Impuesto europeo al carbono amenaza provocar guerra comercial

INTERNACIONAL

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Foto: Billy Wilson

Lectura: 4 minutos

Para 2030, el bloque comunitario quiere reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero ─el carbono especialmente─ en un 55 por ciento, en lugar del 40 por ciento previsto anteriormente.

Para lograrlo, debe reestructurar rápidamente su industria, que es una intensa generadora de emisiones. En el futuro, los grandes contaminadores de Europa deberán pagar precios más altos por el CO2 que emiten y se verán obligados a cambiar a procesos de producción más respetuosos con el clima.

Para que los fabricantes europeos no estén en desventaja en la competencia internacional, la Comisión Europea también prevé un impuesto sobre las emisiones de CO2 en las importaciones procedentes del extranjero.

El denominado Mecanismo de Ajuste del Carbono en Fronteras (CBAM, por sus siglas en inglés) es pionero a nivel mundial. Un impuesto sobre el CO2 afectaría especialmente a los productos importados de industrias que generan la mayor cantidad de emisiones, como el acero, el cemento, el aluminio, los fertilizantes y la energía.

Esto significa que si, por ejemplo, una empresa china quiere vender en la UE un acero que ha provocado más emisiones de CO2 durante su producción que el acero producido en Europa, deberá pagar el precio del CO2 por tonelada que la UE exigirá por su importación.

Según la Comisión Europea, el mecanismo entrará en vigor a partir de 2026.

Uno de los objetivos es conseguir que las empresas industriales de la UE produzcan de forma más sostenible, sin quedarse atrás en la guerra mundial de precios debido al aumento de los impuestos al CO2.

«Los fundamentos económicos son muy simples», afirma Hector Pollitt, economista del Instituto de Liderazgo Sostenible de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido. «En la UE, tenemos que pagar un precio alto sobre el CO2. En otros lugares, no existen precios tan elevados al CO2. Esto coloca a los productores de la UE en una situación de desventaja cuando compiten con otros países», agrega.

En la actualidad, 11.000 empresas industriales, como refinerías de petróleo y acerías, empresas de aluminio, metal, cemento y productos químicos, tienen que pagar en la UE impuestos por las emisiones de CO2 que sobrepasen un límite determinado.

Pero el llamado Sistema de Comercio de Emisiones de la UE, introducido en 2005, no tuvo mucho éxito debido a las exenciones para muchas empresas y al bajo precio del CO2: en 2016, fue de apenas tres euros por tonelada. Esto cambiará ahora. En 2021, el precio del CO2 en la UE aumentó a 69 euros por tonelada.

El impuesto sobre los productos importados tiene como objetivo principal evitar la denominada «fuga de los precios del CO2»: «Perjudicaría nuestros esfuerzos que las empresas emigren para evitar el precio del CO2 de la UE», declaró el comisario de Economía de la UE, Paolo Gentiloni.

El nuevo mecanismo tiene como objetivo evitar que las empresas trasladen su producción de la UE a países con normas medioambientales menos estrictas para vender desde allí sus productos a la UE.

Los países más afectados por el CBAM serían Rusia, China, Turquía, Reino Unido, Ucrania, Corea del Sur e India.

Queda por ver si el nuevo impuesto será válido en el marco de la Organización Mundial del Comercio. El nuevo impuesto previsto por la UE tiene ciertamente potencial para desatar conflictos.

Si los países perciben este impuesto sobre el CO2 como proteccionismo e introducen contramedidas, no se puede descartar la posibilidad de una guerra comercial, según Sanna Markkanen, analista de la Universidad de Cambridge. Sin embargo, Markkanen ve, en general, señales bastante positivas para el desarrollo de un sistema comercial internacional más sostenible.

«Hay un buen argumento para que la UE y Estados Unidos intenten trabajar juntos y formen el llamado «club del carbono»» explica.

En la UE insisten en que el mecanismo es «un instrumento de política medioambiental, y no un arancel», dijo el comisario Gentiloni. Además de proteger su propia economía, el impuesto sobre el CO2 de la UE también pretende presionar a otros países para que hagan sus economías más sostenibles lo antes posible.

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