Alemania vuelve al carbón

INTERNACIONAL

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Foto: Lnbiggs

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La central de carbón Heyden 4, en Renania del Norte-Westfalia, ha vuelto a abastecer el mercado eléctrico a partir del 29 de agosto. Otras plantas serán reactivadas en lo que Greenpeace considera un paso «amargo pero inevitable».

La crisis energética está contribuyendo a la reaparición de las centrales eléctricas de carbón en Alemania. Para ahorrar gas en el suministro eléctrico, aparece otra reserva.

La central eléctrica de Heyden, en Petershagen (Renania del Norte-Westfalia), en la frontera con Baja Sajonia, ha vuelto a la red con regularidad desde la madrugada de este 29 de agosto, ha dicho un portavoz del operador Uniper.

Según informaciones anteriores, debería producir electricidad hasta finales de abril.

Con una capacidad de 875 megavatios, la central de Heyden 4 es una de las centrales de carbón más potentes de Alemania, según Uniper. Llevaba en funcionamiento desde 1987 y era la última en la reserva de la red. Esto significa que sólo produjo electricidad temporalmente para la estabilidad de la red.

La coalición del canciller socialdemócrata Olaf Scholz autorizó a 27 centrales a carbón reanudar operaciones hasta marzo de 2024. Desde el anuncio de esas posibles reanudaciones, a fines de junio, solo una central reabrió a plena capacidad: la de Mehrum (norte), a inicios de agosto, con una capacidad de 690 MW. El sector, al igual que toda la industria alemana, enfrenta una grave carencia de mano de obra.

En Moorburg, «la mayor parte de quienes se fueron, encontraron empleo en otros sitios o se jubilaron», comentó Robert Wacker, director de la central. El grupo energético RWE, que prepara la reapertura de tres bloques de 300 MW cada uno, confirmó a AFP que necesita «varias centenas de puestos».

A inicios de julio, la central de Jänschwalde, en el este a 150 km de Berlín, dijo que buscaba contratar a cien trabajadores. Algunas plantas ya fueron parcialmente desmanteladas.

La decisión del gobierno de Alemania de optar por un mayor uso del carbón antes del invierno debido a la crisis del gas de Rusia, enfrenta obstáculos que frenan el reinicio de las centrales. Desde hace más de un año no salía humo de la imponente chimenea situada sobre los cubos de hormigón de la planta de Moorburg, un barrio periférico de la ciudad de Hamburgo, en el norte de Alemania.

Esta central térmica, una de las más modernas del país, fue cerrada en el verano boreal de 2021, solo seis años después de su entrada en operación, a cambio de subvenciones públicas destinadas a reducir el carbón en la matriz energética alemana.

Cuando el gobierno decidió, ante el riesgo de una gran crisis energética en el próximo invierno, relanzar algunas centrales para compensar la drástica caída del suministro de gas ruso, todas las miradas se volvieron a las turbinas de Moorburg.

Pero la empresa Vattenfall, la propietaria sueca, disipó rápidamente las esperanzas: «no es concebible que la planta vuelva a abrir», declaró esta semana. «No se vuelve a activar una planta así como así», sostuvo Gudrun Bode, portavoz de Vattenfall, señalando la «oxidación» de las instalaciones tras un año paradas.

Es el caso de Moorburg, que debe transformarse en una planta de hidrógeno, una prioridad del plan para el futuro energético de Alemania.

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