Guerra de Ucrania, análisis de Antonio Calabrese

OPINIÓN

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Foto: Prachatai

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 5 minutos

En contraposición a algunos pensadores argentinos, estrategas militares o analistas de política internacional que justifican la invasión rusa alegando, en general, la actitud provocativa de los invadidos, conmueve ver cómo los ucranianos van a la muerte para impedir la pérdida de cada centímetro del suelo de su país, algo casi inexplicable para ellos.

Es como si hubiera comprensión o justificación posible a la reacción de un campeón mundial de peso pesado contra la provocación de un niño. Esa es la relación de fuerzas, por lo menos 8 a 1, según los mismos analistas.

De una sola trompada el campeón lo haría volar por los aires.

La torpeza de la diplomacia de los países de la OTAN, de la propia Ucrania, de Rusia y las Naciones Unidas no justifica la barbarie de la guerra.

Es como pasó a los argentinos en Malvinas, cuando no hubo acuerdo y en su momento, Inglaterra y la logística de la OTAN arrasó con nuestro ejército en las islas y sufrimos la rendición, a pesar del TIAR y la célebre doctrina Monroe de «América para los americanos» o, según Archibaldo Lanús (Repensando Malvinas. ed. El Ateneo) de las 32 resoluciones del comité de descolonización y las 10 de la UN, de las 11 resoluciones y 18 declaraciones de la OEA, anteriores y posteriores al 2 de abril de 1982, etc.

Atrás quedaron nuestros muertos, los héroes de Puerto Argentino, de Pradera del Ganso o los pilotos que caían, en solitaria misión, entre los hierros retorcidos del fuselaje de su avión, en el último viaje hacia el fondo del mar, alcanzados por algún misil, después cumplir con gloria, en forma arriesgada, la misión de atacar a una flota impresionante de buques enemigos.

Hoy los ucranianos entienden defender no solo una porción irredenta de su país sino la totalidad de su tierra.

La teoría alegada por Rusia de la «guerra provocada» se completa con la esgrimida por Estados Unidos en el conflicto con Irak, de la «guerra preventiva».

Son claro está, las razones jurídicas del derecho internacional, pues ellas determinan el sistema de convivencia mundial, sin desconocer las presiones de la industria armamentista o el poder financiero y otras «conspiraciones», como así también la llamada «guerra híbrida» en la que los rusos son expertos.

Es decir, la guerra que conviene a los poderosos es justificada, de una forma u otra, por un lado o por el otro, al derecho o al revés, siempre hay una razón, y en caso contrario la fuerza, por sí misma al parecer, es un derecho.

Mas allá de la destrucción del país, del bombardeo a escuelas, hospitales, barrios, quedaron ciudades como Mariúpol, entre escombros. Mas de 4.000.000 de refugiados, mujeres, ancianos y niños, de ocupación de centrales atómicas o centrales eléctricas, que hace días dejaron sin energía a la nación, que no tiene luz, ni agua, ni calefacción, en gran parte de su territorio, en pleno invierno, padeciendo además un desabastecimiento elemental, no obstante lo cual, los ucranianos persisten en la lucha.

Su Presidente vilipendiado por aquellos estrategas, por ser un comediante o un «clown» propiamente dicho, para los más agresivos, levantó en aplauso cerrado y de pie, después de hablar por pantalla, a parlamentarios europeos, de todos los partidos, con asistencia perfecta, como el Inglés o el Italiano e inclusive a la Asamblea de Senadores y Representantes en los Estado Unidos.

Hoy concita como ejemplo de unidad nacional a todo el pueblo de su país, sin fisuras, guste o no, tema que enorgullece a él y a sus conciudadanos.

La controversia termina con la doctrina más que centenaria, de la paz de Westfalia, impuesta después de la guerra de los treinta años, que inspiró al régimen de las Naciones Unidas, organismo que volvió a demostrar que ya no alcanza para impedir estas calamidades que justificaron su creación.

Aquella paz impuso el criterio de las fronteras inviolables, de la soberanía interna, de la autodeterminación de los pueblos, de la no injerencia externa, del respeto entre las naciones cualquiera sea su poderío militar.

Hoy, ya sea por «prevención» o por ser «provocado», cualquiera puede agredir y mucho más si ocupa un escaño en el Consejo de Seguridad, de Naciones Unidas con derecho a veto.

El futuro será de gran tensión, Gran Bretaña después del Brexit recomenzó su carrera armamentista nuclear, Rusia y Estados Unidos, de acuerdo a lo demostrado, pueden agredir según les parezca, China es un gigante agazapado que puede explotar en cualquier momento y saltar sobre Taiwán, por ejemplo, utilizando los argumentos ajenos, mientras otros de menor poder de fuego como Corea del Norte ensayan y publicitan cinematográficamente el lanzamiento de prueba de un misil de largo alcance.

Las Naciones Unidas serán solo espectadoras a un costo inútil.

Otro artículo escrito por Antonio Calabrese: La lucha por los subsidios al transporte (I)

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