Nueva Etapa, ahora Massa, análisis político de Hugo Flombaum

OPINIÓN

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Flamante «super» ministro de Economía, Sergio Massa / Foto: Ministerio de Economía (Presidencia de la Nación)

Lectura: 5 minutos

Para analizar este momento en nuestro país debo sincerarme y compartir con los lectores que voté a Sergio Massa en 2013 y 2015.

No acompañé a Massa en 2019 porque la coalición en la cual se presentó era una facción anti-Macri y no una propuesta superadora de la antinomia sin sentido que enfrenta solo intereses facciosos y no generales.

Hoy nos encontramos con una situación tan desconcertante como la de que el presidente fue convocado por la vicepresidenta.

El líder del sector más «débil», en términos de representación en el Congreso y con menor presencia en las instituciones intermedias de la coalición asume como un interventor en el gobierno, con la anuencia del débil presidente en ejercicio.

Así quedó demostrado en varios momentos, fue un golpe palaciego de algunos sectores poderosos de la economía prebendaria del estado y de intereses externos que hacen negocios con esos empresarios.

Que los estados realicen negocios con sectores privados es legítimo y necesario, todos lo hacen, aquí y en el mundo. Que los empresarios que los hacen sean poderosos en ese país es lógico. No me sorprende ni me preocupa.

Lo que si me desvela es que esos negocios deban ser parte de un proyecto explícito, transparente y consensuado por una mayoría parlamentaria.

Si esos negocios cubren con las necesidades de infraestructura que requiere el país y además sustentan proyectos de desarrollo económico y territorial que genere trabajo y hábitat digno para nuestro pueblo, es virtuoso.

Claramente para que eso se garantice no alcanza con la voluntad de un grupo de funcionarios ni con un grupo de empresarios poderosos, se requiere el compromiso de una mayoría de sectores económicos, sociales y políticos.

Ese compromiso no está a la vista, ni siquiera se lo ha puesto como condición. A lo sumo se los convoca desde un espacio legítimo, pero no legitimado.

El compromiso de convocar a todos a coincidir en un grupo de políticas de estado es condición y base de medidas de coyuntura. Sin ese compromiso no se espere éxito en el final de las mismas.

En el terreno energético se anunciaron dos medidas de total sentido común y de una importancia supina. Poner un límite en kilovatios al subsidio es fundamental para poder ponerle un número al gasto del subsidio y para establecer una relación entre el usuario y el medidor, olvidada hace muchos años.

La segunda es buscar financiamiento privado a una obra pública necesaria eso es lo normal en el mundo.

Para llegar a la meta de que la energía cueste lo que vale, es necesario recomponer los ingresos de los más humildes.

Cansa escuchar a los que critican el déficit y se enriquecen con la mano de obra barata, parte de la hipocresía de los más pudientes, que se beneficiaron con los mismos subsidios.

El compromiso del grupo empresario que acompaña a Massa en esta etapa política es muy positivo, lo fue también aquel que acompañó a Macri, o a Menem. Los empresarios deben ser parte comprometida con el desarrollo de una nación.

Pero la condición para que tenga éxito es que se haga a costa de negocios no de negociados. En eso la responsabilidad es de ambas partes. Aunque tiendo a pensar que la de los empresarios es mayor, porque los políticos cambian y las empresas perduran.

Veremos.

Estamos en la etapa conocida como la del pato rengo. El poder de un gobierno saliente es cada día menor. La iniciativa de Massa puede ser positiva si lo que intenta es darle continuidad a un proyecto de desarrollo, negativa si lo que busca es el botín antes del naufragio.

Veremos.

La oposición debe superar la crítica por la crítica misma. Debe comprometerse con lo virtuoso y criticar lo perjudicial para el conjunto. Es iluso de mi parte que eso pase. Pero es así como se logrará convocar a la mayoría hastiada de presenciar la riña de gallos disfrazada de política.

La política argentina tiene pocos actores cada vez menos y pocos espectadores, solo aquellos que dependen de lo que decidan los gobiernos, la mayoría ignora a los políticos y a sus actos porque habitan lo que se llama la informalidad, que es la nueva formalidad.

La nueva formalidad trueca no comercia, la nueva formalidad contrata su trabajo o el servicio al día. El cirujano cada cirugía, el jardinero cada jornada, el plomero, electricista, etc. cada trabajo y cada día.

El nexo con la formalidad se limita a lo imprescindible para existir, todo lo demás se desarrolla fuera del alcance del estado estafador y de las normas que incumplen con su objetivo de bonanza para el conjunto.

Si el estado cobra impuestos solo para pagar sueldos de agentes que cada día cumplen con menos servicios, si los gobiernos administran recursos para su propio beneficio o para sus facciones y no para quienes los aportan, cada día serán más ignorados.

Esa es la anomia, esa es la realidad. Para cambiarla el esfuerzo deberá ser enorme y solo se logrará con ejemplaridad espartana.

Suerte a Sergio Massa, creí en él hasta que me defraudó, espero que como a muchos pueda volver a convocarnos.

Otro artículo de interés: Crónica del autogolpe anunciado

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