Los derrotados, escribe Antonio Calabrese, en Buenos Aires

OPINIÓN

50375802637_b4cf4e7eac_c
Vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner junto al presidente Alberto Fernández / Foto: Casa Rosada (Presidencia de la Nación)

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 8 minutos

A pesar de los vanos intentos de la prensa adicta por encontrar justificativos y culpables de la derrota, en el caso del gobierno y a descubrir ganadores inexistentes en la oposición, tratando de construir liderazgos futuros, los fríos números demuestran otra cosa.

Por un lado, una gran derrota de Peronismo devenido, como un milagro del pragmatismo y la obsecuencia, en Kirchnerismo y por el otro de Rodríguez Larreta con su intercambio, de primeros actores adictos a su futura candidatura presidencial, en los distritos importantes.

Un punto aparte son los radicales, en su afán de alcanzar mas preminencia en Juntos por el Cambio, coalición que los devolvió a la vida, es decir a los cargos públicos, quienes no llegan a levantar la puntería por equivocadas preferencias personales que se alzaron como paradigma de la victoria y que no logran a tapar el tamaño de la derrota.

La explicación la da el trazo grueso del análisis sin necesidad de mayores estudios.

1) El gobierno, porque bajó notoriamente su caudal electoral en 23 de las 24 provincias y perdió en 17 de ellas, con todo lo que representa ser derrotado desde el oficialismo en el sistema feudal argentino. Una clara demostración fue perder en la mismísima Santa Cruz.

Gobernadores estrellas de la constelación kirchnerista perdieron y algunos por paliza, ganando solo en provincias con alguna autonomía del Cristinato, como Tucumán y San Juan o en aquellas que la genuflexión es el rito pagano de la religión oficialista como Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero, aunque esta ultima es gobernada por un radical desde hace 16 años, lo que demuestra que la dictadura se cocina con cualquier fuego y no solo el peronista.

De repetirse los guarismos, que pueden ampliarse porque hubo dos millones de ciudadanos que no concurrieron y que se supone no son oficialistas, o en todo caso de siguir la misma proyección, la mayoría y el quorum del Senado están perdidos, así como cada vez más lejanos los de la Cámara de Diputados.

La lucha por la impunidad o la salvación comercial de los amigos como la que hizo la Jefa de la Afip, Marcó del Pont, en las vísperas electorales, desistiendo de una demanda civil y querella criminal por más de 8.000. millones de pesos originarios que vaya a saber cuánto representarían hoy solo con contar la paridad cambiaria en el tiempo desde el 2015, que pesaba sobre Cristóbal López, cliente del estudio jurídico del Presidente, se terminó, o al menos tendrá mayores dificultades para prosperar.

La Justicia, siempre proclive a los cambios electorales debe haberlo registrado, de allí nuestra esperanza, veremos sus consecuencias.

2) El inefable Rodríguez Larreta, que dejó de ser Horacito y se convirtió con el uso de un «aparato» gigantesco, engordado con fondos capitalinos, en un nuevo icono autoritario de buenos modales, postergando a los mejores de Juntos por el Cambio en CABA y Provincia de Buenos Aires, como si estuviera en el fondo del patio de su casa regando las plantas, reemplazando y postergando a los ranqueados en primer término según todas las encuestas, como Patricia Bullrich, líder indiscutida de ellas, o la presencia seria y sensata de Miguel Ángel Pichetto que atraía a un sector importante de peronismo republicano.

En la Capital lejos de renovar la totalidad de los diputados que vencían su mandato y de superar el 50% que obtuvieron en el pasado reciente, su candidata impuesta de prepo, apenas llegó a superar el 32%, mientras que López Murphy que optó por integrar el frente, no obstante las diferencias, obtuvo 11,25% que sumado a la otra facción radical de Rubinstein del 4,01%, demostraría que dividió con autoritarismo el 15% como mínimo de votos propios, poniendo en peligro la posibilidad de retenerlos en noviembre.

A ellos se debieran sumar gran parte de los de Milei, que no tuvo mas alternativa que ir por afuera con partido propio con el que sacó el 13,66 %. Es decir que si sumamos los votos que derrochó podría hacer perder a Juntos por el Cambio, de subsistir como todo lo indica el rechazo a Vidal, casi la mitad de su electorado con el que hubiera hecho la mejor elección de su historia.

En la Provincia un pobrísimo 22,88% de Santilli me exime de mayores comentarios.

3) El radicalismo, en disimulada caída libre, inventando forzados liderazgos de notorios mediáticos, como las de Loustau, inventor de la tristemente célebre 125, exministro de Cristina, que puso al país al borde la guerra civil, o del «neurocientífico» Manes con oscuro pasado, difícil de ocultar, fue un papelón.

Manes sacó en Provincia de Buenos Aires el 15,16% de los votos, lo que pretenden hacer pasar como un gran triunfo radical, pero se debe recordar que esa lista fue integrada en distintos cargos, con avezados candidatos peronistas históricos, que trabajaron territorialmente, enojados con el Pro, como Joaquín de la Torre, exintendente de San Miguel y exministro de Gobierno de Vidal con importante llegada a los intendentes peronistas y el expresidente de la Cámara de Diputados durante todo el periodo de Macri, Emilio Monzó, también exintendente peronista, que fueron parte de los que llevaron al Pro a la victoria en la Provincia en 2015.

De tal modo es difícil adjudicarle el total de los votos al radicalismo, porque hacia allí también convergieron los votos del Pro no peronistas ni radicales descontentos con la invasión porteña de Santilli.

Es que, aparentemente, para Rodríguez Larreta no existían ni en CABA ni en Provincia mejores y más dignos candidatos que sus viejos socios a mano de sus caprichos.

Por eso, en el mejor de los casos, podríamos adjudicar a Manes como propios y provenientes del centenario partido radical un 50% de sus votos o sea alrededor del 7% apenas 2 puntos más que los del principiante y novato liberal Espert.

Un verdadero desastre.

Las provincias en que ganaron como Corrientes recordemos que lo fue con un frente de numerosos partidos tejido desde la Gobernación, o Jujuy con un Gobernador que muchas veces hizo votar a sus Senadores y Diputados con el Kirchnerismo y que es más cercano a Cristina inclusive, que muchos partidarios de esta, salvándose la actuación de la conservadora Mendoza, en donde Cornejo parece con seriedad recuperar la vía de la vieja «línea nacional» apartada del progresismo bobo del último radicalismo socialdemócrata y miembro de la internacional socialista, aunque no le resulte políticamente correcto reconocerlo.

Santa Fe es un mundo aparte que condenó tanto a los oficialistas del Pro estilo Angelini como a los exjerarcas radicales Corral y Barletta, colgados de las listas amarillas, del mismo modo que a los socialistas exgobernantes y a los kirchneristas rebeldes de Rossi.

Los cristinistas y más genuflexos del Gobernador Perotti, ganaron la interna propia pero perdieron en la general lo que adelantaría un triunfo no peronista en el distrito.

Y en Córdoba, que es Córdoba, distinta como siempre, allí se cruzaron todos, pero el lúcido Mario Negri, presidente del bloque en diputados, su candidato oficial, quedó tercero.

Conclusión

El único ganador de las elecciones fue el pueblo argentino que no se dejó arriar por nadie ni influenciar por medio alguno, castigando y eligiendo según sus esperanzas.

Otro artículo escrito por Antonio Calabrese: El Alma de Buenos Aires

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s