Influencia de Gorbachov en política mundial

INTERNACIONAL

50375802637_b4cf4e7eac_c
Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, y George Bush, Presidente de EE. UU. / Foto: Yuryi Abramochkin / Юрий Абрамочкин

Lectura: 9 minutos

Miodrag Soric fue corresponsal de la cadena alemana DW en Moscú durante varios años, de tal manera que la opinión que presenta sobre el fracaso de la Unión Soviética y el rol de Mijail Gorbachov resultan relevantes.

«En 1985, el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) hizo otro intento de salvar su imperio: se suponía que Mijaíl Gorbachov, entonces relativamente joven, se encargaría de acabar con la brecha cada vez mayor con Occidente. Y, como todos sus predecesores, fracasó.

Pero su fracaso no solo puso fin a la Guerra Fría, al liberar las ataduras de la violencia con que se mantenía unido al Imperio Rojo, sino que devolvió la libertad y la dignidad a millones de personas. Al fin y al cabo, también a los rusos, ucranianos y demás pueblos de la Unión Soviética. Pudieron volver a ser rusos, georgianos, armenios o letones, y, sobre todo, personas con derechos civiles. Ya no tenían que ser proletarios que, con las manos vacías, aparentaban vivir en el paraíso.

Es trágico que Mijaíl Gorbachov fallezca justo ahora. Después de 1991, los habitantes de los países bálticos, los polacos, checos, eslovacos, alemanes orientales y rumanos se mudaron a lo que él llamó la «casa común europea». Hasta ahora, sus propios compatriotas rusos son los únicos que no se han decidido a hacerlo. Rusia es una nación retrasada. Peor aún, el actual jefe del Kremlin, Vladímir Putin, también quiere impedir que ucranianos y bielorrusos tomen el camino de la libertad y la democracia.

Lo que quiere Putin es volver al patetismo, a la utopía, a la esclavitud. Como en el comunismo, la gente debe servir al Estado y no al revés. Como en la dictadura roja, cualquier disidencia pública es peligrosa en la Rusia actual, y los medios de comunicación, controlados por el Estado, mienten a la población. Al igual que los miembros del antiguo politburó, Putin delira, porque cree que Moscú está rodeada de enemigos.

Gorbachov abrió los archivos para que los rusos pudieran comprobar por sí mismos cuántos millones habían sido asesinados por Stalin y Lenin sin motivo alguno. Putin está cerrando los archivos, censurando los libros de historia, reintroduciendo el dogma de la infalibilidad del Estado. Fomenta la mentira cuando sirve para educar patrióticamente a las masas.

Gorbachov trajo a casa a los soldados de la guerra perdida en Afganistán. Hoy Putin los envía a una llamada «operación especial» en Ucrania, para luchar allí contra un fascismo inexistente. El sucesor de Gorbachov en el Kremlin es un dinosaurio político, con ideas del siglo XIX. Alguien que lucha por las «zonas de influencia» en el mundo, porque no es capaz de modernizar la economía y la infraestructura de su país. Putin no entiende que, en la actualidad, un joven ruso, ante la posibilidad de elegir entre la grandeza nacional (a saber qué significa eso) y el iPhone más moderno, elegiría lo segundo. Los cientos de miles de profesionales bien formados que han abandonado Rusia desde el comienzo de la guerra en Ucrania son testimonio de ello.

Está claro que Gorbachov era un funcionario del partido y no sabía mucho de economía. Ni siquiera la supuestamente progresista economía planificada de la RDA pudo reformarse, como fue más que evidente tras 1990.

Cualquier jefe del Kremlin que quisiera reformar la economía planificada de Moscú en el menor tiempo posible estaba seguramente condenado a fracasar. Los supuestos éxitos económicos de Putin de hace 20 años se debieron, sobre todo, a los altos precios de las materias primas. ¿O hay algún producto, que Rusia haya desarrollado y fabrique, que tenga demanda en algún lugar del mundo, aparte de las armas?

Gorbachov se ha asegurado su sitio en los libros de historia. Ningún otro político cambió el mundo para mejor como él en la segunda mitad del siglo XX. Millones de personas en todo el mundo comenzaron a aprender ruso gracias a él, a este nuevo político con calidad humana.

Putin, por el contrario, ha convertido al idioma ruso en la lengua de los inhumanos y los parias. Incluso muchos ucranianos la evitan. Los gerentes culturales de Occidente tienen ahora que justificarse si quieren presentar un ballet de Chaikovski u organizar una lectura sobre Dostoyevski. Así que optan por no hacerlo.

