Lo «atamo’» con alambre, por Norberto Zingoni

OPINIÓN

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Presidente argentino, Alberto Fernández, tras tomar juramento al «súper» ministro de Economía, Sergio Massa / Foto: Casa Rosada (Presidencia de la Nación)

Por Norberto Zingoni, escritor, abogado, exjuez, corresponsal de LaCity.com.ar en Europa.

Lectura: 4 minutos

Fue una frase que hace años repetíamos para burlarnos de nosotros mismos por nuestra tendencia a zafar, a salir del paso sin encarar una solución definitiva de lo roto o averiado.

Hoy el lo atamo’ con alambre fue reemplazado por las propuestas que se pueden oír o ver para empezar a arreglar un país roto y averiado. Son todas propuestas parciales, en algunos casos parches, que no tienen en cuenta que el problema, o mejor, los problemas que aquejan a la Argentina constituyen una totalidad, un enjambre de dificultades que no admiten soluciones parciales. Son remiendos, especialmente económicos, que solo postergarán y ahondarán las dificultades que tenemos y que vienen de mucho tiempo atrás.

Y estas soluciones parciales, casi mágicas, se ahondan en las tertulias televisivas o radiales.

¿Quiere decir esto que no hay que ir solucionando lo que se pueda solucionar rápidamente y que suele ser acuciante, como la inflación o la inseguridad? No. Quiere decir qué si no hay un replanteo profundo de la economía, empezando por el reconocimiento de una corrupción generalizada, no hay ajuste del déficit fiscal. Y si no hay un replanteo de la administración de Justicia y de las fuerzas de policiales no habrá cambio alguno en la inseguridad. Y si no hay una política monetaria acordada no habrá dólar que baje. Y así con la exportación de soja y con la pobreza. Y así. «Lo que pasa hoy es que la gente quiere resolver cuestiones parciales, pero estamos en un problema global. No se puede salir de un problema global y complejo con soluciones parciales. Suele aparecer alguien y dice: Yo quiero solucionar este pedazo del asunto» (Luis Chiozza, piscoanalista, La Nación 26/3/21).

Me imagino que en 1945 cuando los alemanes volvían a sus casas y estaba todo destruido no habrán pensado lo atamo’ con alambre. Y los españoles cuando despertaron del sueño fratricida de la guerra civil tampoco. No. Había que rehacer el país desde sus cimientos. Y lo hicieron.

La historia nos muestra que, sin un proyecto colectivo de reconstrucción nacional, ningún país salió de sus crisis. Sin, como definía Ortega y Gasset a una nación: «un proyecto sugestivo de vida en común», no se sale. Y el rumbo hacia ese proyecto sugestivo no lo cambia solo el capitán sin convocar a los oficiales, a la tripulación, anque a los pasajeros y guía de puertos. Es una tarea común.

El nuevo gobierno encabezado por Sergio Massa, lo tiene difícil; hay violencia y rencor diseminado por todos lados.

Y muchos, especialmente los ganadores de este sistema viciado no querrán cambio alguno. Ni los odiadores seriales ni los «a mí me va bien» acompañarán. Y se van a oponer a cualquier cambio en profundidad.

No querrán reconocer, y menos acompañar, en la reforma de las instituciones de la República; instituciones que, todas, requieren una reforma total o parcial. Bueno, pero ahora hay que apagar los fuegos que se están desatando en la cubierta, objetan con razón, los políticamente correctos.

Pues sí. Eso es urgente. Pero si el nuevo comandante olvida que en la trayectoria que seguimos hay un iceberg esperando, malos tiempos se avecinan. Continuando con la metáfora náutica: Si no sabes hacia donde se dirige tu barco, ningún viento te será favorable (Séneca).

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