Nuevo canciller para locomotora alemana

INTERNACIONAL

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Olaf Scholz, nuevo canciller alemán / Foto: fsHH from Pixabay

Lectura: 10 minutos

¿Muerto el Rey viva el Rey? Después del largo y exitoso período de la jefa de gobierno (canciller) Angela Merkel, comienza el momento del socialdemócrata Olaf Scholz, un político de escaso carisma con abundante pragmatismo para dirigir la locomotora europea. Abundan las incógnitas sobre el nuevo «rey» que tendrá la mirada mundial para comparar ambas gestiones.

Si todo marcha según lo previsto, Olaf Scholz tomará el relevo de Angela Merkel en la jefatura del gobierno alemán en diciembre de 2021. ¿Quién lo hubiera pensado en agosto de 2020, cuando se postuló como candidato del partido socialdemócrata a la cancillería?

«Apenas un año antes, en 2019, había perdido las elecciones internas para la jefatura del SPD, no solo porque el partido añoraba una cúpula del ala izquierda, sino también porque el introvertido y pragmático dirigente nunca logró conquistar realmente los corazones socialdemócratas», estima la DW.

Pero Olaf Scholz, que desde 2018 detentaba los cargos de ministro de Finanzas y vicecanciller en el gobierno de Merkel, era la única figura de peso del SPD en condiciones de asumir el desafío de la candidatura a canciller.

El SPD estaba por los suelos en las encuestas y, durante meses, casi nadie daba un céntimo por el candidato Scholz. Pero la forma estoica en que llevó adelante su campaña es uno de los secretos de su éxito. Aceptar las derrotas sin quejarse, volver a levantarse, seguir siempre adelante sin dudar de sí mismo: ese es el lema de Olaf Scholz, nacido en 1958 en Osnabrück. Desde hace años vive en Postdam, a las puertas de Berlín, con su mujer, la ministra de Educación del estado de Brandeburgo.

Durante su trayectoria política de décadas ha sufrido más de un revés, pero a largo plazo nada pudo sacarlo de su carril. Ni siquiera las investigaciones parlamentarias por dos escándalos financieros en las que tuvo que declarar. Las críticas se diluyeron y no salió perjudicado.

Con tenacidad fue escalando peldaños en la escalera política. Y en ese proceso experimentó una notable evolución. Como subjefe de la organización juvenil del SPD, abogaba en los años 80 por «superar la economía capitalista». Pero en su trabajo como abogado especialista en derecho laboral, con un despacho propio en Hamburgo, aprendió mucho acerca de cómo funciona la economía y el empresariado, y eso lo marcó.

Pronto se lo adscribió más bien al ala conservadora del SPD, y no solo en materia de política económica. Como secretario general del partido, impulsó una reforma laboral que incrementó la presión financiera sobre los desempleados.

Olaf Scholz es un hombre que no muestra sus emociones. Siempre se controla, incluso en momentos de gran alegría. Los que lo conocen de cerca, afirman que jamás lo han oído gritar, ni siquiera cuando seguramente estaba furioso.

Desde 2007, Olaf Scholz ha ocupado casi continuamente cargos gubernamentales. Primero como ministro del Trabajo, luego como alcalde de Hamburgo. En 2018, asumió como ministro de Finanzas y vicecanciller, en Berlín. Se dice que ya entonces tenía en la mira la cancillería.

Durante la pandemia, su influencia creció. El ministro de Finanzas era el encargado de las millonarias ayudas, y supo aprovechar la situación para presentarse en escena una y otra vez. «Esta es la bazuca, con la que ahora hacemos lo que es necesario», prometió ya en la primavera alemana de 2020, poco después que la pandemia irrumpiera.

Alemania puede resistir la pandemia financieramente: esa fue su consigna. El país habrá contraído nuevas deudas por un monto de 400 mil millones de euros hasta fines de 2022. Pero podrá superarlo, según Scholz: «Nadie debe tenerle miedo a eso, ya lo logramos una vez, tras la última crisis de 2008/2009, y lo lograremos nuevamente, en cerca de 10 años».

Actualmente, sin embargo, resulta evidente que la pandemia dista de haber quedado atrás. Las altas tasas de contagio tienen un impacto negativo en la economía. Y el próximo gobierno tendrá que seguir endeudándose para respaldar a las empresas. Ese también será un gran desafío para la coalición tripartita encabezada por Olaf Scholz.

En Alemania pronto gobernará una alianzaque nunca se dio en esta constelación a nivel nacional, liderada por el sorprendente ganador de las elecciones, el Partido Socialdemócrata (SPD). Se trata de la fuerza más antigua del país, que surgió del movimiento obrero en el siglo XIX, y ya ha demostrado valor para cambiar varias veces en su larga historia.