El profesor Nikolaus Katzer, emérito de Historia de Europa del Este en la Universidad Helmut Schmidt, de Hamburgo, aporta una mirada académica sobre el líder fallecido.

«Se podría describir como un héroe trágico. Si se leen sus escritos de los años de la perestroika, uno se da cuenta de que se había ilusionado con la idea de que el socialismo podía cambiarse con los medios inherentes al sistema. En ese contexto, esa tarea era gigantesca y no podía abordarla. Sin embargo, parte del logro histórico es, sin duda, que cambió el mundo para siempre. Esto en verdad fue un logro personal, se debió a su personalidad. Impulsó una nueva forma de tratar con la propia historia, así como, en parte, un nuevo lenguaje para ese tratamiento, para esa comunicación en el presente. Entonces, se puede decir que con Gorbachov comenzó una nueva época en la historia de Rusia. Tenemos que decirlo así, porque no se produjo una continuación de la historia soviética.

Sin duda, se vio muy influenciado por los años de deshielo cultural en la década de 1950 y luego, desde que era estudiante, por las experiencias personales en los diversos cargos que ocupó en la jerarquía soviética. La imposibilidad de implementar reformas sostenibles, definitivamente lo impulsó a aprovechar la oportunidad que se le presentó a mediados de la década de 1980 y, como ahora sabemos en retrospectiva, a realizar lo imposible: reconducir a un país enorme con un sistema económico congelado.

Glásnost y perestroika, apertura y reestructuración, dos términos que describen la dirección en la que Gorbachov pensaba llevar a cabo sus reformas. ¿Cómo reaccionó el mundo cultural ante este cambio?

Gorbachov era muy consciente de que la cultura ─la literatura, el teatro, el arte─ podía ser un factor importante en la transformación de la sociedad. Ahí también se acordó de los años del deshielo, cuando se usó la cultura para preparar la desestalinización. Y los conectó con la perestroika. Pero la escena cultural cambió y se dinamizó con rapidez, se escapó del control del partido y, por lo tanto, se convirtió en una fuerza dinámica independiente durante los años de la perestroika. Su desarrollo a lo largo de los años estuvo ajeno a la responsabilidad de Gorbachov. Pero los cambios que sucedieron durante la perestroika, también cambiaron la escena literaria, teatral y artística a largo plazo, de modo que hoy estamos ante unas estructuras completamente diferentes.

La mayoría de los artistas de la Unión Soviética llevaban una vida relativamente privilegiada. Aunque no se les permitía exhibir sus obras públicamente, pero sí de manera clandestina. ¿Dio la glásnost a los inconformistas una nueva libertad, pero al mismo tiempo les robó su antigua independencia?

Por supuesto, la perestroika inicialmente ofreció un alto grado de libertad de movimiento, lo que benefició a artistas, escritores y poetas. Pero en relación con los movimientos contraculturales que existían desde los años 70, a la literatura inconformista, esta fue una muy corta primavera.

Después de 1991, todos estos grupos, movimientos y tendencias del sector cultural tuvieron que afrontar el fuerte proceso de comercialización. Y, como resultado, el precio para estas partes de la cultura soviética fue muy alto. Estos movimientos siempre lucharon por la libertad artística. Y al final surgió una forma de libertad que quizás no se conrrespondía con sus expectativas.

Profesor Katzer, ¿cree que hay una visión común germano-rusa de los años de Gorbachov?

Eso es difícil de responder. Yo diría que hay una gran brecha. La percepción en Alemania siempre ha sido muy positiva. Cuando Mijaíl Gorbachov estaba en el cargo, en 1989, yo era asistente en la universidad de Bonn y lo vi a él y a su esposa en esa ciudad.

Las calles estaban abarrotadas y los jóvenes entusiasmados. Apareció en las escaleras del ayuntamiento. Ni en la Unión Soviética ni luego en Rusia hubo tanto entusiasmo (hacia su persona). La euforia que prevaleció al principio, cuando se introdujeron las primeras medidas de relajación, después de 1987, desapareció muy rápidamente, porque los problemas económicos, de abastecimiento de la población y el desempleo aumentaron tan rápidamente que la gente luchaba sobre todo por asegurarse el sustento. Así que los elevados objetivos de la perestroika se hundieron en este pantano de la vida cotidiana.

Nikolaus Katzer nació en 1952, es profesor emérito de Historia de Europa del Este en la Universidad Helmut Schmidt, de Hamburgo. Hasta 2018, dirigió el Instituto Histórico Alemán en Moscú.

Otro artículo de interés: Gorbachov sin pena ni gloria en Rusia

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s