Represión rusa suma 200 muertos en Kazajistán

INTERNACIONAL

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Foto: Sergey Korneev*

Lectura: 5 minutos

El informe oficial del gobierno kazajo habla de 164 muertos por los disturbios de la semana pasada, que aún no se pueden dar por finalizados, cifra que la prensa eleva al menos hasta doscientos, con centenares de presos y otra gran cantidad de heridos.

El presidente de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáyev, declaró que su país había superado «un intento de golpe de Estado».

Para el Kremlin, los hechos representan otro posible desafío al poder autocrático en un país vecino. Este es el tercer levantamiento contra una nación autoritaria y alineada con el Kremlin, después de las protestas prodemocracia en Ucrania de 2014 y en Bielorrusia de 2020. El caos amenaza con socavar el poder de Moscú en la región en un momento en el que Rusia intenta hacer valer su poder económico y geopolítico en países como Ucrania y Bielorrusia.

Los países de la extinta Unión Soviética también observan de cerca las protestas, a la luz de que los hechos en Kazajistán podrían contribuir a dar valor a fuerzas opositoras en otros lugares.

Kazajistán también es importante para Estados Unidos, ya que se ha convertido en un país significativo para las preocupaciones energéticas estadounidenses, teniendo en cuenta que Exxon Mobil y Chevron han invertido miles de millones de dólares en el oeste de Kazajistán, la región donde comenzó el descontento.

El presidente ruso, Vladímir Putin, se atribuyó el lunes la victoria en la defensa de Kazajistán de lo que describió como un levantamiento terrorista respaldado por el extranjero, y prometió a los líderes de otros antiguos Estados soviéticos que una alianza liderada por Moscú los protegería también.

La mayor ciudad de Kazajistán, Almaty, volvió el lunes a la normalidad tras casi una semana de disturbios que han supuesto, con diferencia, las jornadas más violentas en los 30 años de historia independiente del que había sido el Estado exsoviético más estable de Asia Central.

Trabajadores de la limpieza retiraban los escombros de las calles, todavía llenas de coches quemados. La mayoría de los comercios volvieron a abrir, el transporte público y el tráfico retornaron, e internet volvió a funcionar durante varias horas en la ciudad, por primera vez desde el pasado miércoles.

La plaza cercana a la alcaldía, incendiada durante la revuelta, estaba firmemente controlada por las fuerzas de seguridad y cerrada al público. La policía registró los coches en los puestos de control.

Putin envió paracaidistas la semana pasada para proteger instalaciones estratégicas después de que los manifestantes antigubernamentales saquearan e incendiaran edificios públicos. Se cree que decenas de personas han muerto en enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes en ciudades de todo el país.

El rápido despliegue de Rusia demostró la disposición del Kremlin a utilizar la fuerza para salvaguardar su influencia en las repúblicas de la antigua Unión Soviética, en un momento en que Moscú también está enfrentada con Occidente por los miles de tropas concentradas cerca de Ucrania.

Putin dijo en una cumbre virtual de la alianza militar de Estados exsoviéticos OTSC que el organismo había logrado «impedir el socavamiento de los cimientos del Estado, la completa degradación de la situación interna en Kazajistán y bloquear a terroristas, delincuentes, saqueadores y otros elementos criminales».

«Por supuesto, entendemos que los acontecimientos en Kazajistán no son el primer, y ni mucho menos el último, intento de interferir en los asuntos internos de nuestros Estados desde el exterior», dijo. «Las medidas adoptadas por la OTSC han demostrado claramente que no permitiremos que la situación se tambalee en casa».

El presidente de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáyev, declaró que su país había superado «un intento de golpe de Estado».

«Bajo la apariencia de protestas espontáneas, se desató una ola de disturbios», dijo. «Quedó claro que el objetivo principal era socavar el orden constitucional y tomar el poder».

Tanto Rusia como Kazajistán han descrito los disturbios como una insurrección respaldada por el extranjero, aunque no han dicho a quién culpan de su organización.

Rusia lleva mucho tiempo culpando a Occidente de fomentar las llamadas «revoluciones de colores» ─levantamientos que han derribado Gobiernos en países como Georgia, Ucrania, Kirguistán y Armenia─ y reivindicando protagonismo en su represión. Apoyó al líder de Bielorrusia en el aplastamiento de las manifestaciones en 2020.

*Imagen ilustrativa.

Otro artículo de interés: Beneficios para Putin con revuelta social en Kazajistán

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