Más recientemente, a comienzos de este milenio, cuando, junto con Los Verdes, modernizó la petrificada política laboral, social y económica con la «Agenda 2010» Un giro radical que permitió sanar, al menos en lo económico, al «enfermo de Europa», como se llamaba a Alemania en esa época. De ese modo, la cuarta economía del mundo se puso de nuevo en marcha y logró reactivar su importante papel de locomotora europea.

No hay duda que también hubo muchos perdedores en este cambio radical de rumbo. La pobreza relativa en Alemania es preocupante; en ningún otro país hay un sector mayor de salarios bajos. El designado gobierno de la coalición tripartita «semáforo» ahora quiere cambiar con un aumento del salario mínimo. De esta manera, Olaf Scholz, el futuro canciller alemán y sucesor de Angela Merkel, mantiene una promesa electoral clave del SPD. Eso es bueno, porque alrededor de diez millones de personas se beneficiarán.

Esta medida fue controvertida durante las negociaciones para formar coalición, porque el Partido Demócrata Liberal (FDP), fuertemente orientado hacia la economía de mercado, no está nada de acuerdo cuando se trata de intervención estatal en la autonomía de negociación colectiva. A cambio de esa medida, el FDP logró imponerse en su exigencia de mantener al freno de la deuda anclado en la Constitución. Y la marca de Los Verdes es inconfundible en cuanto a su tema central, el clima. Por ejemplo, en la propuesta que la eliminación del carbón como fuente de energía se adelantará de 2038 a 2030.

Los tres partidos de la coalición «semáforo» demostraron un alto grado de capacidad de compromiso. En la implementación de su ambicioso programa.

Pero Alemania, Europa y el mundo necesitarán muchos aliados, también más allá de la mesa de gabinete y fuera del Parlamento. Dentro del país, deberán convertir rápidamente sus palabras en hechos. Un buen comienzo es el anuncio de que se establecerá un equipo de expertos y de crisis para contener la pandemia.

Los pasajes sobre política exterior, de seguridad, defensa y desarrollo del acuerdo parecen tener buenas intenciones. Que la Unión Europea debe mejorar su actuación a nivel internacional y parecer más unida, ya era el objetivo durante los 16 años con Angela Merkel. El «Brexit» ha demostrado lo difícil, casi imposible, que eso resulta. Y las fuerzas centrífugas tienden más a fortalecerse que a debilitarse, si se toman como criterio los déficits en el Estado de derecho, especialmente en Polonia y Hungría.

Sobre este terreno accidentado, el futuro gobierno alemán necesitará mucho tacto, pero también mucha capacidad de imponerse. Eso también se aplica en relación con los seis países de los Balcanes Occidentales que quieren formar parte de la Unión Europa. Suena bien que, según el acuerdo de coalición, Alemania quiera ejercer su tradicionalmente elevada responsabilidad en la UE entendiéndola como «servicio». Con Olaf Scholz, que fue vicecanciller de Angela Merkel, la continuidad está garantizada.

Lo mismo se aplica a la relación con la Alianza de Defensa del Atlántico Norte (OTAN) y, por tanto, automáticamente con los EE. UU. Si el componente político de la Alianza se va a fortalecer en el futuro, eso tiene mucho sentido debido al desastre militar en Afganistán. La intención de luchar por una política de armas restrictiva encaja perfectamente en esto.

Incluso con países tan diferentes como China, Rusia y Turquía, la coalición tripartita de gobierno de Alemania quiere hacer lo que es inevitable después de muchos años de tensiones crecientes: insistir en la observancia de los derechos humanos y mantener el diálogo, a pesar de las relaciones plagadas de crisis. Los tres partidos dispuestos a gobernar, el SPD, los Verdes y el FDP, parecen haber encontrado una base útil para todos esos desafíos, a nivel nacional e internacional.

No es casualidad que el lema «Atreverse a avanzar» que se encuentra en el acuerdo de coalición, recuerda al lema del SPD en la época del primer canciller socialdemócrata, Willy Brandt. «Atrevámonos a más democracia» fue una promesa de la coalición forjada con el FDP en 1969. Una promesa que Alemania desempolvó paso a paso y condujo a una política de distensión con la parte comunista del mundo en el escenario internacional, entiende el especialista Marcel Fürstenau.

Borroso queda el escándalo del secretario privado de Brandt, Ghunter Guillaume, que espiaba para los comunistas.

El hecho de que esta coalición tripartita se describa a sí misma como una «alianza por la libertad, la justicia y la sostenibilidad» es, en primer lugar, una concesión a la autoimagen individual: el FDP defiende la libertad, el SPD la justicia y los Verdes la sostenibilidad. ¿Quién podría tener algo en contra de esta melodiosa tríada? Solo aquellos que confían en el nacionalismo, el aislamiento y las políticas autoritarias dentro y fuera de Alemania.

Desafortunadamente, hay muchos de ellos. Enfrentarlos con confianza en sí mismos, con una actitud democrática y un espíritu de optimismo, es una buena señal de Alemania.

Otro artículo de interés: Fin de era socialcristiana de Merkel en Alemania

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