércoles que Estados Unidos tiene que «encontrar formas de presionar» a Pekín para que respete las leyes internacionales en el mar de China Meridional, donde mantiene tensiones territoriales con varios países.

«Tenemos que encontrar maneras de presionar e incrementar la presión sobre Pekín para que cumpla con la Convención de Naciones Unidas sobre la Ley del Mar y desafiar sus excesivas e intimidatorias reclamaciones marítimas», manifestó Harris en Hanói, tras su reunión con el presidente de Vietnam, Nguyen Xuan Phuc.

La número dos de los Estados Unidos emprende una gira por el Sudeste asiático para contrarrestar la influencia de Beijing y relanzar el liderazgo global americano.

En la guerra de las vacunas, Washington anunció el envío de un millón de dosis a Hanói dentro de 24 horas.

Sin embargo, las naciones del área prefieren adoptar una política de equilibrio y equidistancia entre las dos potencias.

Con la derrota afgana ─una herida que sigue abierta y crea más de un frente de confrontación, incluso con sus aliados occidentales─ Estados Unidos intenta relanzar su liderazgo global a través de la misión de la vicepresidenta Kamala Harris al sudeste asiático.

La primera escala fue en Singapur, seguida de un traslado bastante complicado a Vietnam, con el objetivo de atraer a las naciones de la zona en clave anti-China. En realidad, los dirigentes de la ciudad-Estado y de Hanói mantienen fuertes lazos con Beijing ─fundamentales en términos económicos─.

En este momento, Manila es la única que parece ceder a los intereses de Washington, con la confirmación de un importante acuerdo militar entre ambas naciones, impulsado por el presidente Rodrigo Duterte.

Con esta misión en el corazón del Mar de la China Meridional, la administración del presidente Joe Biden parece retomar los tiempos de Barack Obama, cuando la zona devino uno de los puntos estratégicos de la política exterior estadounidense.

Sin embargo, los intereses divergentes durante el mandato de Trump, la guerra comercial con Beijing y la pandemia de COVID-19 ─con la consiguiente «guerra de las vacunas»─ han modificado los equilibrios del pasado.

Desde su primera escala, Singapur, la vicepresidenta se enfocó en revivir el papel de Estados Unidos como «líder global», desdibujado por los recientes acontecimientos en Afganistán. Kamala Harris confirmó lo que ella llama el «compromiso duradero» de Estados Unidos con Asia, con una visión «libre y abierta».

Sin nombrarlo, la vicepresidente estadounidense acusó a Beijing de coacción e intimidación en los mares de Asia-Pacífico, un frente de confrontación vigente donde las naciones de la zona chocan a raíz de sus reivindicaciones territoriales. Frente a cualquier amenaza, Washington, «estará al lado de sus aliados», añadió Harris.

Fue inmediata la respuesta de China: los medios estatales chinos criticaron duramente los discursos de la vicepresidente de los EE. UU. en Singapur. Según China Daily, las palabras de Harris revelan la actitud «hipócrita» de EE. UU, que trata de «intimidar» a las naciones de la región «para que se unan y se plieguen a los planes de Washington», orientados a «contener» al país del Dragón. «Según parece, el único propósito de Washington es abrir una brecha entre las naciones del Sudeste asiático y China», prosigue el editorial.

Para la actual administración estadounidense, la rivalidad con China sigue siendo «el mayor desafío geopolítico» del siglo, y el sudeste asiático es de tal importancia estratégica que en las últimas semanas ya se han producido varias visitas de alto nivel de diplomáticos estadounidenses.

Fue algo complejo el traslado de la vicepresidente Harris desde Singapur a Hanói, adonde llegó en horas del día. Su arribo se retrasó por «un incidente sanitario anómalo» en el que se vieron implicados algunos funcionarios de la embajada estadounidense en Hanói, afectados «al menos esa es la sospecha» por el llamado «síndrome de La Habana».

El trastorno incluye dolores de cabeza, agotamiento, náuseas, problemas de visión, audición y equilibrio, y en algunos casos problemas de memoria; los servicios de inteligencia estadounidenses sospechan que está relacionado con el uso de ondas electromagnéticas de alta frecuencia y que es el resultado de ataques deliberados de los rusos.

En Hanói, la número dos de Estados Unidos tiene previsto mantener una serie de reuniones con líderes de Estado y de gobierno, además de asistir a la ceremonia de inauguración de la sede regional del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. En la capital vietnamita, también asistirá a una reunión virtual de la ASEAN (la asociación que reúne a 10 países del sudeste asiático) en la que se debatirán medidas para combatir el nuevo coronavirus.

En la guerra de las vacunas, Harris prometió al primer ministro vietnamita Pham Minh Chinh que enviaría un millón de dosis adicionales en un plazo de 24 horas, para completar un total de seis millones. También garantizó al presidente Ngyuen Xuan Phuc la asistencia en la defensa de los mares frente a las amenazas externas (léase Beijing).

El intento de reforzar el eje entre Washington y Hanói fue desarticulado por los medios de comunicación chinos, destacaron la importancia de las «garantías» otorgadas por el primer ministro vietnamita al embajador chino en Hanói, Xiong Bo, en las horas previas a la llegada de Harris. Subrayaron que Vietnam jamás se sumará a la alianza promovida por EE. UU. contra Beijing.

La vicepresidenta, que inició este miércoles su visita oficial a Vietnam, dentro de su gira de cinco días por el Sudeste Asiático, aseguró que trabajará estrechamente con Vietnam para «defender la libertad internacional de navegación basada en reglas».

La número dos de la administración de Joe Biden trató este asunto en su reunión con el presidente de Vietnam, uno de los cinco países que disputa territorios con China en esas aguas, junto a Filipinas, Malasia, Brunéi y Taiwán.

En los últimos años, el régimen chino ha construido instalaciones en islas artificiales que podrían ser de uso militar, lo que ha generado preocupación en países vecinos y Washington, que pide la libre navegación en toda la región.

Otro artículo de interés: Reclamo de EE. UU. por actividad china en Mar Meridional

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