Liberación o dependencia de China

INTERNACIONAL

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Foto: Dmitry Eliuseev

Lectura: 4 minutos

El puerto de Hamburgo es considerado el ingreso del mundo a Alemania y sobre todo una puerta para China.

El gigante asiático es el principal cliente de este puerto, que tan solo en los primeros seis meses de 2022 recibió más de 1,3 millones de contenedores procedentes de China.

Ahora, la compañía naviera china COSCO, la mayor del mundo, pretende participar con un 35 por ciento del capital en la terminal de contenedores Tollerort.

La compañía alemana de transporte y logística Hamburger Hafen und Logistik AG (HHLA, por sus siglas en alemán) apoya la iniciativa.

No obstante, según la agencia Reuters, el gobierno de Berlín tiene dudas respecto a una inversión de COSCO y aún no ha dado luz verde a la participación.

Con la invasión de Rusia a Ucrania, quedó en evidencia que la dependencia del gas ruso es un punto débil de Alemania.

Por ende, Berlín ahora está reevaluando su relación con China: ¿cómo tratar a una autocracia, que desde hace años es el principal socio comercial de Alemania? ¿Cómo tratar a un país al que la Unión Europea califica como socio, competidor y rival estratégico a la vez?

Ya a finales de mayo, el ministro alemán de Economía, Robert Habeck, negó a la empresa Volkswagen garantías para sus inversiones en China. Esto fue un shock para las empresas germanas, que durante décadas recibieron garantías estatales para sus negocios de inversión y exportación.

Tim Rühling, del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGAP, por sus siglas en alemán), cree que el gobierno germano ya no quiere seguir incentivando los negocios de empresas alemanas en China, por lo que, en un futuro próximo, las empresas que deseen invertir en el gigante asiático ya no contarán con apoyos o garantías estatales.

Por ahora la mayoría de las empresas sigue comerciando con China: de acuerdo con un estudio del Instituto Alemán de Economía (IW, por sus siglas en alemán), en el primer semestre de 2022, la economía germana invirtió cerca de diez mil millones de euros en China, una cantidad récord.

Jörg Wuttke, presidente de la Cámara de Comercio Chino-Europea, confirma en entrevista con DW un estudio del Grupo Rhodium, de septiembre, según el cual unas diez grandes empresas europeas son responsables del 80 por ciento de las inversiones europeas en el país asiático.

En opinión de Wuttke, el resto de las compañías europeas con presencia en China están pensando en diversificarse e invertir, además, en otros países.

Si bien el experto también confirma la dependencia alemana de las importaciones de tierras raras, productos semielaborados para la industria farmacéutica y para instalaciones fotovoltaicas, no concuerda con comparar la importación de gas procedente de Rusia con las importaciones de juguetes, muebles, ropa, zapatos y equipamiento deportivo de China.

Según Wuttke, el 90 por ciento de estos productos se puede replicar fácilmente en otro país.

Por su parte, el experto del IW Jürgen Matthes explica que alrededor de un tres por ciento de los puestos de trabajo en Alemania dependen de las exportaciones a China.

«Estamos hablando de más de un millón de empleos. Si bien es un número significativo, hay que verlo en relación con los más de 45 millones de empleados en el país», dice a DW.

Para Matthes, a nivel macroeconómico, la dependencia de China como mercado de exportación es relevante, pero no tan grande como se suele afirmar en los medios de comunicación.

Otro artículo de interés: Alemania expropia filial del gigante ruso Gazprom

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