Crisis y corralito en Beirut

INTERNACIONAL

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Foto: Harout Arabian*

Lectura: 4 minutos

Los libaneses pueden acumular reservas en dólares en tono de fortuna, pero si la plata está en los bancos solo pueden acceder a una mínima porción de sus ahorros. Un corralito bancario en su máxima expresión, como demostración implacable de la gravísima situación económica y financiera del país.

Bassam al-Sheikh Hussein, un hombre de 42 años provisto de un arma de fuego y bidones de gasolina, desesperado por un banco que le impide acceder a sus fondos, mantuvo encerradas a seis personas en el Banco Federal del Líbano, cinco empleados de banco y un cliente, y pidió su liberación a cambio de que la institución le devolviera los ahorros que mantenía bloqueados.

Después de seis horas en las que el asaltante mantuvo a seis rehenes dentro de una sucursal de Beirut, las autoridades le permitieron acceder a parte de sus ahorros, bloqueados por el banco a raíz de la crisis económica que vive el país. Decenas de personas se agruparon alrededor de la oficina y se solidarizaron con el hombre armado.

Ni el asaltante ni los secuestrados sufrieron ningún daño, pero este acto de violencia deja al descubierto las heridas con las que conviven miles de libaneses desde que la crisis económica golpeó al país.

Después de varias horas de negociaciones, las autoridades acordaron darle acceso a unos 30.000 dólares, aproximadamente una séptima parte de los ahorros que reclamaba, según reportan los medios locales. El atacante salió de la sucursal sobre las siete de la noche (hora local) escoltado por las fuerzas de seguridad y todavía se desconoce si enfrentará algún cargo.

La agencia Reuters citó una fuente de seguridad anónima: «Pidió acceso a unos 200.000 dólares que tenía en su cuenta bancaria. Cuando un empleado rechazó su petición, empezó a gritar que tenía familia en el hospital. Luego sacó el arma».

La Asociación de Depositantes del Líbano informó en Twitter que el hombre había ahorrado 209.000 dólares, que necesitaba para pagar el tratamiento de su padre hospitalizado, con un costo de al menos 50.000 dólares. Sin embargo, el banco solo le había dado acceso a 1.000 en los últimos tres años.

El director de esta Asociación de Depositantes, Hasan Mughanieh, fue uno de los negociadores que se dirigió a la sucursal del Banco Federal para tratar de mediar en la situación.

«Quiere vivir, quiere pagar sus cuentas», decía Mughanieh, familiar con este tipo de situaciones que afectan a miles de libaneses.

De hecho, las decenas de personas que se congregaron alrededor del banco muestran que la desesperación de al-Sheikh Hussein es colectiva: antes que denunciar la violencia o siquiera acercarse por curiosidad, se solidarizaron con el atacante.

Incluso se conformó una manifestación con cánticos: «¡Que caiga el reino de los bancos!».

Este «reino de los bancos» se refiere al poder acumulado por estas entidades frente a la deuda creciente del Estado libanés, un poder amasado durante décadas después de la guerra civil en el país, que terminó en 1990.

En los intentos de reconstrucción de la posguerra, el país quedó endeudado a niveles altísimos y los bancos se convirtieron en su principal acreedor. A raíz de la crisis económica que estalló en 2019, el Gobierno anunció su primer impago de deuda en 2020.

Una de las primeras consecuencias fue la falta de liquidez de los bancos, especialmente de dólares, la moneda que usan muchos libaneses (como Bassam al-Sheikh Hussein) para ahorrar, y bloquearon los retiros de dinero que no fueran en libras libanesas.

Algunas de las medidas contemplan que los ahorradores puedan acceder a sus cuentas en dólares solo si admiten retirarlos convertidos en moneda local a un tipo de cambio superior al oficial, por ejemplo unas 1.500 libras libanesas por dólar. Sin embargo, este es infinitamente inferior al cambio que se usa en el mercado paralelo, donde un billete estadounidense puede llegar a costar 35.000 libras.

Así, son muchos los libaneses que, además de vivir en un país con desabastecimiento de productos básicos, inflación alimentaria y en pobreza (ya es más del 80% de la población), ni siquiera pueden usar sus ahorros sin estar dispuestos a que pierdan prácticamente todo su valor.

*Imagen ilustrativa.

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