Antes de votar Ortega continúa deteniendo opositores en Nicaragua

INTERNACIONAL

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Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega / Foto: Gobierno Danilo Medina

Lectura: 9 minutos

Al menos 12 personas fueron detenidas la noche del sábado en Nicaragua, en la víspera de las elecciones generales que ya estaban marcadas por el encarcelamiento de una treintena de opositores, incluidos siete aspirantes presidenciales, según los principales medios informativos del país y de la región.

Cuatro de los detenidos pertenecen a la Alianza Cívica y ocho a la Unidad Nacional Azul y Blanco, las dos organizaciones opositoras que podrían influir en el resultado de las elecciones del domingo.

Ambas organizaciones nacieron con las protestas opositoras al gobierno del presidente Daniel Ortega en 2018, manifestaciones masiva que marcaron un punto de inflexión que hizo tambalear al mandatario que retornó al poder hace más de 10 años.

«Están a punto de secuestrarme y estoy lleno de energía y fuerza. Fortaleza. Vamos a lograr la democracia», dijo Muammar Vado, quien forma parte de los detenidos, minutos antes de ser despojado de su teléfono celular.

En estas elecciones, que los opositores denuncian como fraudulentas por la falta competencia, Daniel Ortega busca cinco años más en el poder. De lograrlo, tal y como se vislumbra, cumpliría 20 años consecutivos gobernando en Nicaragua.

Su esposa, Rosario Murillo, lo acompaña en la fórmula como candidata a la vicepresidencia, a pesar de haber sido sancionada por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea.

El panorama electoral es cuestionado por la comunidad internacional y la población nicaragüense.

«Lo que vamos a tener es un fraude a otro nivel. A Ortega no le bastó con falsificar actas, boletas, ahora es un fraude en todo el sistema. Fabricó una elección con sus propios competidores», dijo a la VOA, el exdiputado nicaragüense Eliseo Núñez.

«Calló a todos sus críticos y no dejó entrar a la prensa extranjera. Eso no es normal cuando alguien para reelegirse hace todo eso», agregó.

En las boletas electorales aparecen otros cinco candidatos, que han mantenido un perfil bajo durante la campaña, que la oposición acusa de «cómplices» de Ortega.

El gobierno de Ortega asegura que el proceso electoral se apega a la Constitución Política y a las leyes electorales de Nicaragua.

El canciller nicaragüense, Denis Moncada Colindres, dijo a finales de octubre que las elecciones contaban «con la libre participación de los partidos políticos legalmente constituidos», afirmación negada por las masivas detenciones de oposistores y periodistas que denuncian la farsa electoral.

Los nicaragüenses votaron el domingo en unos comicios con una previsible victoria del presidente Daniel Ortega para asumir un nuevo mandato tras 14 años en el poder, sin mayor competencia, con siete aspirantes opositores encarcelados. El gobierno acreditó el sábado a unos 200 «acompañantes electorales» y periodistas de países y grupos amigos, que según el observatorio Urnas Abiertas son «militantes sandinistas» extranjeros, que reemplazan la observación internacional de la OEA o la UE y a medios internacionales.

Ortega, quien el jueves cumple 76 años, se apresta a ejercer otros cinco años como presidente, a la cabeza del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, izquierda) con su poderosa esposa Rosario Murillo (70), candidata a la vicepresidencia por segunda vez.

También se elige a 90 diputados de un Congreso que, al igual que todos los poderes del Estado, está bajo control oficial.

La permanencia en el poder de Ortega no se pone en duda. El actual mandatario, que gobernó en los años 1980 luego que la guerrilla del FSLN derrocara en 1979 al dictador Anastasio Somoza, se enfrenta a cinco candidatos, desconocidos y calificados de colaboradores del gobierno.

La atención de la prensa en la elección en este empobrecido país centroamericano de 6,5 millones de habitantes no es por quién votar, sino si abstenerse o participar.

Marina Aguirre, de 36 años, vecina del barrio Memorial Sandino, en el oeste de Managua, irá a votar: «tenemos hospitales y escuelas gratuitos», justifica. «Mis hijos van a la escuela pública, él (Ortega) se preocupa que cada niño tenga un juguetito todos los años», afirma.

