Recuperar la Nación, analiza Hugo Flombaum

OPINIÓN

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Foto: Beatrice Murch

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 6 minutos

Mucho se puede escribir y opinar sobre la decadencia de Argentina. Sin duda será un caso para el estudio en muchas y prestigiosas universidades del mundo.

Argentina no perdió sus ventajas comparativas, al contrario, se fortalecieron. Argentina no pasó por una guerra con otra nación ni una guerra civil.

Sufrimos dictaduras militares, foquismo guerrillero, procesos inflacionarios, como nuestros vecinos, pero a diferencia de todos ellos Argentina no acabó con la inflación, la agravó.

Las dos fuerzas políticas que dominaron la política durante gran parte del siglo pasado, están en crisis.

Quiero concentrarme en el análisis de esta hipótesis para acercar una idea para el debate y para la propuesta.

El proceso menemista puso en crisis al peronismo. Las reformas que propuso y realizó no tuvieron encarnación en el ideario del peronismo. Al punto tal que gran parte de los funcionarios más importantes, no formaban parte de sus filas. Y los que si lo eran no formaban parte de las estructuras representativas de los territorios.

Fue el fuerte liderazgo y consenso que Carlos Menem tuvo el que llevó al partido a apoyarlo.

Figuras centrales del antiperonismo se pusieron al frente de la defensa del gobierno peronista.

El proceso menemista fue funcional a lo que el país necesitaba, no muy diferente a los que se desarrollaban en otros lugares del mundo.

El radicalismo después de la salida apresurada del presidente Alfonsín, no pudo reconstruir una conducción que lo pusiera en carrera en la lucha por el poder.

En las elecciones de 1999 recurre a una coalición electoral con sectores de izquierda que se expresaban más en los medios de comunicación que en los territorios.

El radicalismo territorial, que expresaban gobernadores y cientos de intendentes fue el gran ausente.

Esa coalición duró un año y diez meses, el gobierno radical cayó abandonado por el partido radical.

Llegamos al 2001 sin que los dos partidos nacionales que contenía y contiene la pertenencia política de millones de argentinos tuviesen una orgánica que pudiera conformar un gobierno que los represente.

Debemos considerar que el poder económico, representado en el viejo partido conservador, abandonó la política y la sustituyo por el apoyo económico, el lobby, y la corrupción.

El poder político quedó supeditado al manejo de las cajas estatales que, en complicidad con empresarios prebendarios, abandonó los deberes con el pueblo.

Perdimos el necesario tejido social que permite el control de los gobiernos. Algunas provincias y municipios conservaron este pilar y pudieron resguardar los valores que sustentaron un precario desarrollo.

El sector agropecuario construyó un tejido con organizaciones como CREA, APRESID, las cooperativas agrarias y las sociedades rurales regionales, que todos pudimos apreciar en su magnitud en el conflicto de 2008.

Los partidos políticos, por antonomasia, no son instituciones superestructurales, son organizaciones territoriales que a través de acciones vecinales construyen su representación.

No son discursos ni reportajes en los medios los que le deben dar su poder, son acciones en beneficio de sus pueblos.

Así se desarrollaron las juntas vecinales ligadas al radicalismo, las cooperativas a los socialistas y los sindicatos y unidades básicas al peronismo. Sintetizando, abusando de un reduccionismo apresurado.

Desde 2003 en adelante, los poderes representativos perdieron toda vigencia, eran sólo colocadores de fondos estatales. Dejaron de existir las obras públicas impulsadas y pagadas por el ahorro vecinal.

Los jóvenes de hoy no podrían creer que gran parte de los asfaltos, luminarias y redes de servicios públicos se hicieron impulsadas por el régimen de contribución vecinal.

Los gobernantes de hoy se convirtieron en hacederos y pagadores de obras, que todos sabemos, pagan con el dinero público. Con una gran diferencia que al no pagarlos los usuarios los precios solo los conocen los gobernantes y las empresas prebendarias.

Hoy la política es mala palabra, pero la que debe ser juzgada es esa política que desde los años 90 suplió a los representantes por arribistas. A los dirigentes por contratistas, A los funcionaros por militantes pagos.

No hay nación sin instituciones y no hay instituciones sin política.

Pero en nuestro país la política fue directamente disuelta por una banda de operadores sin otra representación que no sea la de aparecer en las pantallas de televisión o en las radios con la prepotencia del dinero que obtuvieron en mala forma en sus funciones estatales.

Las listas de candidatos poco más que se licitan. Todo se compra y se vende. Nadie sabe cómo se construyen las listas de candidatos.

Hoy según los medios de comunicación, los sectores dominantes de la política son el PRO y el kirchnerismo, pero ninguno de esos sectores tiene otra relación con el pueblo que no sea ser canales de reparto de recursos estatales.

No tienen ninguna organización territorial para mejorar con el recurso de la gente la vida de la gente, como debe ser. Sólo piensan en cómo traer recursos nacionales o provinciales para pavonearse delante de los electores como si la plata fuera de ellos.

Esta y no otra es la razón de nuestra decadencia.

Recuperar la Nación implica recuperar la política.

Hoy la gran mayoría de las intendencias está en manos de representantes de los mismos partidos del siglo pasado. Si pudiéramos basar la recuperación de la política en esos dirigentes podremos ver luz al final del túnel.

Recuperar la política no es tarea de los influyentes del AMBA, es tarea de cada intendente, de cada concejal de cada representante de entidades vecinales, debemos recuperar nuestro espacio en la política.

La corrupción mata, la corrupción destruye a la sociedad, a su ética, a su solidaridad.

Tenemos un deber, romper con los negociantes de la política y recuperar la representación social como valor determinante para detentar el poder.

Como nunca ARGENTINOS A LAS COSAS.

Otro artículo escrito por Hugo Flombaum: Juego de Tronos

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