Genes, género, sexualidad, escribe Mariana Gonzalez en Buenos Aires

OPINIÓN

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Foto: Arek Socha en Pixabay

*Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

Lectura: 6 minutos

En el volumen 365 de la revista Science de la AAAS (American Association for the Advancement of Science) se publicó el resultado de una investigación sobre la estructura genética de personas con comportamiento homosexual basado en GWAS (Genome-Wide Association Study) estudio de asociación de genoma completo.

La genética de la homosexualidad resulta muy interesante para los biólogos evolucionistas, ya que las personas que se sienten atraídas por otras del mismo sexo generalmente no tienen hijos biológicos, por lo que no se heredaría su genética, sin embargo, la homosexualidad está muy extendida y de acuerdo a investigaciones tendría un componente genético.

Brendan Zietsch, genetista evolutivo de la Universidad de Queensland, Australia y su equipo, utilizando la información almacenada en los bancos de datos del Biobank del Reino Unido, el National Longitudinal Study of Adolescent to Adult Health de EE. UU.y la empresa 23andMe de California EE. UU. analizaron los genomas de 477.522 personas que dijeron haber tenido relaciones sexuales al menos una vez con alguien del mismo sexo, y 358.426 personas que dijeron que solo habían tenido sexo heterosexual. Contestaron, además, un cuestionario relacionado. El estudio analizó solo el sexo biológico, no el género. Excluyeron a los que el sexo y el género no coincidían.

El sexo lo definen los genitales con los que nacemos, nuestras características biológicas y fisiológicas. El género es una construcción social que determina las preferencias sexuales, románticas y emocionales de las personas, el cual está en constante cambio, expansión y depende de las normas constituidas por cada sociedad. La identidad de género es cómo cada persona se auto percibe y la expresión de género es como se presenta al mundo. A diferencia del sexo, el género no se compone de formas binarias. Es un espectro amplio en donde una persona puede identificarse en cualquier punto dentro de este espectro o por fuera de él.

La muestra utilizada si bien voluminosa, era demasiado homogénea.

Según palabras de Zietsch, líder de la investigación «Lo que encontramos es que no existe un solo «gen gay»; en cambio, hay muchos, muchos genes que influyen en la probabilidad de que una persona haya tenido parejas del mismo sexo… Podríamos estar estadísticamente seguros sobre cinco ubicaciones específicas de ADN, también podemos decir con mucha confianza que hay cientos o miles de otras ubicaciones que también juegan un papel, aunque no pudimos precisar dónde están todas».

Cinco loci (posiciones fijas en un cromosoma) autosómicos se asociaron significativamente con el comportamiento sexual entre personas del mismo sexo y se evidenciaron vínculos biológicos con la regulación de las hormonas sexuales.

Sus conclusiones no fueron rotundas: «Primero, las influencias genéticas solo se superponen parcialmente en hombres y mujeres, lo que sugiere que la biología del comportamiento entre personas del mismo sexo es diferente en hombres y mujeres. En segundo lugar, establecimos que, a nivel genético, no existe un continuo único de gay a heterosexual. Lo más probable es que haya genes que predisponen a la atracción por personas del mismo sexo y genes que predisponen a la atracción por personas del sexo opuesto, y estos varían de forma independiente. Debido a la complejidad de las influencias genéticas, no podemos predecir de manera significativa la preferencia sexual de una persona a partir de su ADN, ni ese era nuestro objetivo».

En la revista científica Nature del 23 de agosto de 2021, toman el tema de esta investigación sobre los patrones genéticos que pueden ofrecer pistas sobre la evolución de la homosexualidad, pero, incluyen cuestionamientos sobre las conclusiones de la investigación por parte de algunos científicos. La mayoría no aprueba el método del cuestionario que debieron responder los participantes. Algunos de los cuestionamientos presentados en ese artículo son:

«Está claro que el comportamiento de las personas en lo que respecta al sexo y la reproducción está muy informado desde el punto de vista cultural, y tal vez profundizar en la genética sea casi imposible», dice Julia Mon, ecologista y bióloga evolutiva de la Universidad de Yale, Connecticut.
Qazi Rahman, psicólogo del King’s College de Londres expresa «los conjuntos de datos están demasiado sesgados hacia las personas que estaban dispuestas a revelar su comportamiento sexual a los investigadores, lo que en sí mismo podría considerarse un comportamiento de riesgo que podría reflejarse en los datos genéticos».

Dean Hamer, genetista de Hawaii, dice «Ni siquiera le están haciendo la pregunta correcta a las personas adecuadas».

Los investigadores crearon un sitio web con respuestas a preguntas frecuentes y un video explicativo. Se basaron en los comentarios de grupos de promoción y alcance LGBTQ y talleres organizados por Sense about Science donde representantes del público, activistas e investigadores analizaron las conclusiones.

Los seres humanos somos animales sociables del orden de los primates, familia homínidos, y, como todos los mamíferos tenemos comportamientos sexuales y reproductivos. Pero, nuestro comportamiento sexual no está solo relacionado con la reproducción, también buscamos placer y comunicación afectiva. Estamos en celo constante. Somos producto de nuestros genes; de nuestra formación temprana; de nuestra educación sistemática; de las religiones aunque nos consideremos ateos; de nuestro comportamiento en la intimidad; de nuestros amores; del medio donde nos desarrollamos; de nuestra salud física, psíquica y emocional; de nuestros miedos, limitaciones, prejuicios y autocensuras; de nuestras fantasías, deseos y pensamientos; de nuestros valores y creencias; de nuestra ética personal y social; de los incidentes vividos; de la cultura de la época en su más amplia expresión; de los cambios de nuestros cuerpos; de la sensación de finitud y cada vez más de nuestra autopercepción de que somos libres. No encaja en nuestra compleja identidad circunscribir nuestra sexualidad a los genes heredados.

*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.
Con la colaboración de Daniela Flombaum

Otro artículo escrito por Mariana Gonzalez: Interface cerebro-computadora

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