La bala de plata, el análisis político de Hugo Flombaum

OPINIÓN

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Ministro de Economía argentino, Sergio Massa / Foto: Palácio do Planalto

Lectura: 6 minutos

Muchos medios señalan a Sergio Massa como la bala de plata del gobierno del FDT, otros más aventurados hablan de que lo es de una buena parte de la clase política, desde mi punto de vista es el manotazo da ahogado del grupo de poder de una generación.

Sólo para aclarar es la generación que quebró el estado, empobreció a 40% de nuestra población, degradó la educación pública, quebró el sistema de salud más admirado del continente y sigue la lista.

Sergio Massa es el exponente más comprometido con el sector del empresariado que se enriqueció con la pobreza del estado. Fue la más extraordinaria transferencia de recursos conocida, del estado y la sociedad argentina a un grupo de empresarios prebendarios.

Se debe consignar que la culpa es de quien le da de comer, no del que comió, pero…

Saber de donde venimos y adonde llegamos es importante.

Argentina tenía un sector aristocrático, guarnecido en el sector agropecuario y en algunos Bancos, un sector industrial pujante ligado a las economías regionales y un sector industrial fundado en la sustitución de importaciones producto de la posguerra de mitad del siglo pasado.

En el campo político dos partidos políticos con un gran despliegue territorial, el Peronismo y el Radicalismo.

El sindicalismo con un compromiso de defensa de las conquistas laborales, pero infundadamente a cargo de las obras sociales.

En este siglo de toda esa rápida y liviana descripción poco queda.

Hoy nuestro poder institucional quedó limitado a bancos que sobreviven a costa del déficit estatal, de contratistas del estado que subsisten a costa de la corrupción, de empresarios que se sostienen en base a protecciones estúpidas y sin sentido y de sindicalistas que a costa de perder afiliados defiende normas perimidas, con obras sociales en procesos de quiebra.

Fuera del poder institucional se conformó el sector de la bioeconomía, que es el más competitivo y productivo de la nación que alquila pagando impuestos distorsivos el «comercio de bandera» administrado por el grupo de poder arriba descripto.

Existen otros sectores que sin poder en el estado han logrado desarrollar negocios sin subsidios, el de la industria del conocimiento y algunas industrias de economías regionales.

El grupo de poder no administra los recursos que generan los sectores que expulsó de la formalidad, que representan mucho más que la mitad de la población.

Hoy no solo los más humildes están en la informalidad, gran parte de la clase media lo está, buena parte de la industria y el comercio muestran una careta de formalidad que oculta la verdadera cara informal de sus recursos.

Las naciones, todas, tienen un sector de poder compuesto por empresarios, profesionales, bancos, industrias, productores, pero conforman en conjunto un vector que impulsa el desarrollo de esa nación, con luchas internas por intereses, pero sin perder el objetivo común.

El grupo de poder surgido de lo residual de la última dictadura y de la democracia nacida en 1983, sin dejar de poner como pantalla la lucha interna que siempre los acompaño, supieron construir una complicidad en el latrocinio que sustituyó al objetivo común de desarrollo del país.

Hoy está a la vista el fin de ese proceso.

El límite no se lo pone una nueva clase dirigencial, lamentablemente, el límite se lo auto generó ese establishment por agotamiento. No hay forma de seguir exprimiendo de recursos a esta institucionalidad.

Otros países sostuvieron esos procesos de decadencia en base a gobiernos dictatoriales, aquí eso no se ve posible.

La informalidad ha crecido de tal manera que los recursos se mueven fuera del control oficial son superiores a lo administrado por el estado. Lo que hace que la economía sobreviva y una parte importante de la gente aun pueda subsistir con cierta dignidad.

Esa subsistencia es absolutamente desigual. Son muy pocos los jóvenes que se preparan para la economía del siglo XXI son muy pocos lo sectores que se preparan para la competencia global. Por eso lo que está en juego es si podemos o no destruir ese grupo de poder y sustituirlo por aquellos que se comprometan con el bien común.

Una nueva representación teatral nos abruma en estos días. Nadie puede dudar de la corrupción del grupo de poder. Con solo ver la pobreza del país y la riqueza de sus dirigentes alcanza y sobra como prueba.

Ver como se aprestan las dos franquicias políticas para la nueva contienda da miedo.

Ante el escenario electoral próximo, la presunta condena de una de las actrices más conspicuas del grupo de poder por corrupción no puede, no debe ser la herramienta que por diferenciación permita que otros del mismo grupo de poder se beneficie.

No igualo, no comparo, sólo digo todos fueron partícipes.

Hay un precepto muy usado para nuestra justicia, el de inocencia hasta que no sea declarado culpable.

Para los que participaron como funcionarios, contratistas, empresarios, banqueros, sindicalistas, etc. del proceso de decadencia se debería invertir esa máxima. Son todos culpables hasta que demuestren su inocencia.

Si hay un crimen de lesa humanidad es el que se perpetró con nuestra patria, ojalá logremos que alguien que no haya participado de ese proceso pueda encabezar la construcción de un nuevo eje de poder virtuoso.

¡Ah por ello! Como dicen los españoles.

ARGENTINOS A LAS COSAS

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