«Madres» de Plaza Tiananmén

INTERNACIONAL

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«Pilar de la vergüenza» / Foto: Prachatai

Lectura: 4 minutos

Las autoridades de la Universidad de Hong Kong que responden al régimen de Beijing decidió desmantelar y retirar este jueves una estatua que recordaba la represión desatada por el Gobierno chino en la Plaza de Tiananmén de Beijing 1989 contra manifestantes prodemocracia pacíficos.

Estudiantes y curiosos se congregaron durante la mañana en la Universidad de Hong Kong para observar la retirada de la estatua, que estuvo en el predio por dos décadas.

La escultura, del danés Jens Galschioet y llamada «Pilar de la vergüenza», se levantaba a 8 metros de altura y mostraba 50 torsos humanos y cuerpos retorcidos unos sobre otros.

El Consejo de la Universidad dijo en un comunicado que decidió remover la escultura por consejos de asesores legales y de evaluación de riesgo para el mejor interés de la institución.

Era uno de los pocos monumentos remanentes en Hong Kong que recordaban los hechos del 4 de junio de 1989, donde se calcula que murieron miles de personas, aunque el recuento oficial es solo de 300.

También era un símbolo de las libertades prometidas por China a Hong Kong cuando el territorio pasó del dominio británico a Beijing en 1997.

China nunca ha ofrecido una explicación oficial de los sucesos de la Plaza de Tiananmén.

China implantó el año pasado en Hong Kong una Ley de Seguridad Nacional, que criminaliza lo que considera subversión, secesionismo, terrorismo o colusión con fuerzas extranjeras.

El partido comunista que gobierna en China ha hecho grandes esfuerzos para borrar de la memoria el incidente, censurando con fuerza toda mención o discusión al respecto.

Hace 31 años, el 4 de junio de 1989, las autoridades chinas reprimieron con extraordinaria brutalidad una serie de protestas de estudiantes prodemocracia que comenzaron en mayo en la plaza de Tiananmén de Beijing.

Las autoridades nunca lograron dispersar a los manifestantes, y ese día, soldados y tanques entraron en la plaza y comenzaron a disparar contra la multitud provocando un baño de sangre, un asesinato masivo que dejó miles de muertos.

Los choques continuaron en las calles que rodeaban la plaza, con los manifestantes avanzando repetidamente hacia las tropas, que respondieron con fuego de armas automáticas.

Con las medidas y cuarentenas impuestas contra la propagación de COVID-19, a los familiares de las víctimas de la llamada «Matanza de Tiananmén» se les ha impedido viajar en grupo esta semana para recordar a sus seres querido en uno de los cementerios de la ciudad.

Sin embargo, eso no les ha impedido presionar con sus demandas, año tras año, para descubrir la verdad detrás de la matanza, que sigue siendo la mayor vergüenza política de China y de la cual, hasta este día, no hay una cifra clara de los muertos.

En una carta abierta divulgada el lunes, unos 124 miembros de un grupo llamado Madres de Tiananmén, reiteraron al gobierno chino sus tres demandas, verdad, compensación y responsabilidad.

«Durante los últimos 31 años, hemos llamado repetidamente por una resolución legal a un problema político, a través de diálogos justos y equitativos con el gobierno», dice la carta.

Sin embargo, «el gobierno se ha mantenido silencioso sobre la matanza del 4 de junio, sin demostrar el más mínimo remordimiento», añade el documento, que destaca que con el correr de los años, 60 compañeros del grupo han fallecido antes que prevalezca la justicia.

China ha hecho grandes esfuerzos para borrar de la memoria el incidente, censurando con fuerza toda mención o discusión al respecto.

Las autoridades han ido incluso más lejos con la intimidación de la familias de las víctimas, que fueron testigos de la brutalidad del gobierno, dice Zhang Xianling, una de las fundadoras del grupo de víctimas y madre de Wang Nan, quien fue muerto a tiros cerca de Tiananmén a la edad de 19 años.

«El gobierno nos ha estado reprimiendo duramente, pero no tenemos miedo. Seguiremos empeñados hasta el fin (a pesar) de que todos nuestros medios de comunicación están monitoreados», dijo Zhang en una pieza de video divulgada durante un evento conmemorativo online organizado por Human Rights in China, una organización independiente con sede en Nueva York.

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