Pospandemia, opinión de Hugo Flombaum

OPINIÓN

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Foto: pixabay.com

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 7 minutos

El fin de la pandemia está al alcance de cualquier razonamiento. Cada región, cada país, cada comuna, caído el telón de la emergencia descubrirá que la reconstrucción de una normalidad será por lo menos compleja.

La relación de cualquier persona con su hábitat se modificó. O buscará salir de los centros urbanos muy céntricos, o intentará pasar más tiempo en su casa, o modificará su método de traslado evitando los transportes hacinados, su relación hogareña también se modificará, muchos descubrimos lo lindo de cocinar, en fin, las modificaciones serán muchas y diversas.

La relación con los empleos cambia en todo el mundo, el desarrollo de emprendimientos comunitarios, que se desarrollan en economías circulares, se expresa de todas las maneras.

En la macroeconomía todas esas modificaciones deberán ser tenidas en cuenta. Los economistas deberán incorporar estos datos a las hipótesis de cualquier plan económico. Los fundamentos no pueden ser sólo lo que los poderes financieros y empresariales determinan, también la vida que planean las comunidades a futuro debe ser tenidas en cuenta.

La ola naturalista, en todo, en el consumo, en la alimentación, en la relación con las máquinas, el fortalecimiento de la individualidad dando marco a una nueva forma de relación con el otro, la visión del futuro desde plataformas diferentes, más globales, menos sesgadas con falsos nacionalismos, indica que el universalismo se impone como cultura no como un apotegma.

Una cultura que alienta la conformación de nuevas comunidades, no solo las físicas de antaño, vecindad o trabajo, sino comunidades virtuales que interactúan todo el tiempo a una velocidad inédita a través de las nuevas formas de comunicación.

Nacerán nuevas formas de expresión política, los conflictos que aparecen en las expectativas de los jóvenes no son los de antes. Hoy la libertad, la no discriminación, el respeto por las otras especies que conviven con el ser humano, el cuidado ambiental la lucha contra el consumismo son banderas comunes a todos, sin fronteras convencionales que las dividan.

La política deberá abarcar a estas expectativas, negarlas serán causa de conflictos o de movimientos migratorios.

Claramente todo este análisis aplica para los países con libertad individual y política. Aquellos que no apliquen tendrán nubarrones y tormentas en su futuro cercano. El tsunami de la nueva cultura global los llevará por delante. No se detienen con ejércitos ni con prohibiciones o regulaciones, hoy las culturas atraviesan las fronteras sin pausa.

Los viejos poderes religiosos, militares, financieros irán debilitándose, ya no por la acción de guerras o conquistas, sino por la indiferencia y la pérdida de valor en la consideración de los nuevos actores sociales.

La valoración del individuo como comienzo, la ruptura con los viejos chovinismos y el impulso de las cripto monedas y el blockchain, son las bases del desarrollo de las nuevas relaciones comunitarias.

No tengo más remedio que aterrizar en nuestro país, en Argentina en la superficie todo este debate no existe. El estado no cumple con ninguna de sus funciones, las empresas no tienen ningún plan que no sea subsistir y maximizar utilidades ocasionales que no son parte de sus negocios, los sindicatos están atados a un pasado que cada día adelgaza más, el sistema financiero no existe en la medida que no tenemos moneda para que cumpla con su rol, lo que hace que los bancos solo sean plataformas simples de pago, que facilitan el trueque,

El futuro inmediato de nuestro territorio es de inevitable crisis.

El tejido social creativo, que los gobiernos no pueden regular se desarrolla a toda velocidad. La informalidad, tanto la sana, que presta servicios y bienes a la sociedad, como la insana que desarrolla el contrabando, la estafa y el robo cada día abarca a una mayor porción de la actividad económica, día a día.

El desafío que la política tiene por delante en nuestro territorio, adrede no hablo de país, es la reorganización fundacional. Aquellos que quieren tirar la pelota fuera de la cancha diciendo que eso no es posible o necesario, pido que reflexionen, que piensen cual es el sector que no está transitando una crisis terminal.

Educación, salud, trabajo, energía, vivienda, seguridad y justicia, todos en crisis.

El debate es si ese proceso se puede dar desde arriba hacia abajo o a la inversa.

Tengo argumento a favor y en contra de cada uno de esos vectores.

Para hacerlo desde arriba se requiere que el poder quede en manos de un grupo de dirigentes bien intencionados, que aparten la historia y la tomen a beneficio de inventario, que incorporen a la inteligencia argentina otorgándoles la importancia que tienen, es decir compartiendo el poder y convoquen a una reforma constitucional que de fundamentos a una nueva organización institucional.

Desde el otro vector existen dos experiencias que pueden ser base de sustento para iniciar un proceso virtuoso de una nueva institucionalidad, las organizaciones productivas del campo, que han demostrado su eficacia en la creación de bienes y algunas organizaciones sociales que han demostrado su capacidad de contener a los más necesitados aun en las peores condiciones.

Si esos dos sectores que tienen un despliegue territorial inmenso y que por necesidad se ven obligados a pensar en el futuro son capaces de sentarse a construir una nueva institucionalidad, tenemos una posibilidad de comenzar a construir desde abajo hacia arriba.

Dos países hermanos y vecinos nos dan dos ejemplos virtuosos de uno y otro camino.

Uruguay puede mirar el futuro de forma venturosa porque construyó una dirigencia que es capaz de disentir y gobernar en alternancia sin perder su individualidad. Desde arriba hacia abajo contiene el debate sobre el futuro sin sobresaltos.

Chile afrontó una crisis por la rebelión de la comunidad ante lo anquilosado e injusto de su arquitectura institucional. Desde abajo hacia arriba forzó una reforma constitucional y un cambio político que dejó en el pasado a todas las expresiones dirigenciales vigentes hasta ese momento.

Ambas naciones, con muy diferentes improntas, miran su futuro de una manera venturosa.

Nosotros aun no tenemos ni una vela que ilumine nuestro horizonte.

La mezquindad, la dependencia de nuestra pobre dirigencia del poder económicos de un grupo de vivos, que tienen nombre y apellido, que se aprovecharon de la falta de idoneidad y la voracidad por el dinero de los supuestos representantes, hicieron abuso del poder formal para enriquecerse impunemente.

Desenmascarar la complicidad de esos dirigentes con esos vivos del poder económico será el comienzo del camino virtuoso.

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: Relaciones laborales

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