Rusia y UE escalan peligrosamente controversia por Ucrania

INTERNACIONAL

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Viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Ryabkov / Foto: The Official CTBTO Photostream

Lectura: 7 minutos

Por ahora se muestran los dientes pero el presidente ruso Vladímir Putin tiene colmillos nucleares. La controversia del despliegue misilístico entre los dos contendientes ─que no ocultan las diferencias─ trae de inmediato a la memoria los peores momentos de la guerra fría cuando la URSS amenazaba con artefactos nucleares apuntando al sector occiental.

El G7 reunido en Londres presiona a Moscú amenazando con sanciones nunca aplicadas hasta ahora si Putin decide avanzar sobre Ucrania, como lo hizo en el 2014 invadiendo la península de Crimea. Putin responde con el aviso del despliegue de misiles intermedios si la OTAN avanza sobre el este europeo, como reclama el gobierno ucraniano para contar con un paraguas de seguridad.

A través del viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Ryabkov, Moscú elevó la preocupación por un posible despliegue de armamento en el continente, cuando la tensión entre Oriente y Occidente es la mayor desde el fin de la Guerra Fría hace tres décadas.

Ryabkov declaró en una entrevista a la agencia de noticias rusa RIA que Moscú tendría que actuar si la OTAN se niega a un compromiso con Rusia para evitar una escalada, parte de las garantías de seguridad que su Gobierno busca para bajar la tensión en Ucrania.

Estados Unidos y sus aliados han advertido a Moscú que abandone un supuesto plan de invadir Ucrania, algo que Ryabkov volvió a negar que fuera intención de Rusia.

En 1987 los líderes Mijail Gorbachev y Ronald reagan firmaron un acuerdo para prohibir el despliegue de misiles nucleares de alcance intermedio.

Washington abandonó el pacto en 2019 tras quejarse durante años de supuestas violaciones rusas.

Ryabkov dijo que había «indicios indirectos» de que la OTAN estaba volviendo a desplegar el INF, incluyendo su restauración el mes pasado del 56º Comando de Artillería que operaba misiles Pershing con capacidad nuclear durante la Guerra Fría.

«La falta de avance hacia una solución política y diplomática de este problema llevará a que nuestra respuesta sea de naturaleza militar y técnica militar», dijo.

«Es decir, será un enfrentamiento, esta será la siguiente ronda, la aparición de tales recursos por nuestra parte. Ahora mismo no los hay, tenemos una moratoria unilateral. Pedimos que la OTAN y los EE. UU. se unan a esta moratoria».

La OTAN dice que no habrá nuevos misiles estadounidenses en Europa y que está preparada para evitar que desplieguen nuevos misiles rusos con una respuesta «medida» que sólo implicaría armas convencionales.

Pero Ryabkov dijo que Rusia tiene una «completa falta de confianza» en la OTAN.

«No se permite hacer nada que pueda aumentar de alguna manera nuestra seguridad: creen que pueden actuar como necesitan, en su beneficio, y nosotros simplemente tenemos que tragarnos todo esto y lidiar con ello. Esto no va a continuar», remarcó.

El G7 a su vez lanza rotundas advertencias a Rusia e Irán. En su declaración final, tras una cumbre de dos días en Liverpool, el grupo de los siete países (Canadá, Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Japón), amenazó a Moscú con «consecuencias masivas» y un severo daño económico si ataca a Ucrania.

Irán tiene una «última oportunidad» de negociar seriamente para salvar el acuerdo nuclear, aseguró el domingo la ministra británica de Relaciones Exteriores, Liz Truss, al término de la reunión del G7.

«Es la última oportunidad para que Irán acuda a la mesa de negociaciones con una solución seria a este problema», dijo la ministra, cuyo país preside actualmente el grupo de grandes potencias.

«Todavía hay tiempo para que Irán venga y acepte este acuerdo» pero «esta es la última oportunidad», insistió, instando a Teherán a venir «con una propuesta seria».

«Es vital que lo hagan» porque «no dejaremos que Irán consiga un arma nuclear», dijo Truss en una conferencia de prensa en Liverpool, en el norte de Inglaterra.

Las negociaciones indirectas entre Irán y Estados Unidos, por mediación de los europeos, se reanudaron en noviembre en Viena para tratar de resucitar el acuerdo de 2015 que supuestamente evitaba que la República Islámica se hiciera con la bomba atómica.

Los estadounidenses se retiraron de este texto en 2018, bajo la presidencia de Donald Trump, que restableció sanciones contra Teherán, que en respuesta se ha ido liberando de las restricciones impuestas a su programa nuclear.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha dicho que está dispuesto a volver al acuerdo si Irán también vuelve a cumplir sus compromisos, pero las negociaciones, que comenzaron en abril y acaban de reanudarse tras un paréntesis de cinco meses, parecen haberse estancado.

La diplomacia estadounidense sospecha que Irán quiere ganar tiempo para desarrollar paralelamente su programa nuclear, que lo acerca cada vez más a la bomba.

Washington advirtió en los últimos días que no permitiría que Teherán adoptara esta actitud y confirmó que estaba preparando un plan B todavía impreciso.

Según Liz Truss, esta reunión de ministros de Exteriores del G7 también mostró un frente unido contra Moscú, al que Occidente acusa desde hace varias semanas de preparar una posible invasión de Ucrania, a pesar de los desmentidos del Kremlin.

La reunión de Liverpool mostró, según la ministra británica, «la voz muy unida de los países del G7 que representan 50% de PIB mundial, diciendo claramente que habrá enormes consecuencias para Rusia en caso de incursión en Ucrania».

En una declaración conjunta, los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, así como el Alto Representante de la Unión Europea, piden a Rusia una «desescalada» y que busque «soluciones diplomáticas».

«Estamos unidos en nuestra condena a la acumulación militar y la retórica agresiva de Rusia hacia Ucrania», escribieron, reafirmando su «compromiso inquebrantable con la soberanía y la integridad territorial de Ucrania».

La amenaza de sanciones sin precedentes fue formulada en los últimos días por Washington, incluso por Biden, que se entrevistó con su homólogo ruso Vladímir Putin.

Un funcionario estadounidense presente en Liverpool había asegurado el sábado que todavía era posible resolver esta nueva crisis ucraniana «a través de la diplomacia».

Para ello, el gobierno estadounidense anunció que enviaba a su secretaria de Estado adjunta para Europa, Karen Donfried, a Ucrania y Rusia desde el lunes hasta el miércoles, en busca de «avances diplomáticos para poner fin al conflicto en el Donbass», en el este de Ucrania, «plicando los acuerdos de Minsk».

Estos acuerdos, alcanzados en 2015 para poner fin a la guerra que estalló un año antes en esta región ucraniana entre las fuerzas de Kiev y los separatistas prorrusos, nunca se respetaron.

Otro artículo de interés: OTAN enfrenta a Rusia por Ucrania

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