Un atentado con final feliz, análisis político de Antonio Calabrese

OPINIÓN

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vicepresidenta de Argentina, Cristina Kirchner / Foto: HSNA/Comunicación Senado

Por Antonio Calabrese*, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 5 minutos

Nos anotamos entre los que repudian los atentados contra la vida de cualquier persona. No hay vidas más valiosas que otras, porque la vida es el primero de los derechos sin la cual no existen los demás. Por las mismas razones rechazamos la pena de muerte para sancionar delitos aun cuando sean los más aberrantes. Los homicidios y las tentativas de ellos son por tanto, a nuestro criterio, las acciones más deleznables que puedan cometerse.

El atentado sufrido por la vicepresidente de la Nación Argentina está comprendido en ese repudio, por supuesto, sin dejar de considerar sus especiales circunstancias.

No somo afectos a las teorías conspirativas pero no podemos dejar de considerar que horas antes un juez, pero de la Ciudad, había dispuesto que la protección ofrecida por esta, en los tumultuosos días precedentes, debía cesar y ocuparse de la misma la Policía Federal y su custodia personal lo que se efectivizó inmediatamente, por más que su sentencia fuera apelada.

Casi de inmediato, sin pérdida de tiempo, un extranjero de dudosos y limitados antecedentes y recursos, en solitario, a menos de un metro de distancia, en las proximidades de la puerta de su casa, gatilla un arma apuntando la cabeza de la doctora, pero no salen las balas.

Según dice el periodismo, la juez interviniente manifestó que se trata de «un arma no conformada» (¿Qué querrá decir?), porque además se la encontró tirada por ahí, se supone que es la del atacante, (primero tendrán que probar que esa era el arma de la agresión y segundo si funcionaba, porque si no lo hiciera, ni tentativa de homicidio existiría).

La custodia profesional oficial actúa fuera de todo protocolo, aun del más elemental, sin impedir ni prever el ataque, y una vez producido en vez de retirarla del lugar, cubrirla con sus propios cuerpos tratando de advertir la presencia de otros atacantes de apoyo, no efectúa lo que se llama «un tren de fuga», que consiste en introducir en un vehículo al objetivo resguardado y salir a toda velocidad del lugar con otro móvil atrás de custodia. No detiene al agresor al contrario es espectadora de la actuación de la propia turba, que no golpea ni agrede al atacante, sino que solo lo toma de los pelos y lo retiene para entregarlo mansamente a la autoridad. Mientras tanto, dicen, la victima sigue tan campante en el lugar del hecho firmando autógrafos por varios minutos.

El gobierno, empezando por el propio Presidente en cadena nacional, denuncia como causa del episodio al odio político provocado por la prensa, la oposición y la Justicia.

Se decreta un feriado nacional y se convoca de manera increíble a movilizaciones en todo el país cuando, justamente si de odio político se trata, lo prudente y adecuado hubiera sido todo lo contrario.

Lo cierto es que 1°) la Señora y su facción política habían perdido las últimas elecciones y estaban en las peores condiciones según las encuestas para las del año próximo; 2°) desde lo personal tenía un pedido de condena a 12 años de prisión por asociación ilícita y administración fraudulenta en sus mandatos anteriores, entre otras causas pendientes a resolverse próximamente, con muchas posibilidades de ser condenada, por las dos o al menos una de las figuras penales en este caso, a tenor de las pruebas que ofreció el Fiscal y toda la ciudadanía vio por televisión; 3°) Su gobierno, que es el actual, va para una inflación anual de tres dígitos, con una pobreza que casi alcanza al 50% de la población con jubilaciones que en un 70% apenas superan los 100 dólares mensuales y los suelos básicos los 150.

Es decir, va rodando cuesta abajo en el fracaso político, judicial y económico.

Solo le queda como último recurso el conflicto social, en las calles, infundir el temor y provocar el caos y la anarquía con la complicidad de un Gobierno decadente y claudicante que lo incita y acompaña desde el poder ¡¡¡vaya uno a saber con qué objeto!!! ¿Tal vez alterar el orden institucional?

La cuestión era tomarlo como pretexto, para tratar de resucitar, repetir la épica histórica del 17 de Octubre de 1945, igual que Perón y el peronismo naciente, a los que siempre repudió pero ahora en la desesperación perdedora recurre y abraza, eso sí, cruzando el puente de Avellaneda aunque esta vez con tropa adocenada, mercenaria, de intendentes y gobernadores adictos, no espontanea como entonces.

En un intento de cambiar las rejas de la cárcel por la gloria, nada menos. Algo que sería posible solo para una mayoría de inadvertidos.

*autor de «José de San Martin ¿Un agente inglés?».

Otro artículo escrito por Antonio Calabrese: El rey, el sable y el presidente

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