El gran derrotado, análisis político de Antonio Calabrese

OPINIÓN

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Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta / Foto: Santiago Trusso

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 5 minutos

Horacio Rodríguez Larreta, Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con todas las ínfulas de un líder autopercibido, intentó jubilar políticamente a su mentor, el expresidente Mauricio Macri, lo cual no fue muy sano de su parte, desplazando también a quienes encabezaban la aceptación de la gente en todas las encuestas con elevadísimos porcentajes, como Patricia Bullrich presidente del PRO, su propio partido, sino que desplazó además a otros importantes referentes de sectores aliados, como Miguel Ángel Pichetto, Joaquín de la Torre, Emilio Monzó, Jorge Macri, etc., para favorecer a sus 2 referentes incondicionales intercambiándolos de distrito erróneamente.

Hizo imposible la competencia interna por la utilización clara de lo que se llama políticamente «el aparato» de CABA con la infinidad de recursos que eso conlleva, no solo desde la movilidad, la utilización de operadores y «operaciones» que van desde las pautas publicitarias a las designaciones contractuales, o a la acción social privilegiada de sus «punteros».

La intervención de esa estructura, jugada no sólo en su distrito sino en la provincia de Buenos Aires, desplazó completamente a cualquier reacción interna, que con hidalguía se limitó a acompañar desde sus lugares a los candidatos impuestos, actuando de manera orgánica evitando un suicido político.

Llevar a la exgobernadora de la provincia como primer candidata en la Ciudad, en detrimento de otros precandidatos mejor perfilados le hizo perder a la oposición 3 de los 10 diputados nacionales que ponía en juego en el distrito, reteniendo apenas 7, mientras que «Todos» mantenía los 3 que renovaba, justamente cuando se buscaba reducir la influencia en la Cámara Baja del kirchnerismo.

También perdió en la Legislatura de la Ciudad 6 de las 21 bancas que renovaba, reteniendo solo 15, mientras que «Todos» con Santoro subió de 6 a 8 legisladores. Aquí perdió un porcentual de 1,19 de votos con respecto a las PASO mientras el Kirchnerismo gano el 0,45.

En la comparación con las presidenciales de 2019 perdió alrededor de 150.00 votos. (1.068.194 a 855.562).

En la Provincia de Buenos Aires también perdió la mayoría propia en el Senado pues «Todos» ganó 3 y hoy iguala en número de escaños a Juntos por el Cambio desempatando las votaciones, en su caso, Verónica Magario, que es la Vicegobernadora y presidente del cuerpo, perteneciente obviamente al frente de «Todos», es decir al kirchnerismo, mientras que en diputados nacionales gana apenas uno, gracias al apoyo de los partidos aliados como la UCR y referentes como Monzó o de la Torre, que acataron el resultado de las PASO.

En la cantidad de votos en esa provincia, el kirchnerismo con respecto a las presidenciales de 2019 perdió alrededor de 2.00.000 es decir de 5.294.879 bajo a 3.368.295 de los que apenas unos 200.000 pudo ganar la lista encabezada por Diego Santilli (de 3.642.552 a 3.840.158).

El triunfo de Juntos por el Cambio fue en las bancas en juego en el Senado de la Nación, que permitió restarle al Kirchnerismo el quórum propio y la mayoría histórica que mantenía desde el regreso de la democracia hace casi cuarenta años, lo que se debió a la victoria en Provincias en las que no «operó» Rodríguez Larreta sino Patricia Bullrich, Martín Loustau, Miguel Ángel Pichetto, Gerardo Morales, Gustavo Valdez y otros que no fueron candidatos a nada.

Todo esto se agrava por el momento favorable e irrepetible para la oposición, con la ciudadanía irritada por 1 año y medio sin clases y los niños en las calles, con cuarentenas de más de 7 meses (récord mundial) que cerraron miles de Pymes, comercios, industrias, con centenares de miles de desocupados, superando el 50% de pobreza y sobre todo con más de 116.000 muertos por COVID, lo que constituyó un verdadero genocidio a tenor de la desaprensión (en el mejor de los casos) con que se negoció la compra de vacunas, rechazando las mejores y eligiendo las menos calificadas en el mercado mundial, siendo proveídas a destiempo y en forma irregular, tardíamente.

La ambición poco mesurada de Rodríguez Larreta, privilegiando su carrera a la presidencia en 2023 por sobre la situación angustiante del país lo llevó a este descenso peligroso para el futuro de la oposición que en la próxima deberá enfrentar a un adversario distinto, que sorteó su peor momento.

Otro artículo escrito por Antonio Calabrese: Los Mapuches y el Montonerismo

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