Ni creíbles, ni justas serán las elecciones del domingo en Nicaragua: entre los Gobiernos de la Unión Europea (UE), ese es el consenso. Así lo afirmó esta semana el portavoz de Relaciones Exteriores de la Comisión Europea.

Con los oponentes en prisión, la victoria en las urnas de Daniel Ortega y su vicepresidenta Rosario Murillo, en realidad, está cantada. Por eso, los resultados se catalogan desde ya como falseados. Y el procedimiento entero, como una farsa.

De similar manera lo denominan diversos grupos de todo el espectro político de la Eurocámara. Según un comunicado del bloque de socialistas y demócratas ─el segundo mayor del Parlamento Europeo─, estas elecciones generales se celebran «con el único objetivo de consolidar aún más la dictadura de Daniel Ortega».

¿Una farsa? «Sí», responde a DW Ramón Jáuregui, presidente de la Fundación EuroAmérica, que cuida, al más alto nivel, las relaciones entre la UE y América Latina. «No se pueden calificar de otra manera, cuando está manipulado hasta el propio cómputo electoral, puesto que no hay observación electoral», puntualiza Jáuregui, exeurodiputado y expresidente de la Asamblea Euro Latinoamericana (Eurolat).

Con vistas al domingo 7 de noviembre, Jáuregui apunta: «lo que importa ahora es que el propio pueblo nicaragüense de una lección democrática no participando en las elecciones, como una primera señal que no depende del exterior sino de ellos mismos». Una alta abstención electoral sería una ficha importante en el tablero de la presión internacional.

«Las elecciones del domingo serán una farsa, sí, es el término es correcto», dice también a DW un líder opositor nicaragüense exiliado en Bruselas, que prefiere no ser identificado. «Para que la gente vaya a votar, ejercen intimidación en el sector público, también en los beneficiarios de proyectos del Estado», comenta citando las últimas estadísticas de Gallup.

Según las estadísticas, el 78 por ciento de la población nicaragüense considera ilegítimas estas elecciones y el 65 por ciento votaría por cualquier candidato que no fuese del régimen Ortega-Murillo. En este contexto, Jáuregui comenta: «sí, yo creo que el eslogan de que no hay por quién y que no hay razones para votar me parece totalmente apropiado».

En cualquier caso, Bruselas anuncia que será después de la «falsa» jornada electoral cuando los 27 miembros de la UE decidan qué hacer con respecto a Nicaragua. Según fuentes oficiales, todas las opciones están sobre la mesa.

Desde octubre de 2019, el Consejo de la UE decidio sanciones contra el regimen de Ortega y la lista se ha ido ampliando. Los últimos nombres que se han agregado con terminos como abuso de poder y corrupcion, llegan directamente a la familia presidencial.

«Aunque la UE no tiene la varita mágica para solucionar el problema sin afectar al pueblo nicaragüense, Europa intensificará las sanciones individuales como el impedimento de ingreso al territorio europeo y la congelación de bienes», acota Jáuregui. ¿Es todo lo que se puede hacer? Hasta el momento, ha dado poco resultado.

Nicaragua es miembro del Acuerdo de Asociación (ADA), que une a América Central con la UE desde el 2012, donde existe una cláusula que permitiría suspenderlo en caso de incumplimiento democrático. No obstante, aunque el acuerdo vigente sigue ostentando el ambicioso título, en la práctica solo actúa en la parte comercial. Los artículos que contemplan respeto a libertades civiles y democráticas sigue pendiente de ser aprobadas por algunos de los 27 parlamentos nacionales del club europeo.

Justamente en ese punto, el líder opositor consultado por DW observa la siguiente posiblidad: «Si hay voluntad política, ese acuerdo se ratifica pronto. Su entrada en vigor y la amenaza de su suspensión sería una medida de gran presión para el régimen de Ortega. La suspensión de ciertos rubros, sería otra opción».

Por el contrario, Jáuregui opina: «Una sanción que suspenda los acuerdos económicos con Nicaragua tiene enorme repercusión social y económica en la gente, pues pagan justos por pecadores. Hay que entender que la acción internacional tiene un límite y que, en estos procesos de dictaduras que se consolidan internamente; tiene que haber presión para que haya un proceso negociador que recupere la libertad y normalidad democrática. En eso está trabajando la UE».

Otro artículo de interés: Ortega cierra paso a prensa para elecciones en Nicaragua

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