Argentina: pobre país, análisis de Hugo Flombaum

OPINIÓN

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Crisis argentina de 2001 / Foto: PRFOTOBAIRES

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 6 minutos

La palabra coalición está reemplazando en el ranking de más usada a la de protocolo o pandemia.

Nuestras coaliciones, ambas, no son coaliciones de gobierno, sólo son coaliciones electorales.

No lo son, porque se integran contra al que enfrentan, con el sólo objetivo de controlar el gobierno.

Las últimas décadas nos indican claramente que ninguna coalición llega al gobierno con un programa que se exprese en un presupuesto de gastos y recursos que abarque por lo menos el período para el cual se postula.

Son coaliciones que administran la cosa pública al día, en un «vamos viendo», por eso son coaliciones que tienen como objetivo ganar aunque sea por un voto.

Si fueran coaliciones de gobierno requerirían de una mayoría especial que les garantice aprobar un presupuesto multianual que cubra los cuatro años para los cuales son elegidos, por lo menos.

Una coalición electoral se forma para sacar una foto, una coalición de gobierno se conforma para filmar una película y el presidente es el director de un guion ya escrito con la letra y los roles distribuidos y su responsabilidad es dar armonía a ese libreto.

Como siempre las cosas mal nacidas a medida que pasa el tiempo se degradan.

Argentina nunca tuvo una coalición de gobierno, tenía dos partidos políticos que dominaban el escenario electoral. En la medida en que ninguno de ellos pudo sostener esa preminencia apareció como necesaria la conformación de alianzas, que no eran para gobernar eran para ganar elecciones.

Hoy nos enfrentamos a una crisis política enorme. Ninguna de las dos coaliciones puede garantizar la mayoría necesaria para las reformas que se requieren para salir de la decadencia.

Ninguna de las coaliciones puede sentarse a elaborar un presupuesto plurianual porque solo calculan como ganar al otro. Este status quo es el que lleva a la decadencia.

Si realmente pretenden transformar el país como declaman, lo primero que deben hacer es construir una coalición que garantice los votos necesarios para cumplir los objetivos. De otra manera serán como lo fueron estos 38 años, simples declamadores de intenciones para lograr la foto del triunfo.

Ya vivimos la ruptura de dos coaliciones con implicancias institucionales la del 2001 y la actual. Pero las otras, no pudieron avanzar seriamente con ningún plan, lo cual llevó a la peor de las situaciones, la actividad económica, educativa, de salud, etc. ha cobrado independencia de lo que disponga el Estado. La informalidad de esa manera garantiza que las cosas funcionen, pero el orden institucional se diluya en la ignorancia por parte del pueblo.

La oposición, al oficialismo actual, hoy repite la misma cantinela, quieren imponer su modelo de país, aunque saben que no tienen la mayoría necesaria para hacerlo, primero porque no explicitan en que consiste y segundo porque no se sientan a acordar las acciones y funciones necesarias, ni con los propios, ni con los sectores que garanticen el éxito de lo que proponen. Lo cual garantiza el fracaso.

Nos quedan dos años, si se usan para que aquellos que quieren proponerse para un futuro nuevo gobierno, presenten sus proyectos, expresados en presupuestos y leyes necesarias para ejecutarlos, y logren una mayoría que garantice el plan, veremos una salida, sino será irremediablemente un nuevo fracaso.

Presenciaremos una nueva foto, con una mayoría circunstancial contenta y una minoría que al día siguiente comenzará a actuar para invertir la situación a los dos o cuatro años.

Mientras más argentinos pasan a la informalidad o eligen irse del país.

La balcanización de la república está en marcha, ya son tres o cuatro provincias las que sólo se comunican con el estado nacional para recibir los fondos que, según una ley, vencida por la constitución de 1964, determina que les corresponde. Para todo lo demás ejecutan sus propios planes.

Esa balcanización puede confundirse con federalismo, pero no lo es. Un estado nacional federal tiene una moneda, no la tenemos. Tiene una política de comercio exterior, no lo tenemos y el comercio con los países limítrofes ya se realiza sin la participación del estado nacional. Tiene una política de salud y con la pandemia nos dimos cuenta que no fue la misma en muchas provincias. Tiene una política de relación con el mundo común y consensuada, aquí no es así, ni en las provincias, y ni siquiera en las propias coaliciones.

No somos una nación, lo poco que queda de ella se expresa en el deporte y en pocas cosas más.

El día que un dirigente político se proponga convocar a esa mayoría necesaria comenzaremos a vislumbrar un futuro, mientras tanto sólo nos queda presenciar las pujas hegemónicas de corto plazo y que cada vez duran menos.

En otros momentos la violencia se hubiera apoderado de las calles, hoy solo se expresa en desesperanza e indiferencia. Aunque cada dos años esos aspirantes a dirigentes, por tener una cantidad de votos y una foto, crean que conducen a alguien.

Solo expresan el estado de ánimo de ese día de la gente que aun concurre a votar, aunque en cada elección sean menos.

Un último comentario sobre la actualidad, ya ni las renuncias son creíbles, lo que es creíble es, que la especulación sobre el poder es el único móvil y cada día esa especulación es más pequeña y miserable.

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: Maquiavelo advierte a Cristina

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